La referencia a México, usada como parámetro negativo de seguridad pública, se produjo en un discurso centrado en la soberanía nacional y la lucha contra la delincuencia, apenas días después de los disturbios y saqueos del pasado 17 de octubre que, según su lectura, reforzaron sus posibilidades de llegar al Elíseo. Los sondeos que cita el entorno de la candidata le otorgan una clara ventaja a seis meses de los comicios, dentro de una campaña que su partido ha convertido en una maquinaria electoral sin rival aparente a la vista.
"No dejaremos que Francia caiga en la mexicanización con los cárteles. Erradicaremos sin descanso esas organizaciones criminales considerándolas terroristas", afirmó Marine Le Pen, candidata ultraderechista a la presidencia de Francia.
La formulación equipara el fenómeno de los cárteles mexicanos con un eventual escenario de descomposición institucional en territorio francés, sin que mediara explicación alguna sobre el contexto de seguridad mexicano actual. Le Pen prometió, en esa línea, reforzar las fronteras, expulsar a todos los inmigrantes que delincan e imponer penas más duras a quienes agredan a agentes de la autoridad.
La elección de Orleans no fue casual: la ciudad es referente histórico de la resistencia francesa en tiempos de Juana de Arco, figura que la extrema derecha ha reivindicado desde hace años como emblema de orgullo nacional. Le Pen explotó ese simbolismo para presentar su proyecto como un "renacimiento" frente a lo que considera el declive institucional del país bajo el mandato de Emmanuel Macron.
"Os propongo el renacimiento del país, la elevación progresiva hacia lo auténtico, lo justo, la seguridad, la prosperidad y la creatividad", proclamó Le Pen ante la multitud reunida en Orleans.
La puesta en escena, con cánticos de "Marine presidenta", recordó más a la política estadounidense que a la tradición de campaña francesa, que solo ha usado ese formato en contadas ocasiones, como la candidatura del conservador Nicolas Sarkozy en 2012. Fue el punto culminante de un congreso en el que el partido cerró filas en torno a su lideresa, a la que ningún otro candidato parece hacer sombra por ahora.
El atentado racista en las afueras de París
El mitin se celebró dos días después de un atentado con un muerto en las afueras de París que, según los primeros indicios, buscaba una masacre de personas de origen extranjero. Le Pen no hizo referencia alguna al carácter racista del ataque, una omisión que ha derivado en acusaciones de que su discurso sobre inmigración y seguridad alienta ese tipo de violencia.
La controversia se suma a otra ya instalada en torno a Jordan Bardella, a quien Le Pen confirmó como su candidato a primer ministro pese a las acusaciones de antisemitismo que pesan sobre él. Durante su propia intervención en el congreso, Bardella fue interrumpido por militantes de juventudes judías, que terminaron siendo expulsados por la fuerza del recinto ferial.
"Os han querido amedrentar pero estáis aquí", respondió Bardella a sus simpatizantes, un día después de ser reelegido al frente de la formación, que según sus propias cifras alcanza los 160 mil militantes, lo que la convertiría en el partido más numeroso de Francia.
Referéndum y reforma constitucional
Le Pen prometió recurrir al referéndum para impulsar sus reformas más ambiciosas, comenzando por inscribir en la Constitución el endurecimiento de la política migratoria, pese a que los constitucionalistas le han advertido de que esa vía exige una mayoría reforzada en ambas cámaras legislativas, un umbral que su partido no tiene garantizado incluso en caso de victoria presidencial. Planteó además un nuevo principio jurídico, la "prioridad nacional", y afirmó que "la nacionalidad francesa volverá a ser un privilegio que se hereda o se merece".
En materia de defensa, Le Pen rechazó el proyecto de una "Europa de la defensa" impulsado por Macron y abogó por mantener una estructura estrictamente nacional, aunque se comprometió a sostener el gasto militar ya comprometido por el actual gobierno. Acusó al presidente de "traidor" por su disposición a compartir el arsenal nuclear francés con otros socios europeos, en medio de gritos de "¡Macron dimisión!" entre los asistentes.
La víspera del mitin, una manifestación había reunido a unas 13 mil personas en protesta contra la ideología de la extrema derecha, con presencia de líderes políticos y sindicales. Pese a los temores de enfrentamientos con grupos ultraderechistas, la concentración concluyó sin incidentes, un contraste que Le Pen no mencionó en su intervención.
El uso de otro país como espejo de seguridad no es nuevo en el discurso lepenista, que desde los comicios de 2017 y 2022 construyó su base en torno a la inmigración y la delincuencia; la novedad es el señalamiento directo a México. El episodio se inscribe además en un momento en que las figuras latinoamericanas generan reacciones contrapuestas en la política internacional, como ilustró la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, al celebrar el triunfo de Lula da Silva como "una llama de esperanza continental".
"Antes de la victoria, hay que estar convencidos de que se puede ganar", dijo Le Pen ante sus militantes, cerrando un mitin que marcó el arranque oficial de su cuarta candidatura a la presidencia de Francia.
