El cierre en el parque argentino se dispuso para reducir los riesgos a los visitantes y permitir la inspección de los recorridos y de la infraestructura expuesta a la creciente. Las autoridades mantuvieron el seguimiento de las condiciones hidrológicas para determinar cuándo sería seguro restablecer el acceso, en una zona donde la fuerza con la que el agua atraviesa los saltos del río Iguazú se convirtió en la principal preocupación.
El fenómeno no se limitó al cauce principal del Iguazú. Las lluvias intensas registradas en el sur de Brasil y en distintas zonas de la cuenca hidrográfica elevaron también el nivel de otros ríos de la región, entre ellos el Paraná y el Uruguay, cuyo comportamiento las autoridades mantenían bajo vigilancia según los reportes difundidos el 12 de octubre. La correlación entre estos cursos de agua es habitual en la región de la Triple Frontera, donde Argentina, Brasil y Paraguay comparten cuencas sensibles a las lluvias estacionales.
En Puerto Iguazú, el nivel del río alcanzó los 24,30 metros, cifra que reflejó la magnitud del aumento registrado en la zona. La navegación en el puerto local quedó suspendida como medida preventiva, en momentos en que la temporada de lluvias en el sur del continente suele intensificar el caudal de los ríos que drenan hacia la cuenca del Plata.
Los organismos argentinos incorporaron el fenómeno de El Niño entre los factores considerados en sus preparativos para la temporada de lluvias, de acuerdo con la información publicada. Este patrón climático, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico, suele traducirse en lluvias por encima del promedio en el sur de Brasil y el noreste de Argentina, con impacto en los grandes ríos de la cuenca del Plata, de la que el Iguazú es afluente a través del Paraná.
Caudal seis veces el promedio en Brasil
Del lado brasileño, en el Parque Nacional do Iguaçu, el caudal llegó a unos 8,8 millones de litros por segundo, cerca de seis veces el promedio histórico de 1,5 millones de litros por segundo, según reportes de medios brasileños publicados el 11 de octubre. Las autoridades restringieron el acceso a los caminos de Poço Preto y Bananeiras, aunque mantuvieron habilitados otros sectores, entre ellos la Trilha das Cataratas y sus miradores.
Las Cataratas del Iguazú, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, constituyen uno de los sistemas de saltos de agua más extensos del planeta y se reparten entre los parques nacionales de Argentina y Brasil, cada uno con su propia administración y protocolos de seguridad. La naturaleza binacional del atractivo implica que una crecida de esta magnitud obliga a una coordinación, al menos informativa, entre ambos países para evaluar el riesgo sobre la infraestructura turística y los senderos que bordean el cañón.
Los cierres preventivos no son inéditos. En junio de 2014, una crecida récord del Iguazú superó los 46.000 metros cúbicos por segundo y obligó a suspender los circuitos durante días en ambos lados de la frontera; episodios similares se repitieron en años posteriores cuando el río desbordó ampliamente sus niveles medios, dado que la fuerza del agua sobre las pasarelas representa un riesgo directo para visitantes y trabajadores.
El episodio se produce en un contexto regional donde las autoridades argentinas y brasileñas monitorean el comportamiento de los grandes ríos sudamericanos ante el riesgo de eventos climáticos extremos. La cuenca del Plata, que integra los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay junto al propio Iguazú, es una de las más extensas de Sudamérica y atraviesa Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia y Uruguay, lo que convierte cualquier alteración hidrológica significativa en un asunto de interés para varios países de la región.
El fenómeno en la Triple Frontera coincide con otros episodios recientes en la zona, como la investigación en Paraguay por el crimen de una joven que había denunciado a su expareja, que mantienen la atención sobre esta región limítrofe compartida por tres países.
Según la información publicada, ni el Parque Nacional Iguazú argentino ni la administración brasileña habían fijado una fecha concreta para el restablecimiento pleno del acceso a los recorridos cerrados, a la espera de verificar las condiciones de seguridad de las instalaciones.

