El análisis satelital reveló que el terreno de la caldera del Masaya —la gran depresión del volcán— primero descendió y luego comenzó a elevarse durante el periodo estudiado, mientras que el suelo cercano al cráter Santiago, donde se ubica un lago de lava, continuó hundiéndose de manera sostenida.
Lizzie Johnson, autora principal de la investigación, explicó que ambos comportamientos podrían estar relacionados con depósitos de magma diferentes, es decir, zonas subterráneas donde se acumula roca fundida a distinta profundidad y con dinámicas independientes entre sí.
"Al mismo tiempo, la zona que rodea directamente al cráter activo de Santiago se desinfló durante todo el período de estudio, independientemente de la transición a la inflación del reservorio principal", señaló Lizzie Johnson, autora principal del estudio.
Según la investigadora, esa diferencia sugiere que el sistema subterráneo es más complejo de lo que podría parecer a partir de la actividad visible en la superficie.
Para detectar los cambios, el equipo recurrió al satélite Sentinel-1, que recopila información del terreno mediante señales de radar y permite comparar mediciones tomadas en distintos momentos para identificar variaciones mínimas en la altura de la superficie, imperceptibles desde tierra. La interpretación de los datos apunta a que el depósito magmático principal podría estar recibiendo nuevo material, mientras otro, situado a menor profundidad, estaría perdiendo parte de su contenido.
Los propios investigadores advirtieron que estas observaciones, por sí solas, no permiten confirmar que vaya a producirse una erupción. El seguimiento adquiere relevancia porque las emisiones de dióxido de azufre del Masaya pueden representar un peligro para la salud de las poblaciones cercanas incluso sin una erupción de gran magnitud.
Young Cheol Kim, coautor del estudio, subrayó la importancia de la observación continua para identificar cambios que se aparten de los patrones habituales del volcán.
"Y entonces, si es necesario alertar a la población, podemos hacerlo de manera oportuna", afirmó Young Cheol Kim, coautor de la investigación.
La vigilancia volcánica con sensores remotos es una práctica extendida en la región andina: en Colombia, el Servicio Geológico Colombiano monitorea de forma permanente volcanes activos como el Nevado del Ruiz —cuya erupción de 1985 sepultó a Armero y dejó más de 20.000 muertos— mediante redes de deformación del terreno y estaciones de gases. Los autores del estudio sobre el Masaya insistieron en que su objetivo no es anticipar un desastre, sino comprender mejor el funcionamiento interno del sistema volcánico y perfeccionar la detección temprana de riesgos.

