El cambio afectará también a las Islas Canarias, donde el retraso se producirá una hora antes que en la Península: de las 02:00 a la 01:00 horas. La norma comunitaria fija un calendario rígido, el último domingo de octubre para el horario de invierno y el último domingo de marzo para el de verano, de modo que el siguiente adelanto de los relojes está previsto para el 27 de marzo de 2027.
Con la entrada del horario de invierno, el patrón de luz solar se invierte respecto al verano: amanece antes, pero también anochece antes. En Madrid, el sol saldrá sobre las 7:40 horas y se pondrá hacia las 18:15. En Vigo, el amanecer se retrasará hasta las 08:00 horas, mientras que el ocaso llegará sobre las 18:35, con algunos minutos más de luz vespertina que en el resto del territorio. En Mahón, en el extremo oriental, el sol saldrá en torno a las 7:30 horas y se pondrá cerca de las 17:45.
Esa asimetría geográfica se explica por la posición de cada ciudad dentro del huso horario español: en el oeste peninsular, como La Coruña, el sol sale más tarde que en el este, caso de Palma. Durante octubre, España pierde una media de tres minutos de luz diarios, una reducción que se mantiene hasta el solsticio de invierno, previsto para el 21 de diciembre, cuando se registrará el día más corto del año.
Nueve horas y 15 minutos de luz en diciembre
Ese 21 de diciembre, en Madrid el sol saldrá a las 08:35 horas y se pondrá a las 17:50, con apenas 9 horas y 15 minutos de luz solar. A partir de entonces la tendencia se invierte: en febrero se recuperan unos dos minutos de luz al día y en marzo hasta tres, coincidiendo con el próximo cambio de hora.
El debate sobre la pertinencia de mantener este doble ajuste anual no es nuevo, pero el Gobierno español lo reavivó en 2025 con una petición dirigida a la Unión Europea para eliminar el cambio de hora a partir de 2026.
«Cambiar la hora dos veces al año ya no tiene sentido. Apenas ayuda a ahorrar energía y tiene un impacto negativo en la salud y en la vida de la gente», afirmó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El Parlamento Europeo ya votó en 2019 a favor de poner fin a los cambios bianuales, pero la propuesta quedó bloqueada por la falta de acuerdo entre los Veintisiete sobre qué horario fijo adoptar en cada país. Mientras ese consenso no llegue, la Directiva 2000/84/CE, aprobada el 19 de enero de 2001, sigue plenamente vigente y obliga a todos los Estados miembros a aplicar el cambio: la norma establece que el horario de verano finaliza a la 1:00 horas, tiempo universal, del último domingo de octubre.
El resultado es que España volvió a adelantar el reloj en marzo de 2026 y, según ese calendario, deberá retrasarlo de nuevo el 25 de octubre, sin que la petición del Ejecutivo haya tenido por ahora recorrido normativo en Bruselas.
El 68,5% prefiere el horario de verano
La controversia sobre qué horario conviene mantener de forma permanente divide a la opinión pública y a la comunidad científica. Según datos del CIS de 2023, el último año en que el organismo preguntó por esta cuestión, un 68,5% de los ciudadanos españoles se decantaba por el horario de verano frente al de invierno. Esa preferencia se repite en otros sondeos: una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) de 2024 situó en el 70% el porcentaje de consumidores que prefería mantener el horario estival de forma indefinida.
El principal argumento a favor del horario de verano es aprovechar mejor la luz natural, con más horas de sol en las tardes, el periodo que buena parte de la población dedica al ocio y a las actividades al aire libre. Es el motivo por el que muchas personas lo consideran la opción más favorable, como reflejan tanto el sondeo del CIS como el de la OCU.
Frente a esa preferencia mayoritaria, parte de la investigación científica alerta sobre los efectos del horario de verano en los ritmos biológicos. El estudio «Timing of light exposure affects mood and brain circuits» señala que la luz natural regula el estado de ánimo a través del sistema circadiano, y que no solo importa la cantidad de luz recibida, sino el momento del día en que se produce la exposición. Según esa investigación, el horario de verano puede generar un desajuste con los ritmos biológicos de la población: aunque los relojes se adelantan una hora, las rutinas diarias apenas cambian, de modo que buena parte de los ciudadanos sigue levantándose a la misma hora de siempre, pero con menos luz natural disponible por la mañana.
El debate horario se inscribe en un patrón recurrente de la Unión, el de decisiones técnicas que tropiezan con intereses nacionales divergentes, como ocurre con la evaluación que la Comisión realiza sobre el uso de la red 5G y 6G como radar de vigilancia con tecnología de Huawei. En el caso del reloj, el bloqueo arrastra siete años sin que ningún horario permanente reúna mayoría.
Mientras tanto, el calendario del cambio de hora sigue marcado por la directiva de 2001, sin que la petición trasladada por España en 2025 haya derivado en una reforma del marco europeo. El próximo ajuste, el que adelantará de nuevo los relojes, está previsto para el 27 de marzo de 2027.

