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El tetracromatismo permitiría a algunas mujeres ver más colores

Una condición genética ligada al cromosoma X dotaría a cierto porcentaje de mujeres de un cuarto tipo de célula fotosensible, ampliando su percepción cromática.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La artista plástica Concetta Antico descubrió que sus estudiantes no distinguían los colores que ella percibía con claridad en sombras y objetos cotidianos, un hallazgo que la llevó a someterse a exámenes genéticos que revelaron que posee tetracromatismo, una condición biológica poco común que permitiría a quienes la tienen ver una gama cromática más amplia que la del resto de las personas.

Antico relató que suponía que todos veían el mundo igual que ella hasta que quedó claro, por sus alumnos, que no era así. Al preguntarle a uno de ellos por qué nunca le había señalado esa diferencia, el estudiante respondió que asumía que su profesora simplemente «estaba haciendo algo artístico». Esa respuesta la impulsó a indagar por qué su experiencia visual difería tanto de la de sus estudiantes, y la genética terminó por dar la explicación.

La clave radica en la estructura del ojo humano. La mayoría de las personas cuentan con tres tipos de células fotosensibles llamadas conos, cada uno estimulado por una gama de longitudes de onda de luz que corresponden aproximadamente al rojo, al verde y al azul. Estas células envían sus señales al cerebro, y la combinación de esas señales determina el color que finalmente se percibe. Algunas personas, sin embargo, poseerían un cuarto tipo de cono, lo que en teoría permitiría al cerebro recibir una información mayor y más variada, acentuando la sensibilidad cromática a lo largo de todo el espectro de luz visible. A esta condición se le denomina tetracromatismo retiniano.

La base genética ligada al cromosoma X

Los genes que codifican los conos sensibles al rojo y al verde se ubican en el cromosoma X. Para que una persona sea tetracrómata debe portar dos variantes distintas de uno de esos genes. Dado que las mujeres poseen dos cromosomas X, mientras que los hombres habitualmente tienen solo uno, la condición se presentaría casi exclusivamente en mujeres biológicas; en los hombres, la misma variante tiende a producir alguna forma de deficiencia en la percepción del color.

Las pruebas genéticas permiten identificar a las personas portadoras de las variantes que constituyen los cuatro tipos de conos. De acuerdo con el Proyecto de Tetracromatismo de la Universidad de Newcastle, en Reino Unido, se estima que alrededor de un 12% de las mujeres tendría este potencial genético, aunque la cifra podría variar entre distintas poblaciones según las investigaciones disponibles.

Contar con el cuarto tipo de célula cono no implica automáticamente una percepción cromática ampliada. Ese fenómeno, denominado tetracromatismo funcional por la doctora Kimberly A. Jameson, del Centro Brunson de Investigación de la Visión Periférica de la Universidad de California, en Irvine, Estados Unidos, resulta mucho más difícil de demostrar que la mera presencia del gen.

Pese a esa dificultad, existen indicios que respaldarían la hipótesis. Un estudio dirigido por la propia Jameson encontró que las mujeres con cuatro tipos de células cono dividían el espectro cromático en un número mayor de tonalidades, lo que sugiere que percibirían más matices que las personas tricrómatas, es decir, aquellas con los tres tipos convencionales de conos.

Pistas en los monos del Nuevo Mundo

El fenómeno tendría paralelismos en el reino animal. En algunas especies de monos del Nuevo Mundo, o platirrinos, los machos son dicrómatas —con solo dos tipos de conos— mientras que las hembras son tricromáticas, con tres. Los científicos han observado que las hembras tricrómatas consumen la fruta roja mucho más rápido que los machos dicrómatas, lo que sugeriría que ese color les resulta considerablemente más evidente a la vista.

Si ese patrón se trasladara a los seres humanos, las mujeres tetracrómatas podrían experimentar los colores de una manera distinta a la del resto de la población, según planteó la doctora Jenny Bosten, neurocientífica visual de la Universidad de Sussex, en Reino Unido. La forma exacta en que se traduciría esa diferencia perceptiva, advirtió, sigue abierta al debate.

Una de las líneas de investigación más llamativas sostiene que quien cuenta con un receptor de color adicional podría llegar a percibir tonalidades imposibles de describir con el vocabulario cromático convencional, al no existir en el lenguaje común palabras para nombrarlas. El planteamiento abre interrogantes sobre los límites del idioma frente a la experiencia sensorial, un terreno que toca disciplinas como la lingüística y la filosofía de la percepción.

Las investigadoras coinciden en que el tetracromatismo funcional seguirá siendo objeto de estudio, particularmente en torno a métodos más precisos para comprobar si el potencial genético se traduce efectivamente en una percepción visual ampliada, más allá de la sola presencia del cuarto tipo de cono en la retina. La distinción entre portar la variante y percibir de forma diferenciada es, por ahora, la principal frontera pendiente en este campo.

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