El verano boreal de 2026 volvió a colocar en el centro del debate público la relación entre el cambio climático y la mortalidad asociada al calor. Francia registró más de 2,000 fallecimientos durante una ola de calor sin precedentes a finales de junio, mientras que en Inglaterra y Gales los científicos estimaron más de 2,700 muertes relacionadas con el aumento de las temperaturas desde mayo, de acuerdo con datos difundidos por la BBC. En Estados Unidos se contabilizaron al menos 44 muertes vinculadas al calor durante el fin de semana festivo del 4 de julio.
Jennifer Marlon, investigadora de la Universidad de Yale especializada en los efectos del calor extremo, advirtió que el fenómeno actual no es comparable al de hace una década. “La gente no se da cuenta de que este calor no es el mismo que experimentábamos hace diez años; de hecho, es peor, porque en muchos casos las temperaturas nocturnas no bajan”, señaló a la cadena británica. La ausencia de un descenso térmico nocturno impide que el cuerpo humano se recupere del desgaste acumulado durante el día, un factor que los especialistas consideran determinante en el incremento de la mortalidad.
Una ciudad que lleva años anticipando el calor
Frente a ese panorama, el condado de Maricopa —donde se ubica la ciudad de Phoenix— exhibe una trayectoria distinta. Se trata de una de las zonas con temperaturas más altas de todo el territorio estadounidense y, por esa razón, ha sido pionera en desarrollar políticas públicas de adaptación al calor extremo. En 2021 se convirtió en la primera ciudad del mundo en designar a un responsable dedicado exclusivamente a coordinar la respuesta institucional ante las olas de calor.
Nicholas Staab, director médico del condado de Maricopa, explicó a la BBC que la anticipación ha sido clave. “Hemos tenido la ventaja relativa de saber que esto va a ser un problema cada año, pero parece que se está convirtiendo cada vez más en un problema o en un fenómeno predecible en comunidades de todo el mundo”, afirmó. Esa previsibilidad permitió diseñar protocolos estacionales que otras localidades apenas comienzan a plantear.
Los resultados, según los datos citados por la cadena británica, respaldan la eficacia del enfoque. Las muertes relacionadas con el calor en el condado alcanzaron un máximo de 645 en 2023 y descendieron a 405 en 2025. Diversos especialistas atribuyen buena parte de esa caída a los cambios en las políticas públicas implementadas en ese periodo, aunque advierten que la tendencia no está garantizada de manera permanente.
El grueso de las intervenciones se concentró en ampliar el acceso al aire acondicionado, dado que un porcentaje significativo de las muertes por calor documentadas correspondió a personas de bajos ingresos o en situación de calle. El condado habilitó espacios refrigerados de acceso gratuito y constante, algunos con horario extendido las 24 horas, para que la población vulnerable pueda resguardarse del calor sin costo alguno. Un programa adicional permite a los residentes que cumplan determinados requisitos socioeconómicos obtener la reparación o sustitución gratuita de sus equipos de aire acondicionado.
Marlon, la investigadora de Yale, sostuvo que la experiencia acumulada en Arizona tiene valor universal: “El mundo tiene mucho que aprender del condado de Maricopa”, dijo a la BBC. No obstante, las cifras más recientes obligan a matizar el optimismo: hasta el 11 de julio de este año, el condado había registrado 23 muertes confirmadas relacionadas con el calor y mantenía otras 282 bajo investigación. De confirmarse ese número final, superaría el registrado en 2025, lo que evidencia que ni siquiera el modelo más consolidado del mundo en esta materia logra eliminar por completo el riesgo.
Ladd Keith, director de la Iniciativa de Resiliencia frente al Calor de la Universidad de Arizona, planteó a la BBC que otras ciudades y países podrían replicar el esquema de Phoenix mediante la designación de un responsable de calor que coordine la respuesta institucional y la comunicación de riesgos a la ciudadanía. La figura, según explicó, no requiere grandes estructuras para comenzar a operar.
Qué implica el modelo para el trópico panameño
La discusión resulta pertinente para Panamá, un país tropical donde las temperaturas percibidas en zonas urbanas como la capital han generado creciente preocupación entre las autoridades de salud pública, aunque el istmo no enfrenta olas de calor de la magnitud registrada en Europa o el suroeste estadounidense. El Ministerio de Salud ha emitido en años recientes recomendaciones estacionales frente a golpes de calor, particularmente durante la estación seca, sin que hasta la fecha exista en el país una figura equivalente al responsable de gestión de calor implementado en Maricopa.
La experiencia de Phoenix se enmarca en una discusión más amplia sobre adaptación climática que organismos como la Organización Mundial de la Salud han impulsado en distintos foros internacionales, orientada a que los gobiernos locales incorporen protocolos de alerta temprana y refugios climáticos en su planificación urbana. El caso de Arizona ofrece, según los especialistas consultados por la BBC, evidencia empírica de que las políticas focalizadas en poblaciones vulnerables pueden traducirse en una reducción medible de la mortalidad, incluso en un contexto de temperaturas cada vez más extremas. El desenlace de la temporada de 2026 en el condado, con las 282 muertes aún bajo investigación, marcará el próximo hito para evaluar si el descenso de los dos años previos se sostiene.