El mecanismo no implica que la planta fabrique oro, sino que sus raíces captan partículas metálicas disueltas y las transportan por el sistema vascular hasta acumularlas en tejidos foliares. Las especies capaces de concentrar cantidades anómalamente altas de metales se denominan hiperacumuladoras, y el metal puede recuperarse posteriormente mediante la incineración de la biomasa vegetal.
En terrenos donde la concentración de oro es demasiado baja para justificar una explotación minera convencional, los científicos añaden agentes químicos que facilitan su disolución y absorción por la raíz. Estudios realizados en Australia constataron que los eucaliptos que crecen sobre yacimientos auríferos pueden acumular hasta 80.000 partes por billón (ppb) de oro, muy por encima de los niveles detectados en árboles situados en zonas sin depósitos subterráneos.
Esa diferencia convierte a los ejemplares en una suerte de sensor biológico: basta con analizar sus hojas para inferir la posible presencia de reservas sin recurrir a sondeos geológicos costosos ni a maquinaria pesada, según plantea la literatura científica sobre fitominería. El método, apuntan sus defensores, no altera el ecosistema circundante.
El hongo Fusarium oxysporum y el oro
Un equipo de la CSIRO publicó en Nature Communications un hallazgo relacionado: el hongo Fusarium oxysporum sería capaz de transformar minerales en nanopartículas de oro en su propia superficie. El responsable del estudio, Tsing Bohu, explicó que el organismo absorbe metales como calcio, hierro y aluminio y los convierte en oro, lo que sugiere que no solo las plantas, sino también ciertos microorganismos, participarían en procesos naturales de concentración de metales preciosos.
Ese trabajo habría impulsado el desarrollo de nuevos métodos de fitominería aplicables incluso a cultivos controlados en suelos tratados con compuestos que favorecen la absorción del metal, aunque las concentraciones obtenidas siguen siendo demasiado bajas para una explotación comercial a gran escala. Entre las aplicaciones experimentales se plantea la agrominería doméstica, con especies como la mostaza india o el eucalipto cultivadas con fines educativos.
Níquel al 25% en savia tropical
La investigación no se limita al oro. El especialista en agrominería Antony van der Ent, de la Universidad de Queensland, ha descrito plantas tropicales capaces de contener hasta un 25% de níquel en su savia, lo que abriría la puerta a aprovechar su biomasa como fuente sostenible de materias primas. En Malasia se habrían ensayado ya «granjas de metales» con rendimientos de entre 200 y 300 kilogramos de níquel por hectárea al año.
Más allá del rendimiento económico, la fitominería se estudia como herramienta para descontaminar suelos degradados por actividad industrial o minera, ya que las plantas hiperacumuladoras retiran metales tóxicos del terreno y permiten recuperar metales de relaves mineros. El enfoque conecta con otras líneas de biomímesis aplicadas a la sostenibilidad, como un cemento inspirado en la piel de elefante que enfría las fachadas.
Aunque la tecnología permanece en fase experimental, sus promotores la plantean como complemento a la exploración minera tradicional y como alternativa de menor impacto ambiental, en un contexto en que la demanda de materias primas críticas sigue al alza. Por ahora, las concentraciones de oro obtenidas no bastan para una producción comercial.


