El planteamiento ruso llega cuando la Unión Europea atraviesa la recta final de su temporada de llenado de reservas con niveles de almacenamiento inferiores a los deseados y precios muy por encima de los de hace un año. De acuerdo con el propio Peskov, el bloque afronta una situación «muy difícil» y tiene «problemas con el llenado de los depósitos subterráneos de gas», un proceso que en circunstancias normales concluye hacia octubre para asegurar el abastecimiento en los meses de mayor demanda.
El costo actual del gas europeo, cercano a los 74 euros por megavatio hora, más que duplica el de hace un año y supera con creces el que prevalecía antes del estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán, cuando la cotización se ubicaba en torno a los 32 euros por megavatio hora, según los datos citados en la información disponible. Pese al alza, el mercado se mantiene lejos de los picos de agosto de 2022, cuando los precios llegaron a rozar los 340 euros por megavatio hora.
Aquel máximo de 2022 coincidió con el primer año de la guerra en Ucrania, un episodio que aceleró en toda Europa la búsqueda de proveedores alternativos al gas ruso. La dependencia energética del bloque respecto a Moscú, que llegó a representar más del 40% de las importaciones antes de 2022 según cifras de la época difundidas por la Comisión Europea, se ha reducido de forma sostenida, sustituida en parte por gas natural licuado procedente de Estados Unidos, Qatar y otros productores.
Ese reacomodo ha implicado mayores costos de transporte y de mercado, factores que ayudan a explicar el encarecimiento que ahora subraya el Kremlin. La oferta de reanudar los envíos «de inmediato» no es nueva: desde la reducción drástica de los flujos por el gasoducto Nord Stream y otras rutas tras febrero de 2022, Moscú ha insistido en distintas ocasiones en que está dispuesto a restablecer los suministros si Europa lo solicita.
Por su parte, la Unión Europea ha mantenido su estrategia de recortar la dependencia energética de Rusia y no ha dado hasta el momento señal pública de considerar el regreso a importaciones masivas de gas ruso pese al alza de precios. Tal decisión implicaría un giro político de magnitud considerable frente a la posición sostenida desde el inicio de la guerra y podría abrir fricciones internas entre los países que fueron más dependientes de Moscú y los que impulsaron con mayor fuerza las sanciones vigentes desde 2022.
La volatilidad de los precios responde a una combinación de factores: la caída de las importaciones rusas, la competencia global por cargamentos de gas natural licuado, las condiciones climáticas que modelan la demanda estacional y la incertidumbre asociada a conflictos en otras regiones productoras, entre ellos el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán mencionado en el mercado energético.
Por qué importa desde Panamá
Para un país como Panamá, sin vínculos directos con el mercado europeo del gas, el episodio conserva relevancia estratégica. El Canal de Panamá, administrado por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), es una de las rutas marítimas por las que transita gas natural licuado desde Estados Unidos hacia mercados asiáticos, un tráfico que ha ganado peso a medida que Europa y Asia diversifican sus fuentes de energía. Todo reordenamiento de los flujos globales de gas repercute, por tanto, en la demanda de tránsitos por la vía interoceánica.
El precedente inmediato es el propio choque de 2022, cuando la escalada de precios europea coincidió con récords de demanda de rutas para el gas natural licuado estadounidense, parte del cual busca los mercados asiáticos a través del Canal. La forma en que Europa cubra este invierno su déficit de almacenamiento condicionará qué proporción de esos cargamentos se dirige al Atlántico y cuál cruza hacia el Pacífico.
El mensaje de Peskov se inscribe además en una tensión geopolítica prolongada entre Moscú y las capitales europeas, marcada por las sanciones y por la negativa de la mayoría de los gobiernos del bloque a normalizar sus relaciones energéticas con Rusia mientras persista el conflicto en Ucrania, que a la fecha no ha alcanzado una resolución definitiva.
La evolución de los precios en las próximas semanas, con el cierre de la temporada de llenado de depósitos y el inicio del otoño boreal, será determinante para calibrar el impacto real de esta escasez relativa sobre las economías europeas y sobre las decisiones que adopten la Comisión Europea y los gobiernos nacionales para el abastecimiento del invierno que se aproxima.