Bukele explicó que una ONG hizo llegar los restos en el aeropuerto, pero que no coinciden con los cuatro aerotécnicos capturados en territorio haitiano. Según el mandatario, los restos "corresponden a un niño, a un hombre de una estatura considerablemente mayor que la de nuestros militares y a una persona que portaba un uniforme de un ejército de otro país", lo que contradice las informaciones de diversos medios que apuntaban a que podrían tratarse de los soldados salvadoreños.
El presidente insistió en que entre los restos entregados también se hallaron carnets de identificación y uniformes militares de otros países, lo que refuerza su versión de que no se trata de sus compatriotas. El jueves había ordenado una "operación militar para rescatarlos", subrayando que los cuatro rehenes son técnicos de aviación encargados de tareas de evacuación médica dentro de la misión internacional. "Cuatro compatriotas regresen a casa vivos, sin ningún daño", reiteró como objetivo de la operación.
El viernes aterrizó en Haití un destacamento del Ejército de El Salvador para reforzar la búsqueda de los cuatro militares. Las autoridades salvadoreñas no han divulgado una cifra oficial de efectivos, aunque medios locales sitúan el contingente en torno a los 450 militares desplegados en el país caribeño.
El secuestro se produjo en una emboscada registrada el domingo contra un vehículo de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) en la zona de Santo, dentro del área metropolitana de Croix-des-Bouquets, cercana a Puerto Príncipe. Desde entonces, la GSF ha desarrollado operativos de rastreo con apoyo aéreo que han dejado varios presuntos pandilleros muertos y cuatro efectivos internacionales heridos.
El caso vuelve a poner el foco sobre el deterioro de la seguridad en Haití, un país donde las bandas armadas controlan amplias zonas de la capital y donde la violencia convive con crisis institucionales recurrentes desde el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, un patrón de inestabilidad armada que se repite en otros episodios recientes del continente, como el ataque atribuido al Estado Islámico en Malí.
El representante especial de Naciones Unidas en Haití, Carlos Ruiz Massieu, advirtió recientemente ante el Consejo de Seguridad sobre la evolución de las tácticas criminales en el país.
"Capacidad de las bandas para adaptar sus tácticas a medida que se intensifican las operaciones de seguridad", recurriendo cada vez más a los secuestros y a la toma de rehenes, señaló Carlos Ruiz Massieu, representante especial de la ONU en Haití, ante el Consejo de Seguridad.
La Fuerza de Supresión de Pandillas cuenta en la actualidad con algo más de 1.500 integrantes desplegados sobre el terreno, una cifra muy inferior a los 5.550 agentes que Naciones Unidas tiene autorizados para la misión. Esa brecha entre el despliegue real y el autorizado condiciona la capacidad de respuesta frente a una violencia de bandas que, según el propio representante de la ONU, se adapta con rapidez a cada nueva ofensiva de seguridad.


