Sanjur creció en Chiriquí, provincia del occidente panameño, y cursó estudios en la escuela pública Daniel Octavio Crespo. Según su propio relato, desde temprana edad mostró interés por la física, la matemática, la biología y la química, inquietud que su madre encauzó con un consejo: «busca una carrera que te lleve lo más cerca a lo que tú quieres ser». La curiosidad por el ADN y las estructuras moleculares la decidió por la biología. «Quería aprender del ADN, quería aprender de moléculas, de cosas miniaturas», recordó.
Con el tiempo, Sanjur identificó lo que definió como una desconexión entre el trabajo científico y la gestión institucional que lo sostiene. Ese diagnóstico la impulsó a dar un giro profesional: pasó de la investigación de laboratorio a la administración, primero como directora asociada de administración científica dentro del propio instituto. «Noté que había una falta de comunicación entre lo que yo llamo la ciencia y lo que es la gestión y la administración», señaló sobre aquel salto.
Ese recorrido la condujo a la dirección del STRI, responsabilidad que asumió en un periodo marcado por la pandemia, cuando la actividad científica de campo enfrentó restricciones globales de movilidad y acceso a instalaciones de investigación. Sanjur calificó la experiencia como «muy enriquecedora» y a la vez «muy retadora», sin precisar en la entrevista los detalles operativos de esa gestión durante la emergencia sanitaria.
El Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales opera 14 instalaciones distribuidas en distintos puntos de la República de Panamá. Según Sanjur, cerca de 400 colaboradores trabajan de forma conjunta en líneas de investigación que van desde el comportamiento animal hasta la conservación de especies amenazadas. El STRI mantiene presencia científica en el istmo desde principios del siglo XX, cuando la construcción del Canal de Panamá abrió las puertas al estudio sistemático de la biodiversidad tropical de la región.
Entre los proyectos mencionados, la subdirectora destacó estudios sobre el comportamiento de murciélagos y su interacción con depredadores, así como investigaciones sobre la declinación de poblaciones de anfibios a causa de un hongo patógeno que afecta a estas especies en distintas regiones tropicales. Los investigadores del STRI, indicó, trabajan en comprender la dinámica de ese hongo y su impacto en las poblaciones locales.
Sanjur puso como ejemplo el proyecto Agua Salud, que abarca 700 hectáreas en la cuenca del Canal, administrada por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). En ese espacio, los científicos del Smithsonian estudian distintos modelos de reforestación y la interacción entre bosques, suelos y usos del territorio, información relevante para la gestión hídrica de una cuenca de la que depende la operación del Canal.
Biodiversidad y cifras comparativas
Al ser consultada sobre las características que hacen de Panamá un territorio de interés científico, Sanjur ofreció cifras comparativas: el país reuniría, según su testimonio, tres veces más diversidad de especies de aves que Norteamérica, además de unas 3,000 especies de plantas y árboles, frente a las aproximadamente 454 registradas en el continente europeo. Estas cifras corresponden a la caracterización de la propia científica y no a un estudio citado con fuente específica en la entrevista. «Panamá realmente, para ser un territorio tan pequeño, tiene una enorme biodiversidad», sostuvo.
La posición del istmo, que conecta América del Norte y América del Sur, históricamente ha favorecido el intercambio de especies entre ambos subcontinentes y explica, según buena parte de la literatura científica sobre biodiversidad tropical, la elevada concentración de especies en un territorio relativamente pequeño.
Sanjur subrayó que el instituto opera en Panamá en calidad de invitado y que su función consiste en generar información científica disponible para distintas audiencias, incluido el Gobierno, sin intervenir en las decisiones del Estado. «Nosotros somos invitados en este país», afirmó. En ese esquema situó a la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) como la entidad encargada de financiar la investigación científica nacional y de procurar que sus resultados reviertan en beneficio del país. La Senacyt fue creada en la década de los noventa con el mandato de fomentar la actividad científica y tecnológica y desde entonces ha canalizado recursos públicos hacia proyectos en universidades, centros públicos y organismos internacionales presentes en el país. «La ciencia es parte de uno de los pilares del desarrollo de un país», enmarcó la subdirectora.
El efecto tijera en la carrera científica
La entrevista abordó también la brecha de género en la ciencia, fenómeno que Sanjur describió a partir de un estudio de la investigadora Nadia de León sobre el denominado «efecto tijera»: un mayor número de mujeres en las etapas iniciales de formación académica que se reduce progresivamente hasta la culminación de estudios de maestría y doctorado, coincidiendo con decisiones personales como el matrimonio o la maternidad.
Sanjur relató que ella misma vivió ese cruce de etapas: se casó durante su proceso de formación y quedó embarazada mientras realizaba un postdoctorado, de manera que su hija nació en ese periodo. La científica describió esa coincidencia como el punto en que muchas jóvenes investigadoras toman decisiones personales que marcan el rumbo de su carrera, sin detallar en la parte disponible de la entrevista qué apoyo institucional o familiar resultó determinante en su caso.
El testimonio se inscribe en un debate más amplio sobre la representación femenina en cargos de dirección científica en Panamá y la región centroamericana, donde distintos organismos internacionales han señalado en años recientes la persistencia de brechas en las etapas más avanzadas de la carrera investigadora. La entrevista no ofrece cifras oficiales atribuibles a una fuente estadística nacional sobre este punto específico.