El diseño experimental expuso a los participantes a 36 imágenes que combinaban figuras humanas y animales —perros y gatos, animales de granja, vacas y cerdos—, algunas con heridas visibles y otras sin señales de daño físico. Tras cada visualización, se pedía a los voluntarios que estimaran el nivel de dolor percibido en la imagen y que indicaran qué proporción de su tiempo libre semanal estarían dispuestos a ceder para contribuir a la recuperación del sujeto mostrado.
Los resultados, según el planteamiento del estudio, mostraron una tendencia: ante heridas visibles, la disposición a ayudar aumentaba de forma más marcada cuando el sujeto dañado era un perro o un gato que cuando se trataba de una persona ajena al círculo cercano del participante. Los investigadores atribuyen el patrón a la combinación de familiaridad, vínculo emocional y percepción de indefensión que los animales domésticos suelen despertar frente a los desconocidos humanos.
El equipo evaluó un conjunto de variables psicológicas para explicar las diferencias individuales en la respuesta empática: el nivel de empatía general, el altruismo, la preocupación moral, la solidaridad hacia los animales, el especismo, la orientación hacia la dominancia social y las experiencias personales previas relacionadas con el dolor, propio o ajeno.
La investigación sitúa el origen de estas reacciones en los bajos niveles de prejuicio hacia los animales y en las actitudes positivas que muchas personas desarrollan hacia especies con las que conviven, como perros y gatos. Según el estudio, cuanto menor es el prejuicio hacia una especie, mayor tiende a ser la respuesta empática frente a sus señales de sufrimiento.
Los autores advierten de que el patrón detectado no es universal ni automático: la respuesta frente al sufrimiento variaría según la especie observada, la presencia de señales visibles de dolor y rasgos propios de cada individuo, como su historial de experiencias dolorosas o su grado de identificación con el animal observado.
La investigación no establece una indiferencia moral hacia las personas, sino que la intensidad de la respuesta empática dependería de cuán vulnerable y cercano se perciba al sujeto que sufre. Familiaridad y similitud percibida con la especie animal aparecen como los factores que, según el estudio, mejor explican por qué algunas personas priorizan el auxilio a un animal herido frente al de un desconocido humano en circunstancias comparables.
El trabajo se inscribe en la línea de investigación sobre empatía interespecies, un terreno que en España ha coincidido con el aumento de hogares con mascotas y con el debate sobre el bienestar animal. En 2023 entró en vigor la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que regula la tenencia responsable y las obligaciones de los propietarios.
