|
PortadaParlamentoDeportesOpinión
IBEX 35
Última hora
  1. Una nueva denuncia por agresión sexual señala al alcalde de Algeciras, que no dimite
  2. El vicealcalde de Alicante niega conocer el caso VPP: «Ni tengo constancia»
  3. Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses

Los 50 °C se acercan al norte de África mientras España entra bajo el anticiclón de verano

Meteobalkans alerta de calor extremo en el Sáhara y Oriente Medio. La AEMET prevé estabilidad con cielos despejados en la mayor parte de la Península.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
Comentarios

Con el solsticio de verano como umbral astronómico, las regiones desérticas del norte de África y partes de Oriente Medio se aproximan a los 50 °C, según el boletín publicado esta semana por Meteobalkans, servicio de análisis meteorológico de referencia en el sur y el este de Europa.

El solsticio no es el pico: la inercia térmica retrasa los máximos

El solsticio de verano —que en 2025 se produce el 21 de junio— no es en sí mismo un fenómeno meteorológico, sino el instante en que la inclinación axial de la Tierra sitúa el hemisferio norte en su punto de mayor exposición solar del año. A partir de ese momento la duración del día comienza a acortarse, pero la inercia térmica del suelo y los océanos provoca que las temperaturas máximas se registren semanas después, habitualmente entre mediados de julio y agosto. Este desfase, conocido en climatología como retraso estacional, explica que el pico real del calor llegue con posterioridad al solsticio y que las masas de aire sahariano tengan más margen para recalentarse antes de desplazarse hacia latitudes más septentrionales.

Hasta 50 °C en el Sáhara y Oriente Medio: el foco de calor más próximo a Europa

Meteobalkans advierte en su boletín de esta semana que "grandes zonas del norte de África y partes de Oriente Medio ya se acercan a los 50 °C", calificando la región como "uno de los lugares más calurosos del planeta" en este periodo del año. El servicio balcánico señala, no obstante, que la distribución del calor no es homogénea: masas de aire polar han penetrado periódicamente en el norte de África y el Levante mediterráneo durante esta primavera, un fenómeno que la misma fuente describe como "inusualmente frecuente", y que ha limitado temporalmente el desarrollo de la cúpula de calor que históricamente precede a las olas de calor europeas de julio. Este factor de contención ha retrasado, aunque no eliminado, el riesgo de exportación de aire extremadamente cálido hacia el sur de Europa cuando los bloqueos anticiclónicos lo faciliten.

El umbral de 50 °C en superficie no es excepcional para el Sáhara central. La estación de Kebili, en Túnez, anotó 55 °C en julio de 1931, un valor aún sometido a revisión metodológica por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Lo que sí resulta relevante desde el punto de vista europeo es la frecuencia con que esas masas de aire sobrecalentado conectan con la Península Ibérica a través del flujo de componente sur o suroeste, mecanismo responsable de las olas de calor más intensas registradas en España desde mediados del siglo XX.

El monzón retrasado en India y su papel en la circulación hemisférica

Meteobalkans apunta también a la India como segundo foco de estrés térmico global en este arranque de verano. Según el servicio, el retraso significativo del monzón de 2025, combinado con la transferencia de aire caliente y seco procedente de Irán y Pakistán, ha generado condiciones para un rápido incremento de las temperaturas en el subcontinente. La fuente precisa que "la falta de nubes y precipitaciones ha permitido que la energía del sol caliente la superficie de la Tierra aún más intensamente", en un mecanismo que la literatura climatológica denomina amplificación por suelo seco. Aunque la India no es geográficamente próxima a Europa, sus patrones térmicos influyen en la circulación atmosférica de latitudes medias, parámetro que los modelos de predicción estacional del Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio (ECMWF) incorporan en sus proyecciones para el verano europeo.

La AEMET describe estabilidad anticiclónica sin alerta de ola de calor

En el ámbito nacional, la AEMET ha señalado que "la influencia del anticiclón dejará una situación de estabilidad y un predominio de cielos poco nubosos o despejados", con las excepciones ya indicadas en el Cantábrico, los Pirineos, el norte de Canarias y el litoral del Estrecho. Esta configuración sinóptica —anticiclón de bloqueo con flujo débil— es la más frecuente en los episodios de calor intenso en España, pero no equivale automáticamente a una ola de calor en sentido técnico. La AEMET define ola de calor como un episodio de al menos tres días consecutivos en que más del 10 % de las estaciones meteorológicas de referencia superan el percentil 95 de sus series históricas de temperatura máxima para el periodo 1971-2000.

Precedentes desde 2003: cuando el calor extremo dejó de ser excepcional

El verano de 2003 constituye el antecedente moderno más documentado de calor extremo en Europa. Ese agosto, las temperaturas superaron los 44 °C en la cuenca del Ebro y rozaron los 47 °C en algunas estaciones del interior peninsular. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), alrededor de 6.500 personas fallecieron en España por causas atribuibles al calor durante ese episodio, dentro de las más de 70.000 muertes prematuras estimadas en toda Europa en el mismo periodo. Aquel verano supuso un antes y un después en la política pública española: el Ministerio de Sanidad puso en marcha en 2004 el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, que se actualiza anualmente y sigue siendo el instrumento rector de la respuesta institucional.

El verano de 2023 marcó un nuevo hito. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) de la Unión Europea lo catalogó como el más cálido registrado a escala global desde que existen datos instrumentales. En España, la AEMET registró anomalías de temperatura media de hasta 3,5 °C por encima de la media del periodo de referencia en amplias zonas del interior. El récord histórico absoluto de temperatura en España bajo condiciones homologadas corresponde al 14 de agosto de 2021, cuando la estación de Montoro (Córdoba) registró 47,4 °C, según la AEMET. El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), en su informe de vigilancia de la mortalidad de 2023, estimó que el exceso de muertes atribuibles al calor en España durante ese verano superó las 3.700 personas, con sobremortalidad especialmente marcada en mayores de 75 años.

Marco normativo: tres niveles de alerta y coordinación autonómica

El sistema español de respuesta a los episodios de calor extremo articula tres ejes. El primero es el Plan Nacional de Sanidad coordinado por el Ministerio de Sanidad, vigente desde 2004. El segundo es el sistema de avisos de la AEMET, que emite alertas en tres niveles de riesgo —amarillo, naranja y rojo— con umbrales provinciales diferenciados que tienen en cuenta la climatología local, de modo que el calor que dispara la alerta naranja en Burgos es distinto al que lo hace en Sevilla. El tercero es la coordinación con las comunidades autónomas, que activan de forma autónoma sus planes propios cuando los avisos alcanzan el nivel naranja; Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y Aragón disponen de protocolos específicos dada su mayor exposición histórica. La coordinación interadministrativa se canaliza a través del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, cuyas reuniones de seguimiento se intensifican entre junio y septiembre.

Isla de calor urbano y desigualdad: quién paga el precio más alto

Más allá de los máximos absolutos, el impacto real del calor sobre la salud pública en España está condicionado por el fenómeno de la isla de calor urbano: las grandes ciudades registran temperaturas nocturnas entre 4 y 8 °C superiores a las de su entorno rural como consecuencia de la alta densidad de superficies asfaltadas, la escasa vegetación y la baja ventilación. Esta diferencia es especialmente crítica porque las noches tropicales —con mínimas superiores a 20 °C— impiden la recuperación fisiológica del organismo y elevan significativamente el riesgo de mortalidad por calor. El ISCIII ha identificado sistemáticamente que los hogares sin aire acondicionado, más frecuentes en los parques de vivienda más antiguos y entre la población con menores ingresos, concentran la mayor parte de la mortalidad atribuida al calor, lo que convierte este fenómeno meteorológico en un problema de salud pública con marcada dimensión socioeconómica.

Próximas semanas: la primera quincena de julio como periodo de mayor riesgo

La climatología histórica sitúa la primera quincena de julio como el periodo de mayor probabilidad de episodios de calor intenso en la Península Ibérica, una vez que la inercia térmica postsolsticio se asienta y los patrones de bloqueo anticiclónico ganan estabilidad. Los modelos de predicción estacional del ECMWF para el verano de 2025 apuntan a una anomalía positiva de temperatura en el sur de Europa, si bien la incertidumbre inherente a las proyecciones a escala mensual aconseja seguir de cerca las actualizaciones semanales de la AEMET. El nivel de activación de los planes autonómicos de contingencia y los avisos de la AEMET en los próximos días serán los indicadores concretos que determinen si el calor que ahora se concentra en el Sáhara y Oriente Medio termina alcanzando la Península con la intensidad que los modelos no descartan.

¿Qué te ha parecido esta pieza?

Siguiente en Comunidades →Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses
¿Tienes información para ampliar esta noticia? Escríbenos por el canal para informantes — protegemos a las fuentes.¿Error en este artículo? → Infórmanos

Comentarios

Comentas como Anónimo — seudónimo generado localmente, sin cuenta
0/1000

Cargando la conversación…

Los comentarios son anónimos. El Hemiciclo no registra IPs ni vincula comentarios a cuentas de usuario. Tu seudónimo y tus comentarios se guardan solo en este dispositivo. Conexión cifrada (HTTPS).

Sigue leyendo en El Hemiciclo