Antes de convertirse en una de las actrices más reconocibles de España gracias a su trabajo con Pedro Almodóvar y a personajes televisivos como Paloma Hurtado en 'Aquí no hay quien viva' o Menchu en 'La que se avecina', León creció en una Barceloneta muy distinta a la actual. Era la hija menor de una familia andaluza: su padre procedía de Lora del Río y su madre de La Puebla de los Infantes, ambos municipios de la provincia de Sevilla, y ambos emigraron muy jóvenes a Cataluña.
En aquella vivienda convivían, además del núcleo familiar, empleados del negocio y otros parientes. «En casa había dependientes. Nosotros teníamos un sótano y los dependientes de la churrería iban al sótano, pero arriba estaban mi padre, mi madre, mi abuela, mis tres hermanas, la hermana de mi padre, la modista. O sea, que éramos muchísimos, pero nos apañamos en 30 m² y un sótano», detalló la actriz en esa conversación radiofónica.
La vivienda carecía de comodidades hoy consideradas básicas. Según el relato de León, no había ducha dentro del hogar: su padre improvisó una instalación con una tubería para tener agua corriente, aunque solo fría. Esa carencia explica el papel central que ocupaba la playa en la vida cotidiana del barrio. «Nosotros en la Barceloneta casi todos somos del club de la playa. Ahí es donde hacías la vida, dijéramos higiénica, porque te bañabas mucho y te duchabas siempre y todo el rollo», explicó. La infancia, insistió, transcurría fuera de casa: «La vida la hacíamos en la calle».
La entrevista abordó también la represión que marcó los inicios de León como artista, durante los últimos años del franquismo. La actriz describió cómo la vigilancia policial condicionaba la actividad teatral que se saliera de lo permitido por el régimen.
«Nosotros, haciendo teatro independiente, no lo podíamos hacer porque a la mínima teníamos la policía y la secreta allí esperándonos. A la que salía la palabra 'libertad' nos llevaban a todos presos a la vía Layetana a torturarte», relató Loles León.
La comisaría de la Vía Laietana de Barcelona ha sido señalada históricamente como escenario de torturas a detenidos políticos durante la dictadura, una práctica documentada por asociaciones memorialistas desde la Transición. El testimonio enmarca la actividad teatral al margen del régimen en un periodo en el que la censura era sistemática.
León fue tajante al rechazar cualquier idealización de aquella época. «Todos estos que dicen que vuelvan esos tiempos están como un poquito chalados. No entienden nada. Pero bueno, lo dicen porque no han vivido eso, porque no saben. Es una ignorancia supina», afirmó en la misma entrevista.
El testimonio se suma a otras piezas de la sección que cruzan trayectorias y memoria cultural, como la que recoge un verso de Goethe sobre la crianza convertido en lectura generacional.

