El VRS es, en la mayoría de los países de la región, la principal causa de hospitalización por bronquiolitis y neumonía grave en menores de un año. Antes de la intervención chilena, según el propio Ministerio de Salud de ese país, el virus era responsable de entre el 20% y el 30% de todas las hospitalizaciones pediátricas por cuadros graves, con reconversión de camas de adultos en pediátricas y de oficinas administrativas en salas de hospitalización durante los picos invernales. En Panamá, esos picos suelen coincidir con la temporada lluviosa, cuando los servicios de pediatría de hospitales como el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, en la capital, reportan históricamente saturación de camas.
De acuerdo con las cifras difundidas por la autoridad chilena, las hospitalizaciones por VRS en menores de un año se redujeron entre un 76% y un 81.6% tras la introducción del nirsevimab, mientras que los ingresos a las unidades de cuidados intensivos pediátricos cayeron un 85%. El país habría evitado, según esos datos, más de 59,000 días de cama en hospitalización básica e intermedia y unos 25,000 días de cama de cuidados intensivos, además de una reducción de más de 20,000 días de licencias médicas otorgadas a padres y cuidadores. La estadía promedio de hospitalización también disminuyó de forma significativa.
La cobertura alcanzada en Chile llegó al 97% en recién nacidos y se ubicó entre el 87% y el 93% en lactantes menores de un año, resultado que las autoridades chilenas atribuyeron a la decisión de aplicar el anticuerpo directamente en las maternidades, sin costo para las familias, en lugar de dejarlo sujeto a la demanda espontánea en los centros de salud. El Ministerio de Salud señaló que la medida se apoyó en un ejercicio de evaluación con datos «de un antes, un durante y un después de la intervención», elaborado con participación de las facultades de Medicina y de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, a través del Instituto de Sistemas Complejos de la Ingeniería (ISCI).
El nirsevimab no es una vacuna en el sentido clásico. A diferencia de los biológicos que estimulan al organismo para que produzca sus propios anticuerpos —un proceso que puede tomar entre tres y seis semanas—, se trata de un anticuerpo monoclonal que se administra ya formado y dirigido específicamente contra el VRS, por lo que ofrece protección inmediata desde el nacimiento o desde las primeras semanas de vida. Esa diferencia técnica explica por qué distintas autoridades sanitarias de la región lo han priorizado para la población neonatal, considerada la más vulnerable frente a este virus.
Un antecedente regional que fija estándar
Chile fue el primer país de América Latina en incorporar el nirsevimab a su programa nacional de inmunización, un paso que exigió el sustento de evidencia comparativa antes de financiarlo con fondos públicos. Ese tipo de análisis es, precisamente, el estándar que organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomiendan a los ministerios de salud antes de decidir la inclusión de una nueva tecnología sanitaria en esquemas costeados con recursos estatales. La experiencia chilena se suma así a la lista de referencias que los especialistas panameños en pediatría e infectología citan cada temporada de alta circulación viral.
Panamá cuenta con precedentes propios en materia de decisiones sanitarias de alcance nacional que exigieron sustento técnico y fiscal. La introducción de vacunas como la del rotavirus o el esquema contra el virus del papiloma humano (VPH) en el programa ampliado de inmunizaciones requirió, en su momento, análisis de impacto presupuestario ante el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y ante la Caja de Seguro Social (CSS), dado que estas prestaciones se financian con cargo al Presupuesto General del Estado y a las cotizaciones de los asegurados.
La Caja de Seguro Social y el Minsa comparten la responsabilidad de la atención materno-infantil en el país, con protocolos de vacunación e inmunización que se revisan periódicamente según las recomendaciones de la OPS. Hasta el momento no existe un pronunciamiento público de ninguna de las dos instituciones sobre la eventual incorporación del nirsevimab al esquema nacional de protección neonatal, ni una fecha prevista para un análisis técnico-financiero.
Cualquier ampliación del esquema de inmunización requeriría, en la práctica, una asignación específica dentro de las vistas presupuestarias anuales de la CSS y el Minsa ante la Asamblea Nacional, además del refrendo de la Contraloría General de la República a los contratos de adquisición del biológico correspondiente, dado su carácter de gasto estatal recurrente. El costo por dosis del nirsevimab, superior al de las vacunas convencionales, suele señalarse en los foros regionales como la principal barrera para su adopción masiva en países con presupuestos sanitarios más ajustados que el chileno.
En Panamá, el peso del VRS en la mortalidad infantil no cuenta con una serie estadística pública tan detallada como la chilena, lo que dificulta establecer comparaciones directas sobre el impacto potencial de una medida similar. El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) publica cifras de mortalidad infantil general, pero no un desagregado específico por causa viral respiratoria de acceso público inmediato, una limitación que organizaciones médicas han señalado como obstáculo para diseñar políticas de inmunización basadas en evidencia local.
El caso chileno ilustra un cambio de enfoque en la prevención pediátrica: pasar de tratar las complicaciones del VRS una vez hospitalizado el menor a evitar la infección grave desde el nacimiento. De replicarse en Panamá, ese modelo tendría que sortear no solo el trámite presupuestario en la Asamblea Nacional, sino también la logística de aplicación directa en las maternidades públicas y privadas, que hoy concentran la atención del parto en hospitales como el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid y el Hospital Santo Tomás.
Por ahora, no consta ninguna hoja de ruta oficial del Minsa ni de la CSS para evaluar la incorporación del nirsevimab al esquema nacional de inmunización. La presión estacional que el VRS impone sobre las salas pediátricas, sin embargo, volverá a poner el tema sobre la mesa con cada nueva temporada de alta circulación viral, cuando los hospitales del país enfrenten de nuevo la saturación que motivó la intervención en el país sudamericano.