La iniciativa partió de Gemma Cripps, una de las responsables de la explotación, tras participar en un curso de agricultura regenerativa. En Gabyon ya se buscaban métodos para recuperar zonas de pasto degradadas y decidieron sumar las gallinas al proyecto, sin pretender que un centenar y medio de aves transformara una propiedad de semejante extensión, sino observar el efecto en pequeñas parcelas sometidas a su actividad. La superficie recorrida es diminuta frente al tamaño total de la finca.
El dispositivo instalado, documentado ya en 2024, es un gallinero móvil automatizado con capacidad para unas 130 aves. Las gallinas salen por la mañana a una zona acotada mediante una cerca eléctrica y regresan al anochecer, siguiendo el rastro del ganado por los sectores más deteriorados del terreno. Esa movilidad permite rotar la presión de las aves sobre distintas parcelas y evitar que el suelo quede sobreexplotado en un único punto.
El mecanismo detrás de la mejora observada, según explica Cripps, tiene que ver con el comportamiento natural de las gallinas al buscar alimento: remueven la capa superficial del suelo con las patas y el pico, lo que facilita la infiltración del agua de lluvia, mientras sus excrementos aportan materia orgánica que actúa como fertilizante. Se trata de observaciones de campo acumuladas durante dos años por las responsables de Gabyon, no de resultados de un ensayo científico controlado con parcelas testigo.
Flores rosas donde antes había amarillas
Uno de los cambios que más ha llamado la atención se produjo en la cubierta floral. En áreas donde antes predominaban flores silvestres amarillas y blancas, comenzaron a aparecer ejemplares rosas tras el paso de las gallinas. Cripps apunta a una posible alteración del pH del suelo provocada por el estiércol, aunque reconoce que no existe todavía una relación causal demostrada entre ambos fenómenos y que se trata, por ahora, de una hipótesis.
El efecto se trasladó también a la producción de huevos. Tras las lluvias de invierno, las gallinas dispusieron de más alimento verde en el terreno, lo que se tradujo en yemas de un naranja más intenso. Esos huevos se comercializan en Geraldton, la ciudad costera más próxima a la explotación, a unos 200 kilómetros de Gabyon Station.
La agricultura regenerativa, la corriente en la que se inscribe el experimento, plantea que el manejo rotativo de animales sobre el pasto puede restaurar suelos degradados de forma más rápida que dejarlos en barbecho. La práctica ha ganado terreno en explotaciones ganaderas de Australia, Estados Unidos y el Reino Unido durante la última década, aunque sigue sin existir consenso científico amplio sobre su alcance real a gran escala.
El proyecto no ha estado exento de contratiempos. A comienzos de este año, un dingo entró en la zona donde se encontraba el grupo de aves y mató alrededor de 80 gallinas en una sola mañana, un golpe que redujo de forma considerable el número de animales disponibles y afectó a la producción de huevos. Tras el ataque, la granja reforzó la protección con una cerca eléctrica portátil de mayor tamaño, que además permite desplazar a las gallinas con más frecuencia entre distintos puntos del pasto.
Gripe aviar H5 detectada en junio
A ese riesgo se sumó en junio la detección de gripe aviar H5 altamente patógena en aves marinas de Australia Occidental. Gabyon se encuentra a unos 200 kilómetros de la costa, en una zona aislada y sin fuente de agua permanente, pero sus responsables temen las consecuencias que tendría una eventual obligación sanitaria de mantener a las gallinas encerradas, una medida que anularía el elemento central del experimento: la libertad de movimiento de las aves sobre el terreno.
La combinación de depredadores nativos y riesgo sanitario ilustra las tensiones de compatibilizar ganadería extensiva y bienestar animal en un continente donde la fauna salvaje y las explotaciones agrícolas comparten un territorio escasamente poblado. Australia Occidental, con una densidad demográfica mínima fuera de Perth, concentra buena parte de las grandes propiedades ganaderas del país, muchas de ellas con superficies que superan las 200.000 hectáreas.
El debate migratorio y agrícola marca hoy buena parte de la política del hemisferio norte, como muestra que la socialdemócrata sueca Magdalena Andersson lidere las encuestas con una política migratoria restrictiva; en las antípodas, el pulso es con la propia naturaleza. Las gallinas apenas han recorrido una fracción mínima de las 271.000 hectáreas disponibles, y Cripps contempla ampliar el grupo si la demanda de huevos permite asumir los costes adicionales.
Las responsables también trabajan en criar sus propias gallinas para controlar mejor su procedencia sanitaria y genética. Pese a los contratiempos, su intención declarada es continuar con el proyecto y comprobar hasta dónde puede llegar el efecto de las aves sobre las parcelas degradadas de la propiedad.
Lo que comenzó como una prueba con 150 aves ponedoras ha dejado, según sus responsables, cambios visibles en determinadas parcelas de la propiedad tras dos años de seguimiento. Sin ensayos controlados que lo respalden de forma independiente, la experiencia se mantiene por ahora como una observación de campo que Gabyon Station quiere seguir ampliando.

