El reclamo de los apicultores no se basa tanto en la depredación directa del ave sobre las abejas como en el efecto disuasorio de su presencia continuada junto a los colmenares. Según COAG Castilla y León, las colonias permanecen recluidas durante las horas de mayor actividad por miedo al abejaruco, lo que impide la reposición de población y provoca un desgaste progresivo hasta el colapso de la colmena.
"Cada vez que muere una colmena, y estos días en Castilla y León están muriendo a miles, el apicultor pierde 120 euros", explica COAG Castilla y León.
La organización cifra en hasta 120.000 euros las pérdidas de un profesional con 3.000 colmenas. El sector es amplio: la comunidad cuenta con más de 6.400 explotaciones apícolas y unas 425.000 colmenas registradas, según los datos que maneja el propio sector. Las reclamaciones se concretan en dos puntos: autorizar el control poblacional en las zonas con más daños documentados y una línea de ayudas equiparable a la que compensa los ataques de lobos u osos a la ganadería.
Una PNL registrada el 13 de agosto
El conflicto ha trascendido ya el ámbito agrario para llegar a la política autonómica. El 13 de agosto se registró en las Cortes de Castilla y León una proposición no de ley (PNL/000188-01) que insta a la Junta a estudiar planes de control poblacional en las zonas más afectadas, habilitar compensaciones económicas y apoyo técnico para los apicultores, y elaborar un estudio sobre el impacto real del ave. COAG ya había elevado sus quejas en un comunicado de abril en el que calificaba la situación de "inaguantable" y denunciaba que deja al sector "una vez más abandonado a su suerte".
A esas reivindicaciones se suman otras de carácter estructural, como la competencia de la miel importada a bajo precio o el rechazo al acuerdo comercial con Mercosur, que los productores temen que abra aún más la puerta a las importaciones.
El abejaruco, especie protegida
Cualquier intervención sobre el ave tropieza con su estatus de protección. El abejaruco europeo (Merops apiaster) figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, aunque no está incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, lo que exige una autorización administrativa excepcional para reducir sus poblaciones. El III Atlas de las aves en época de reproducción en España documentó un crecimiento del 7% en su área de distribución respecto al atlas anterior, con una expansión notable hacia provincias como Burgos, Palencia y León. A ese avance se suma que la sequía, las heladas tardías y el calor extremo de 2026 ya habían debilitado muchas colonias.
Los conservacionistas matizan el alcance del daño que denuncian los apicultores. Un trabajo de la Universidad de Murcia, dirigido por el profesor Francisco Robledano, calculó que cada abejaruco consume unas 1.500 abejas obreras durante los seis meses que pasa en la península. SEO/BirdLife sitúa esa depredación en apenas el 2% de las abejas de una colmena, una merma que la colonia repondría de forma natural. La organización ecologista defiende que apicultura y conservación son compatibles y remite a las soluciones que identificó el Ministerio de Agricultura: mallas de sombreo, redes laterales de plástico junto a las colmenas y puntos de agua para las aves, estructuras temporales que se instalan entre junio y agosto y que permiten proteger 80 colmenas por menos de 1.000 euros. Los disparos al aire, el ruido o la cetrería resultaron, en cambio, ineficaces.
Los momentos de mayor presión se concentran en agosto, cuando las aves se agrupan cerca de los colmenares antes de iniciar la migración hacia África. Con el otoño ya estrenado, la mayoría de los abejarucos ha abandonado la península y no regresará hasta abril, cuando arrancará una nueva temporada apícola.


