El lanzador de martillo francés Yann Chaussinand, segundo mejor del año en su especialidad, resume el fenómeno mejor que cualquier comunicado. "En una disciplina como la nuestra, en la que no se gana dinero, esta competición tiene importancia", subrayaba a mediados de agosto. Su prueba, generalmente muy alejada de los focos, ilustra el contraste que persigue el nuevo torneo: recompensar en efectivo especialidades que durante décadas vivieron de la gloria olímpica y de patrocinadores escasos.
"Todos mis rivales han luchado por clasificarse, ¡es inesperado poder ganar esas cantidades cuando eres lanzador!", añadió Yann Chaussinand, lanzador de martillo francés.
Los números no dejan margen al eufemismo. El campeón de cada prueba cobra 150,000 dólares, más del doble de los 70,000 de un título mundial y el triple de los 50,000 de un récord planetario. El segundo puesto paga 75,000 dólares y el tercero, 40,000. Hasta el decimosexto y último clasificado se lleva 2,000 dólares solo por presentarse. La comparación la subraya el propio Josh Kerr, campeón mundial de 1,500 metros en 2023.
"En relación a una victoria en el Mundial, han superado el doble de la cantidad, lo que muestra la seriedad de la competición y los esfuerzos de los organizadores en términos de marketing e impacto mediático. Para nosotros supone una oportunidad enorme", destacó Josh Kerr, campeón mundial de 1,500 metros.
El pulso de Coe con el COI
La Federación Internacional del Atletismo, que preside Sebastian Coe, fue en 2024 la primera en repartir primas a los campeones olímpicos —50,000 dólares por cabeza—, una iniciativa que generó malestar en el Comité Olímpico Internacional. Coe defiende ese giro como una cuestión de bienestar del deportista y celebra el nuevo hito de Budapest como el mayor reparto económico de la historia de su disciplina.
"Para mí, las primas son el tercer pilar, del que nadie habla, sobre el bienestar de los atletas. Están la salud física y la salud mental, pero nada puede existir sin estabilidad financiera", subrayó Sebastian Coe, presidente de la Federación Internacional del Atletismo.
El entusiasmo convive con un antecedente reciente de fracaso. El año pasado, el exatleta estadounidense Michael Johnson lanzó el Grand Slam Track, un circuito que prometía duelos entre las estrellas mundiales con contratos y primas ya elevadas, pero que terminó siendo un fiasco sin completar su primera edición por problemas de dinero. Kerr, sin restar mérito a la intuición del proyecto, valoró que "desde el punto de vista del marketing creo que habían visto bien la situación. Todo el mundo se dio cuenta de que así es el mundo en el que ahora vivimos".
Incluso para las figuras de mayores ingresos, las primas suponen un salto. La velocista estadounidense Melissa Jefferson-Wooden, campeona mundial de 100 y 200 metros, celebró el avance sin triunfalismo: "Un prize money así es realmente impresionante. Es un paso en la buena dirección, aunque todavía quede trabajo para que todos los atletas puedan ser remunerados a su justo valor". Kerr coincidió en que el atletismo va "en la buena dirección", aunque recordó que "hay otros deportes en los que se gana todavía más" y que esos avances "requieren años y años de marketing".
La tentación de comparar con el efímero circuito de Michael Johnson planea sobre Budapest. Entre viernes y domingo, con diez millones de dólares en juego, el atletismo se permite pagar a sus mejores exponentes lo que durante más de un siglo reservó a la gloria; la prueba será si el modelo sobrevive a su primera edición, algo que el Grand Slam Track no logró.