El trabajo reconstruye históricamente el ecosistema a partir de las interacciones mutualistas conocidas entre especies y sitúa el origen del problema en la tala del cedro canario, un árbol que llegó a formar bosques extensos en las cotas altas de Tenerife antes de su explotación maderera. Hoy quedan, según los datos recogidos por La Provincia, apenas 1.250 ejemplares en todo el parque.
La pérdida de esta especie desencadenó un efecto en cascada sobre el resto del ecosistema de alta montaña. De las seis especies de plantas con frutos carnosos que habitan el Teide, cuatro están amenazadas, entre ellas la bencomia de cumbre (Bencomia exstipulata), el moralito (Rhamnus integrifolia) y la rosa del Teide (Rosa canadas-teydensis), de la que solo se documenta un centenar de individuos.
Uno de los mecanismos más afectados es la dispersión de semillas, esencial para la reproducción y expansión de las plantas del parque. Aves que históricamente cumplían esa función, como el mirlo común, el mirlo capiblanco o el petirrojo tinerfeño, tienen hoy una presencia escasa en la zona.
Aves sustituidas por reptiles
En su lugar, algunos reptiles han asumido parcialmente esa tarea, aunque con una eficacia mucho menor: al recorrer distancias más cortas que las aves, no logran garantizar la regeneración del bosque en las mismas condiciones que antaño. El estudio calcula que, en conjunto, el parque funciona actualmente al 30% de su capacidad ecológica original, un sistema debilitado en el que las conexiones entre especies se han reducido de forma sustancial.
La fauna frugívora que depende de estas plantas también acusa el deterioro. Según la investigación, al menos cuatro de las nueve especies animales registradas en la zona están bajo alguna figura de protección especial, lo que ilustra hasta qué punto la cadena ecológica del Teide dependía de un equilibrio hoy roto.
La gestión del parque, coordinada por la empresa pública Gesplan, contempla un plan de repoblación del cedro canario dotado con 1,1 millones de euros y horizonte en 2026. Los investigadores insisten en que esas acciones deben reforzarse con medidas adicionales, entre ellas limitaciones al turismo masivo y a actividades como la apicultura o determinadas pruebas deportivas que se celebran en el entorno del volcán.
El caso del Teide se suma a otros trabajos recientes que ponen el foco en el patrimonio natural y cultural español, un terreno en el que los ensayos sobre el territorio y sus transformaciones ganan espacio en la conversación pública, como muestra un ensayo de Llucía Ramis sobre la mudanza como derrota del inquilino.
El Parque Nacional del Teide, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2007, es uno de los espacios naturales más visitados de España. El plan de repoblación del cedro canario, con su horizonte fijado en 2026, constituye por ahora la principal respuesta institucional al deterioro descrito por la investigación.

