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El PRD debate su rumbo entre discurso opositor y votos al Ejecutivo

La bancada del partido fundado bajo el torrijismo alterna cuestionamientos al gobierno con respaldos puntuales en el pleno, mientras persiste el debate sobre el relevo generacional.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El Partido Revolucionario Democrático (PRD), fundado en la década de 1970 bajo la inspiración del general Omar Torrijos Herrera, enfrenta cuestionamientos sobre su identidad política actual. La colectividad, que en su origen se presentó como alternativa a los partidos tradicionales, mantiene hoy una bancada en la Asamblea Nacional cuya actuación oscila entre el discurso de oposición y el respaldo puntual a iniciativas del Órgano Ejecutivo, según análisis de sectores académicos.

El PRD nació como resultado de un proceso político impulsado por Torrijos, quien encabezó el gobierno tras el golpe de Estado de 1968 y falleció en un accidente aéreo en 1981. Según lecturas académicas sobre el torrijismo, el partido buscó dotar de estructura política a un proyecto que hasta entonces se sostenía en el liderazgo personal del militar y en el modelo de "organización-pueblo-gobierno", basado en el contacto directo y permanente con las comunidades.

Ese modelo tuvo una expresión institucional concreta: la creación de la Asamblea de Representantes de Corregimiento, órgano que buscaba mantener el contacto entre las autoridades y las comunidades a través de la figura del representante de corregimiento, cargo que subsiste hasta hoy en la estructura política panameña, aunque con funciones distintas a las de su origen. En torno a Torrijos circularon relatos sobre visitas a comunidades distantes cargando "maletines de dinero" para resolver problemas apremiantes, episodios que la crítica contemporánea vincula con prácticas de asistencia directa al electorado.

Del cuartel a la urna

La muerte de Torrijos marcó un punto de inflexión. De acuerdo con análisis sociológicos del período, el PRD se alineó en los años siguientes con la conducción militar que lo sucedió, convirtiéndose coyunturalmente en el brazo político de los cuarteles, en un contexto de creciente tensión que desembocaría en 1989 en la intervención militar de Estados Unidos y la caída del general Manuel Antonio Noriega. La imagen de Torrijos, sostiene esa lectura, permaneció como guía simbólica en las paredes de los centros políticos, sin traducirse necesariamente en las prácticas del partido.

Con el retorno al sistema democrático tras 1989, el PRD se reconfiguró como partido electoral y ha gobernado el país en varios períodos, incluidas las presidencias de Ernesto Pérez Balladares (1994-1999) y Martín Torrijos (2004-2009). Su trayectoria ha estado marcada por debates internos sobre su fidelidad al ideario original y su adaptación a la competencia electoral.

En la actual legislatura, la bancada perredista ha mantenido una posición que analistas describen como ambigua: mientras figuras del partido cuestionan públicamente decisiones del Órgano Ejecutivo, los votos de sus diputados en el pleno no siempre acompañan ese discurso, especialmente en votaciones presupuestarias o de designaciones que requieren negociación. Sectores académicos sostienen que la colectividad "quiere jugar a la oposición, pero apoya al gobierno cuando le ofrecen algo", en referencia a lo que describen como una condicionalidad del voto atada a incentivos más que a principios.

Esa dinámica no es exclusiva del PRD ni ajena a la historia legislativa panameña. El sistema de bancadas múltiples y alianzas cambiantes ha caracterizado a la Asamblea Nacional desde la reinstauración democrática, con formaciones que oscilan entre el respaldo y el cuestionamiento al gobierno de turno según los incentivos de cada coyuntura, un fenómeno documentado en distintos períodos legislativos.

El funcionamiento de las bancadas y su relación con el Ejecutivo está regulado por el reglamento interno de la Asamblea Nacional, que establece los procedimientos para la conformación de comisiones, la negociación de agendas y las alianzas necesarias para alcanzar mayorías en votaciones clave, incluidas las relativas al Presupuesto General del Estado y las vistas presupuestarias, así como el trámite de leyes en primer, segundo y tercer debate.

Herrera, las giras y el relevo pendiente

Balbina Herrera, al frente de la secretaría general, ha centrado buena parte de su actividad reciente en giras por el interior del país, con paradas en sitios de significado histórico para el torrijismo, entre ellos residencias donde Torrijos solía tomar café o reposar en una hamaca. Estas visitas buscarían, según observadores del partido, reforzar el vínculo simbólico con los "cuadros torrijistas" de mayor trayectoria. Sectores críticos sostienen que ese discurso opositor de Herrera no es cónsono con la actuación de sus compañeros diputados.

La permanencia prolongada de Herrera al frente de la secretaría ha generado cuestionamientos sobre el relevo generacional dentro del partido, un debate que no es nuevo en la historia del PRD y que se ha repetido en otras colectividades panameñas donde el liderazgo histórico ha tendido a perpetuarse más allá de los períodos habituales de renovación interna.

El estatuto del PRD contempla mecanismos de elección interna para sus autoridades, aunque la práctica política panameña ha mostrado con frecuencia una brecha entre las normas partidarias escritas y su aplicación efectiva, un patrón señalado respecto de otras agrupaciones en distintos análisis sobre la vida interna de los partidos. El clientelismo político —el intercambio de favores o recursos por apoyo electoral— ha sido objeto de crítica recurrente hacia distintas fuerzas panameñas, no solo hacia el PRD.

El partido ha defendido en ocasiones anteriores su papel como fuerza política plural, cuyos matices internos reflejarían, según sus dirigentes, la diversidad de posiciones dentro de una organización con más de cinco décadas de historia. Hasta el momento no ha emitido una posición oficial que responda directamente a los cuestionamientos sobre la coherencia entre su discurso opositor y el comportamiento de su bancada en el pleno.

De cara a los próximos ciclos políticos, el PRD deberá definir su estrategia interna en torno al relevo generacional y su posicionamiento frente al Órgano Ejecutivo. La Asamblea Nacional continuará siendo el escenario principal para medir la coherencia entre el discurso de sus dirigentes y el voto efectivo de sus diputados en las materias que marquen la agenda legislativa, en particular en el trámite del Presupuesto General del Estado y las designaciones que requieran mayorías negociadas.

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