El diseño invierte la lógica habitual de la eólica marina. Una turbina como la Vestas V236, de 15 megavatios y 236 metros de rotor, se desconecta cuando el viento supera los 112 kilómetros por hora: gira sus palas para reducir el empuje y, si el temporal arrecia, se detiene. El rotor de TouchWind, en cambio, carece de rodamientos o motores de orientación; es una pieza única que, cuanto más sopla el viento, más se tumba, hasta quedar casi plano y ofrecer menos superficie de carga.
La empresa, fundada por el ingeniero Rikus van de Klippe y activa desde 2018 en torno a esta idea, sostiene que el sistema aguantaría rachas de unos 250 kilómetros por hora. El instituto marítimo MARIN sometió un modelo a escala a vientos de 180 kilómetros por hora y olas de 13 metros en laboratorio, una combinación que replica la tormenta que, según los registros del mar del Norte, se produce una vez cada siglo.
Más allá de resistir temporales, el ensayo persigue un segundo objetivo: alterar la estela, el rastro de aire revuelto y más lento que cada aerogenerador deja tras de sí y que resta producción a la turbina situada detrás. El proyecto POWER, a cargo de los institutos TNO y MARIN con financiación de la Agencia de Empresa de los Países Bajos, quiere comprobar si un rotor inclinado empuja esa estela hacia abajo y capta a la vez el aire más rápido de las capas altas.
De confirmarse, las turbinas podrían instalarse más juntas y aumentar la energía extraída por kilómetro cuadrado de mar, una variable crítica en un continente con espacio marino limitado para la eólica. Junto al prototipo flotan otras nueve turbinas idénticas y un mástil meteorológico; las mediciones se prolongarán durante todo 2026.
Anclajes que imitan un arrecife
El flotador se sujeta con cables de acero y cuerdas de poliéster a bloques de hormigón que incorporan estructuras impresas en 3D con arena y conchas del propio lago, obra de la empresa Coastruction, concebidas para funcionar como arrecife artificial. La agencia regional InnovationQuarter aportó 75.000 euros para ese anclaje, según ha informado el Fieldlab de Westvoorne, el centro de pruebas que acoge el ensayo. Los grilletes de amarre incorporan sensores que miden las fuerzas reales sobre la estructura, no solo las estimadas por modelos informáticos.
Las palas, diez juegos fabricados en resina epoxi y fibra de vidrio por la empresa We4Ce, prescinden de las líneas de pegado en el borde delantero, el punto donde suele iniciarse el desgaste por erosión. En el mismo lago se ensayan además paneles solares flotantes, dentro de la misma apuesta por combinar renovables en espacios marinos reducidos.
De 12 kilovatios a un parque real
La distancia entre el prototipo y una turbina comercial sigue siendo notable. Una sola pala de la Vestas V236 mide 115,5 metros, casi 19 veces el diámetro completo del rotor holandés, y la diferencia de potencia, de 12 kilovatios a 15 megavatios, resume el salto pendiente. TouchWind ya trabaja en el siguiente escalón, el proyecto SUPER, una turbina flotante de 3 megavatios y 100 metros de rotor, con el objetivo declarado de levantar un primer parque de demostración a tamaño real antes de 2030. En paralelo, China ya presume de turbinas de 20 megavatios con el diseño clásico.
La naviera japonesa Mitsui O.S.K. Lines entró en el capital de la compañía en 2023, atraída por un mercado que la Agencia Internacional de Energías Renovables cifra en 264 gigavatios de eólica flotante para 2050. TouchWind asegura que sus turbinas costarían la mitad y producirían el doble que las convencionales, una promesa que, por ahora, solo respalda un rotor de seis metros girando en un lago neerlandés bajo la vigilancia de decenas de sensores.
