La operación se diluyó cuando James descartó la oferta de Golden State y optó por los 76ers. Con la incorporación del histórico anotador ya fuera de la mesa, tanto Green como la directiva de los Warriors acordaron retomar los términos del contrato original que el propio jugador había puesto en pausa semanas atrás para dar margen financiero al club en la puja por James.
Green ha disputado toda su trayectoria en la NBA con los Warriors desde que fue seleccionado en la segunda ronda del Draft de 2012, una permanencia poco habitual en una liga donde los traspasos y las salidas de estrellas son frecuentes. Su continuidad lo mantiene como una de las piezas más longevas del plantel, junto al base Stephen Curry.
Junto a Curry y al escolta Klay Thompson, hoy en los Dallas Mavericks, Green integró el núcleo de la llamada dinastía de los Warriors, que conquistó los campeonatos de la NBA en 2015, 2017, 2018 y 2022. Ese ciclo situó a la franquicia entre los equipos más exitosos de la liga en la última década.
El rendimiento ofensivo del ala-pívot ha decrecido con los años. En la pasada temporada promedió 8.4 puntos y 5.5 asistencias por partido, cifras inferiores a las de sus años de mayor protagonismo dentro del esquema de Golden State. Pese a ello, su aporte defensivo y su liderazgo continúan siendo valorados por el entrenador Steve Kerr.
De haberse concretado el fichaje de James, la previsión era que Green firmara una extensión más larga pero con un salario anual inferior, una fórmula habitual en la NBA para acomodar los límites del tope salarial cuando un equipo busca incorporar a una estrella de alto costo.
El propio Green reveló en un podcast su participación directa en las gestiones para intentar reclutar a James una vez que el alero confirmó su salida de los Lakers, la franquicia con la que ganó el título de la NBA en 2020 y en la que jugaba desde 2018. La decisión de James por Philadelphia cierra su etapa en la franquicia angelina y marca un nuevo giro en una carrera que ha pasado por Cleveland Cavaliers, Miami Heat y Lakers.
La NBA opera bajo un sistema de tope salarial que condiciona este tipo de negociaciones y obliga a los equipos a calcular con precisión el espacio disponible para incorporar o retener jugadores de alto perfil. El caso de Green ilustra cómo esas restricciones pueden alterar el curso de una negociación en cuestión de semanas: el jugador liberó espacio renunciando temporalmente al contrato y, al frustrarse la operación, lo recuperó en sus términos originales.
Para los Warriors, la renovación representa una apuesta por la continuidad de un núcleo que suma más de una década de trayectoria conjunta, en un momento en que la franquicia busca mantenerse competitiva en una Conferencia Oeste marcada por la renovación generacional de varios de sus rivales.
Con la firma de Green resuelta, la atención de los Warriors se centrará ahora en la configuración final de su plantilla de cara a la próxima temporada, que en la NBA arranca tradicionalmente en octubre, mientras el club evalúa otros movimientos en un mercado de fichajes que permanece abierto hasta el inicio de la pretemporada.