La iglesia de San Felipe, ubicada en el casco de Portobelo, forma parte del conjunto de fortificaciones coloniales que la Unesco inscribió en su lista de Patrimonio de la Humanidad en 1980, bajo la denominación de Fortificaciones de la costa caribe de Panamá: Portobelo-San Lorenzo. El templo, de raíces coloniales, alberga imágenes religiosas de hondo valor devocional, entre ellas la figura del Cristo Negro, venerada cada 21 de octubre por miles de fieles que peregrinan a Portobelo desde distintos puntos del país.
Según el reporte de avance conocido durante la inspección, los trabajos de restauración alcanzan el 56% de ejecución. El plan de intervención comprende la recuperación de la fachada principal, la instalación de una nueva cubierta y la restauración de espacios interiores, con obras específicas en el retablo mayor, el presbiterio, la puerta lateral y el acceso que conecta con la Capilla San Juan.
El corregimiento de Portobelo concentra un conjunto de fortificaciones y edificaciones que datan de los siglos XVII y XVIII, cuando el puerto funcionó como uno de los principales puntos de tránsito de metales preciosos hacia España durante el período colonial. Ese pasado histórico, sumado al estado de conservación de sus estructuras, sustentó la declaratoria de la Unesco, cuyo reconocimiento se extiende también al fuerte de San Lorenzo, en la desembocadura del río Chagres.
La conservación de estas edificaciones corresponde en Panamá al Instituto Nacional de Cultura, entidad responsable de la gestión del patrimonio histórico, que actúa en coordinación con el financiamiento del Órgano Ejecutivo y, en determinados proyectos, con cooperación internacional. Bajo ese esquema institucional se han ejecutado en el país intervenciones sobre bienes patrimoniales protegidos por la normativa de defensa del patrimonio histórico nacional.
El deterioro de las estructuras coloniales de Portobelo ha sido motivo de atención en años anteriores, dado el impacto del clima tropical, la humedad y la exposición marina sobre construcciones de más de tres siglos. Sectores vinculados a la conservación del patrimonio han insistido en la necesidad de un mantenimiento sostenido para evitar el deterioro irreversible de edificaciones que combinan valor arquitectónico, significado religioso y potencial turístico.
La restauración de San Felipe se inscribe también en el interés por fortalecer el atractivo turístico de Portobelo, corregimiento que recibe visitantes por su patrimonio histórico y por su cercanía a playas y a actividades de buceo en la costa caribeña. El turismo cultural y de naturaleza constituye una fuente de ingresos relevante para comunidades de la provincia de Colón, cuya economía ha buscado diversificarse más allá de las actividades vinculadas al Canal de Panamá y a la Zona Libre.
Panamá cuenta con antecedentes de intervención en bienes reconocidos por la Unesco. El Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, inscrito en la lista del organismo en 1997, ha sido objeto de sucesivos programas de recuperación con participación estatal y de la iniciativa privada, un precedente que ilustra el modelo de gestión mixta empleado en el país para la restauración de sitios históricos protegidos.
No trascendieron durante la inspección plazos específicos para la conclusión total de las obras ni el monto de la inversión destinada al proyecto. Tampoco se precisó si la intervención cuenta con financiamiento adicional de organismos internacionales de cooperación cultural, mecanismo empleado en el pasado para proyectos similares de restauración patrimonial en el país.
El seguimiento a este tipo de obras por parte del Órgano Ejecutivo suele acompañarse de reportes periódicos de avance en los que participan las autoridades responsables de la ejecución técnica. Está previsto que en las próximas semanas se ofrezcan precisiones sobre el cronograma restante y la fecha estimada de culminación, así como sobre las actividades para la reapertura del templo a fieles y visitantes, un hito de particular sensibilidad de cara a la festividad del Cristo Negro del 21 de octubre.