La gallega, nacida en Ribeira en 1995, ha construido ese patrimonio al margen de los circuitos financieros habituales entre deportistas de élite. Según relató a Pablo Motos, la decisión de abrir negocios propios responde a una filosofía personal más que a un cálculo de rentabilidad convencional: prefiere activos que a largo plazo le den independencia frente a terceros antes que colocaciones pasivas de capital.
Su proyecto más visible es Area Café, un establecimiento de specialty coffee abierto en su localidad natal tras un proceso de reforma que ella misma calificó de exigente. «Fue una conversión enorme porque estaba en bruto total. Pero eso también nos daba pie a poder jugar y hacer las estructuras que pudimos hacer y darle este poquito personal», contó a La Voz de Galicia sobre el local, centrado en café de tueste natural y té matcha, con repostería artesanal y tostadas de masa madre.
La atleta reconoció que su trayectoria le ha dado una ventaja poco habitual en el atletismo español: no tuvo que compaginar la competición con un segundo empleo mientras construía su carrera. «He tenido la grandísima suerte de que desde los 16 años vivo del atletismo. Entonces, claro, nunca tuve la necesidad de tener un segundo trabajo, que no es muy habitual en deportes como el atletismo, que mucha gente, hasta que explota, tiene que compaginarlo con otros trabajos», explicó a La Voz de Galicia.
Esa estabilidad temprana, ligada a sus éxitos desde que se proclamó campeona del mundo sub-20 en Barcelona con 16 años y un salto de 14,17 metros, le ha permitido asumir riesgos empresariales que define como personales antes que estratégicos. En El Hormiguero admitió que su entorno no siempre respaldó sus decisiones de inversión.
«Siempre me he atrevido a tomar decisiones complicadas, me tiro al barranco. Casi siempre me ha salido bien y creo que esta vez también. Personas que están en mi día a día me dijeron que si estaba segura porque ellos quieren verme en lo más alto», reconoció Ana Peleteiro a Pablo Motos.
El desembarco empresarial en Ribeira coincide con un giro vital y deportivo. En 2024 decidió abandonar el grupo de entrenamiento del cubano Iván Pedroso en Guadalajara, donde había recuperado su mejor nivel junto a referentes como la venezolana Yulimar Rojas, para regresar a Galicia y conciliar la maternidad de sus dos hijos, Lúa y León, con la alta competición. Su pareja, el atleta francés Benjamin Compaoré, campeón de Europa de triple salto, asumió entonces el papel de entrenador, preparando sus citas internacionales desde Ribeira y Pontevedra.
Ese mismo año, ya instalada de nuevo en su tierra, Peleteiro volvió a coronarse campeona de Europa en Roma y sumó el bronce en el Mundial Bajo Techo de Glasgow. Antes, el punto más alto de su carrera había llegado en los Juegos de Tokio 2020, disputados en 2021, donde ganó el bronce olímpico tras batir el récord de España con una marca de 14,87 metros. La combinación de competición de élite y negocios locales se ha convertido en un rasgo de su proyección pública, que comparte en redes sociales junto a mensajes sobre maternidad, salud mental y diversidad en el deporte, una faceta que la emparenta con otras figuras gallegas con presencia en el debate público de la comunidad.