La conmemoración no figura en un calendario oficial de efemérides ni cuenta con actividades gubernamentales centralizadas, y ha ganado tracción en años recientes a través de bibliotecas comunitarias, librerías independientes y colegios que organizan lecturas colectivas, círculos de intercambio de libros y visitas de autores. Su celebración queda librada a la iniciativa de escuelas, bibliotecas y colectivos culturales.
Detrás de la efeméride late un cuerpo de evidencia científica que documenta beneficios concretos de la lectura sobre la salud física y mental. Uno de los hallazgos más citados proviene del laboratorio Mindlab International, de la Universidad de Sussex, que en 2009 determinó que apenas seis minutos de lectura silenciosa reducen los niveles de estrés en un 68%, una cifra superior a la de otras técnicas habituales de relajación como escuchar música (61%), tomar una infusión (54%) o caminar (42%).
El responsable de aquel experimento, el doctor David Lewis, explicó entonces que el contenido específico del libro importa menos que la capacidad de la historia para absorber la atención del lector. "Realmente no importa qué libro leas, al perderte en uno completamente absorbente puedes escapar de las preocupaciones y el estrés del mundo cotidiano y pasar un tiempo explorando el dominio de la imaginación del autor", señaló Lewis.
De la relajación a la esperanza de vida
Más allá del alivio inmediato de la ansiedad, la lectura habitual también se ha vinculado con una mayor esperanza de vida. Un estudio longitudinal publicado en la revista académica Social Science & Medicine, elaborado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale y liderado por la epidemióloga Becca R. Levy, dio seguimiento durante 12 años a 3,635 personas mayores de 50 años, según el análisis recogido en PubMed, el repositorio nacional de salud de Estados Unidos.
Los resultados de aquel trabajo mostraron que quienes leen libros de forma regular presentan un 20% menos de riesgo de mortalidad frente a quienes no lo hacen, lo que equivaldría a una ganancia media de casi dos años de vida —23 meses según el cálculo de los propios investigadores—. "Las personas que afirman leer libros tan solo media hora al día mostraron una ventaja de supervivencia significativa con respecto a quienes no leen", declaró Levy al diario The Guardian.
A esa dimensión biológica se suma un componente social documentado por la ciencia cognitiva. Un trabajo publicado en la revista Science por los psicólogos David Comer Kidd y Emanuele Castano, de la New School for Social Research de Nueva York, encontró que la ficción literaria estimula de manera directa la llamada Teoría de la Mente, la capacidad psicológica de inferir los pensamientos, emociones y creencias de otras personas.
La frase que suele acompañar estas jornadas —"un lector vive mil vidas antes de morir; aquel que nunca lee vive solo una"— pertenece al escritor George R. R. Martin, autor de la saga Canción de hielo y fuego. Más allá de la evocación literaria, la idea remite a un debate de fondo sobre el lugar del hábito lector en una economía de la atención saturada de estímulos digitales.
Un hábito bajo presión en Panamá
En el ámbito educativo, especialistas en pedagogía han advertido en distintos foros sobre el peso de la comprensión lectora como indicador de aprendizaje, una destreza que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos evalúa periódicamente a través del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, conocido por sus siglas en inglés PISA. El acceso a material de lectura tiende a ser más limitado fuera de la capital, en corregimientos del interior del país.
Frente a ese panorama, iniciativas como las bibliotecas móviles, los clubes de lectura auspiciados por gestores culturales independientes y los programas de donación de libros usados han buscado, con recursos limitados, sostener el hábito lector entre niños y jóvenes, especialmente en áreas donde el acceso a librerías físicas es escaso.
El auge de los libros electrónicos y los audiolibros ha reconfigurado, además, la manera en que se practica la lectura sin necesariamente reducir su volumen total. Las plataformas digitales han permitido a lectores panameños acceder a catálogos que antes dependían de la importación física de ejemplares, un obstáculo histórico para el mercado editorial local dado el tamaño reducido del país y los costos de distribución.
El Día de Leer un Libro no conlleva, a diferencia del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor que se celebra cada 23 de abril bajo auspicio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, un marco institucional formal ni actividades obligatorias en el sistema educativo. Esa efeméride de abril, respaldada por la Unesco desde 1995, contrasta con el carácter espontáneo de la jornada de septiembre.
Para las próximas semanas, distintas librerías y espacios culturales de la capital y del interior del país suelen organizar actividades puntuales asociadas a la fecha, aunque sin un calendario centralizado ni cifras oficiales de participación disponibles hasta el momento.