El relato, hecho en una intervención pública, contrasta con la imagen de dominio que Topuria proyecta hoy sobre el octágono. El luchador ha situado el origen de aquella etapa en el colegio, donde los recreos se convirtieron, según su testimonio, en los momentos de mayor tensión del día.
«Nos acosaban en la escuela. Había constantes enfrentamientos con los chicos y muchas veces tenías que defenderte», ha explicado, matizando a continuación que su carácter no era el de alguien que buscara el conflicto: «Siempre fui un niño al que no le gustaban las confrontaciones en la calle». Algunos alumnos de mayor edad, ha añadido, intentaban quitarle dinero o prendas de ropa durante los recreos, un patrón de intimidación que le generaba una sensación de aislamiento.
«Me sentía solo, sentía mucho miedo», reconoció en una intervención anterior sobre el acoso escolar. Topuria ha insistido en que el componente más difícil de gestionar para un niño no es únicamente la agresión puntual, sino la incertidumbre que la precede y la acompaña.
«Cuando eres pequeño, no sabes qué está bien, qué está mal, cómo defenderte o a quién acudir», ha explicado Ilia Topuria, campeón de peso pluma de la UFC.
Esa sensación, ha admitido, llegó a hacerle sentir inferior, en un contraste directo con la figura que construyó después como uno de los competidores más dominantes de las artes marciales mixtas.
En su relato, Topuria ha situado a su hermano Aleksandre como la pieza clave para empezar a afrontar la situación. Ambos compartieron aquella etapa en el mismo entorno escolar, y fue él quien, según el campeón, le ayudó a encontrar una salida cuando el problema se le escapaba de las manos.
Durante un discurso contra el acoso escolar pronunciado ante estudiantes de un instituto madrileño, Topuria recordó el momento en que decidió romper el silencio: «Hasta que encontré el valor de contárselo a mi hermano, quien me ayudó a enfrentar la situación». El deportista ha subrayado que ese paso, el de hablarlo con alguien de confianza, fue determinante para dejar atrás el aislamiento que sentía en el colegio.
Topuria no presenta el deporte como la solución al problema que vivió, sino como uno de los caminos que encontró después para construir su carácter. Durante su intervención ante estudiantes insistió en que «los miedos hay que enfrentarlos» y en que, ante una situación difícil, «lo importante es no callarse». La figura pública del luchador se ha hecho habitual en la actualidad española, desde la vertiente deportiva hasta otros episodios recientes como la investigación abierta por el Ejército de Tierra a legionarios que corearon a Vito Quiles en un autobús.
Mucho antes de convertirse en campeón mundial de la UFC y de construir una imagen de luchador prácticamente imbatible, afirma, fue ese niño que tenía miedo de lo que podía ocurrir en el colegio, una etapa que ahora recuerda abiertamente como parte de su historia.