La costumbre de honrar a los animales en estas fechas tiene una raíz histórica documentada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que ha señalado el papel del xoloitzcuintle en las tradiciones funerarias mesoamericanas. De acuerdo con ese registro, diversas fuentes históricas indican que esta raza canina acompañaba a las almas en su tránsito hacia el inframundo y las ayudaba a cruzar el río donde comenzaba el recorrido, razón por la cual su figura aparecía en ceremonias y ofrendas vinculadas con la muerte desde la época prehispánica.
Esa asociación entre el perro y el más allá explica por qué la práctica de dedicar un altar a las mascotas se mantiene vigente en buena parte del territorio mexicano, con variaciones regionales pero un núcleo de elementos compartido entre familias que han perdido a un animal de compañía.
No existen reglas estrictas para instalar este tipo de altar, por lo que las familias suelen incorporar objetos que pertenecieron al animal en vida, como su juguete predilecto o la correa que usaba a diario. Aun así, la tradición reconoce un conjunto de elementos recurrentes que buscan facilitar y celebrar el regreso del animal durante esta jornada.
Entre ellos destacan las flores de cempasúchil, cuyos pétalos se colocan formando un camino que guía a la mascota hasta la ofrenda, y las veladoras, que cumplen la función de iluminar su retorno. El papel picado aporta color a la instalación, mientras que una fotografía del animal ocupa el lugar central del altar como elemento de identificación y memoria.
El agua fresca se dispone para calmar la sed tras el supuesto recorrido desde el Mictlán, y junto a ella se coloca la comida que disfrutaba el animal en vida, ya sean croquetas, alimento enlatado o premios. El pan de muerto, con su forma circular asociada al ciclo de vida y muerte, y las calaveras de azúcar, símbolo de la presencia constante de la muerte, completan los elementos más comunes. Quienes conservan las cenizas de su mascota pueden integrarlas también como parte del homenaje.
La jornada dedicada a los animales de compañía antecede a las dos fechas centrales del Día de Muertos, el 1 y 2 de noviembre, en las que las ofrendas familiares se dirigen a niños y adultos fallecidos respectivamente la tradición mexicana. El calendario cultural de la temporada incluye también otras expresiones en cartelera, como la que reunió a Pimpinela en el Auditorio Nacional con el desamor como libreto musical.
El 27 de octubre marca, dentro del ciclo festivo que se extiende hasta inicios de noviembre, el momento en que miles de hogares mexicanos dedican un espacio propio a sus animales de compañía, antes de que los altares se destinen a los seres humanos que partieron.
