Harry y Meghan abandonaron sus funciones como miembros activos de la familia real británica en enero de 2020, en un proceso conocido popularmente como el 'Megxit', tras el cual conservaron sus títulos —duques de Sussex— pero renunciaron a los fondos públicos y a representar a la Corona. Se instalaron primero en Canadá y meses después en Montecito, donde adquirieron su propiedad. Desde entonces, el matrimonio ha desarrollado una carrera propia marcada por contratos con plataformas audiovisuales, la entrevista con Oprah Winfrey en 2021, las memorias de Harry publicadas en 2023 y diversos proyectos empresariales.
El posible regreso a Londres, si se confirma, supondría el cierre de esa etapa californiana. Según The Sun, la pareja habría asegurado ya una vivienda en Reino Unido y plazas escolares para sus hijos, Archie y Lilibet, y la mudanza se produciría este mismo mes. Ni representantes de los duques ni la Casa Real han confirmado oficialmente fechas ni domicilio, por lo que estos extremos deben tomarse con la cautela habitual en informaciones procedentes de círculos cercanos y sostenidas por un solo medio.
Montecito es una comunidad no incorporada del condado de Santa Bárbara, célebre por su discreción, sus medidas de seguridad privada y la concentración de personalidades del mundo del espectáculo. Esa combinación de aislamiento geográfico y vigilancia extrema es, precisamente, uno de los motivos por los que numerosas celebridades eligen residir allí, en una tradición que se remonta a mediados del siglo XX. La privacidad es, según reconoce el propio The Sun, uno de sus grandes atractivos.
En ese contexto, algunos vecinos y trabajadores de comercios locales habrían trasladado al periódico una valoración crítica sobre la relación de los duques con el entorno. Una empleada del Montecito Country Mart fue especialmente contundente sobre la marcha de la pareja: «Me alegro de que se vayan. ¡Qué alivio!», declaró al citado medio. Otra residente identificada como Jennifer, que aseguró haber trabajado en una tienda donde Meghan compraba habitualmente, sostuvo: «Consiguió todas las ideas de otras personas. Nada era original», y añadió que la duquesa «se convirtió en el hazmerreír de Montecito, porque copiaba la estética y las ideas ajenas».
La misma vecina matizó su valoración de cara al futuro del matrimonio: «Espero que encuentren la felicidad. Creo que se han aislado tanto aquí como en el extranjero. Temo por su futuro», declaró a The Sun. Las críticas se suman a otras relacionadas con el estilo de vida de la pareja, marcado por la presencia constante de escoltas, que según algunos testimonios habría generado distancia con una comunidad de vida relativamente discreta.
Otro de los reproches atribuidos a los residentes tiene que ver con las recomendaciones públicas de Meghan sobre lugares de la zona. Una vecina lamentó el efecto sobre una playa local que, según su relato, antes era un espacio apenas frecuentado: «Ahora está masificada y no hay quien vaya. Antes estaba vacía y ahora no hay dónde aparcar». Otra de las voces resumió así el sentir que describe: «No es odio. Es simplemente una creciente conciencia de que son unos aprovechados sin ningún tipo de autocrítica. Todos estamos hartos de ellos».
Frente a estas versiones, fuentes cercanas al matrimonio han desmentido las acusaciones y han insistido, según The Sun, en que el objetivo de instalarse en Montecito fue siempre preservar la «privacidad» familiar, alejada del escrutinio mediático que rodeaba a la pareja en Reino Unido antes de 2020. Ni Harry ni Meghan se han pronunciado públicamente, hasta el momento, sobre los testimonios atribuidos a sus vecinos.
La cobertura mediática del matrimonio ha sido constante desde su salida de la primera línea institucional, alternando episodios de fuerte exposición pública —documentales, entrevistas, publicaciones— con reivindicaciones de derecho a la intimidad, una tensión que ha marcado buena parte del debate sobre su figura en los últimos seis años tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.
Un eventual regreso a Londres reabriría además interrogantes sobre la relación de Harry con su padre, el rey Carlos III, y con su hermano, el príncipe Guillermo, distanciamiento que se agravó tras la publicación de las memorias del duque en 2023 y que hasta la fecha no consta que se haya resuelto formalmente.
Como precedente histórico, la abdicación de Eduardo VIII en 1936 marcó la ruptura más célebre entre un miembro de la Corona británica y su papel institucional: el monarca renunció al trono para casarse con la estadounidense Wallis Simpson y se estableció fuera del Reino Unido con el título de duque de Windsor. Pocos episodios posteriores de alejamiento en la realeza europea han generado un seguimiento mediático comparable al de los duques de Sussex.
De confirmarse la mudanza, quedará por ver si Harry y Meghan optan por recuperar algún tipo de actividad pública vinculada a la Casa Real o si mantienen el perfil independiente asentado en Estados Unidos, ahora trasladado al Reino Unido. Tampoco se ha aclarado si el cambio de residencia implicaría modificaciones en sus compromisos contractuales vigentes en territorio estadounidense. A falta de confirmación oficial, la propia existencia y el calendario de la mudanza siguen pendientes de que las partes se pronuncien.
