El paraje, situado en pleno corazón de Los Monegros, había mantenido durante décadas ocultas sus fortificaciones bajo el coscojo, el pino joven y el monte bajo. El fuego, al calcinar la cubierta vegetal, ha dejado el terreno cubierto de ceniza y ha revelado la verdadera dimensión de un conjunto defensivo que hasta ahora apenas se intuía: trincheras, casamatas, pozos de tirador y cuevas repartidas a ambos lados de una colina.
Los operarios de la cuadrilla forestal fueron los primeros en advertir la magnitud del hallazgo. «Hemos visto varias cuevas y extensas fortificaciones», relataron, sorprendidos por la cantidad de vestigios. El fotógrafo y vecino de Leciñena Fernando González Seral, que había recorrido la zona en otras ocasiones sin apreciar su alcance real, ha sido quien la ha documentado con detalle. «Se ve claramente que era una posición importante, con casamatas, puestos de tirador, trincheras y bastantes cuevas a un lado y otro de la colina», describió en declaraciones al Heraldo.
Antes del incendio, según González Seral, del conjunto solo se intuían «algunas piedras» asomando entre la maleza. El fuego «lo ha dejado limpio» y ha permitido ver «su verdadera dimensión», una paradoja que combina la destrucción del paisaje con la aparición de un patrimonio oculto. Para los vecinos, el impacto trasciende el valor arqueológico: el monte ha sido tradicionalmente lugar de encuentro social y festivo. «Al monte hemos subido siempre a festejar, de romería o de comida a las casetas, y ahora verlo así es terrible; es un mazazo para todos», lamentó el fotógrafo.
Una posición del bando sublevado que dominaba Zaragoza
La posición descubierta en Los Monchos no era una fortificación menor. Desde su punto más alto se domina visualmente buena parte del entorno: el monte de Zuera, la propia ciudad de Zaragoza, la ermita de Magallón, Monte Oscuro y San Simón quedan al alcance de la vista, lo que confirma su valor como puesto de vigilancia y control territorial. «Está en medio de una zona de vigilancia y combate», apuntó González Seral.
La documentación previa permite vincular estas fortificaciones al bando sublevado. El frente en este sector se estabilizó tras la pérdida de Leciñena a manos de las tropas leales a la República el 12 de octubre de 1936, fecha a partir de la cual la línea de contacto entre ambos bandos se mantuvo relativamente fija durante buena parte de la contienda.
No es la primera vez que un incendio en este término municipal saca a la luz restos de la Guerra Civil. Ya en 2019, otro fuego en Leciñena dejó al descubierto trincheras y casamatas cubiertas por la vegetación en circunstancias similares. La investigadora Gemma Grau, especializada en el estudio de la Guerra Civil en la comarca, explicó que «no tiene nada de extraño que un incendio forestal saque a la luz restos patrimoniales», dado el estado de abandono y cobertura vegetal en que se encuentran buena parte de estas estructuras.
Los Monegros constituyó primera línea del frente de Aragón durante casi dos años, entre 1936 y marzo de 1938, cuando la ofensiva franquista sobre Cataluña desplazó definitivamente el combate hacia el este. Durante ese periodo, toda la sierra de Alcubierre fue fortificada de manera intensiva, y todavía hoy se conservan vestigios de trincheras y posiciones militares en un extenso arco que va desde Tardienta hasta Bujaraloz o La Almolda. Según Grau, el frente de Aragón fue uno de los sectores más importantes de la contienda por su valor estratégico, ya que «protegía Cataluña, sus puertos mediterráneos y parte de su infraestructura industrial».
El paraje está además vinculado a la conocida como ruta de Orwell, en alusión a los meses que el escritor británico George Orwell pasó combatiendo en este frente como miliciano del POUM, experiencia que relató en su obra 'Homenaje a Cataluña'. Esa conexión ha convertido a la comarca en un destino de memoria histórica y turismo cultural en las últimas décadas.
La aparición de estos restos plantea la necesidad de una intervención especializada. El patrimonio de la Guerra Civil está amparado, con matices según cada comunidad autónoma, por la Ley 52/2007 —conocida como Ley de Memoria Histórica— y por su sucesora, la Ley 20/2022 de Memoria Democrática, que prevén la localización, catalogación y preservación de este tipo de vestigios cuando son identificados, especialmente si quedan en riesgo tras un episodio como un incendio forestal.
A partir de ahora, la atención se centra en si las administraciones competentes —el Gobierno de Aragón, a través de su Dirección General de Patrimonio Cultural, con eventual apoyo del Ayuntamiento de Leciñena— acometerán trabajos de documentación arqueológica reglada sobre la posición de Los Monchos antes de que la vegetación vuelva a crecer y oculte de nuevo las estructuras, como sucedió tras el hallazgo similar de 2019.


