El informe incorpora un tercer dato que los autores consideran clave para entender el fenómeno desde su origen: uno de cada cinco encuestados asegura haber sentido algún grado de atracción sexual hacia menores de 16 años desde que cumplió la mayoría de edad. Sus autores subrayan que se trata del primer estudio de estas características realizado en España, un país donde hasta ahora la investigación sobre quienes cometen abuso sexual infantil ha sido prácticamente inexistente.
El trabajo parte de una perspectiva de prevención y se distancia de los estudios centrados exclusivamente en las víctimas, según explicó Pablo Romero-Seseña, autor del informe.
«Poner el foco del abuso sexual infantil únicamente en los menores no funciona», afirmó Pablo Romero-Seseña, autor del informe.
El investigador insistió en que comprender los factores de riesgo que conducen a algunas personas a desarrollar atracción o a cometer abusos contra menores es un paso imprescindible para diseñar políticas de prevención que no dependan únicamente de la protección reactiva de los menores.
«Si no llegamos a comprender cuáles son los factores de riesgo, esos caminos que recorren las personas que sienten atracción, difícilmente vamos a ser capaces de implementar medidas de prevención efectivas», apuntó Romero-Seseña.
Los autores describen el abuso sexual infantil como un problema estructural, sin un patrón único identificable, lo que dificulta tanto su detección temprana como el diseño de campañas dirigidas a la población general. Esa perspectiva contrasta con el abordaje tradicional en el ordenamiento español, centrado en la protección del menor y en la respuesta penal una vez cometido el delito. La reforma del Código Penal de 2015 elevó de 13 a 16 años la edad de consentimiento sexual, uno de los cambios legislativos de mayor calado en esta materia en la democracia española.
El estudio se suma a una línea de investigación que en los últimos años ha ganado atención internacional: en septiembre, Unicef e Interpol documentaron que uno de cada cinco menores sufre abuso o explotación sexual online en 21 países. Su publicación coincide con un periodo de mayor visibilidad sobre cómo abordar este tipo de violencia sin perpetuar lo que diversos especialistas han denominado la cultura del silencio.
Romero-Seseña y su equipo enmarcan los resultados en un trabajo que pretenden ampliar, con el objetivo declarado de trasladar sus conclusiones al diseño de programas de prevención dirigidos a adultos con factores de riesgo, antes de que el abuso llegue a producirse.