El geranio de las dolomías debe su nombre a un requisito ecológico extremadamente restrictivo: solo puede desarrollarse sobre pequeñas formaciones de roca dolomítica, un sustrato calcáreo poco frecuente en la comarca berciana y rodeado, en la mayoría de los casos, por suelos ácidos donde la planta no logra prosperar. Esa dependencia de un hábitat tan acotado convierte a la especie en lo que los botánicos denominan un microendemismo: un organismo cuya distribución mundial se limita a un territorio ínfimo, en este caso circunscrito a los Montes Aquilianos.
Los recuentos más recientes, adaptados a la naturaleza rizomatosa de la planta —que se reproduce también mediante tallos subterráneos y no solo por semilla—, sitúan la población total en torno a 13.000 ejemplares, según los datos manejados por la Universidad de León. La cifra corrige a la baja estimaciones previas más elevadas y refleja una metodología de conteo más precisa, aunque no despeja las dudas sobre la viabilidad a medio plazo de una especie con una base tan reducida.
A la escasez numérica se suma un problema reproductivo de fondo: la viabilidad de las semillas del Geranium dolomiticum es muy baja y la regeneración natural resulta insuficiente para compensar las pérdidas de ejemplares adultos. Esta combinación de factores —hábitat mínimo, escasa capacidad reproductiva y amenazas externas crecientes— ha llevado a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a clasificar la especie como «Críticamente Amenazada», la categoría más grave antes de la extinción en estado silvestre.
Un incendio arrasó más de la mitad de un núcleo
De las amenazas identificadas, los incendios forestales son la más severa en la actualidad. Según los datos recopilados por la Universidad de León, el fuego registrado el verano pasado destruyó aproximadamente el 56% de los rodales ocupados por la población de Peñas de Ferradillo, uno de los dos únicos núcleos reproductores conocidos de la especie en todo el planeta. Un porcentaje de esa magnitud, aplicado a una población ya de por sí reducida, sitúa a esta subpoblación en un umbral de vulnerabilidad extremo.
Los Montes Aquilianos, la sierra donde se ubica el hábitat de la planta, forman parte de una comarca con una larga tradición de incendios estivales asociados al abandono rural, la acumulación de matorral y las condiciones de sequía prolongada. El aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de olas de calor en el noroeste peninsular agravan el riesgo de incendio y, según los investigadores que siguen la especie, dificultan también la germinación de las escasas plántulas que logran brotar cada temporada.
El fuego no es, sin embargo, el único factor de riesgo. La actividad extractiva vinculada a canteras de caliza situadas en las inmediaciones del hábitat dolomítico modifica directamente la estructura rocosa de la que depende la planta para arraigar. A esto se suma la presión del pastoreo y el tránsito creciente de senderistas por una zona de montaña cada vez más frecuentada, cuyo pisoteo puede compactar el suelo y dañar ejemplares que, por su porte reducido y su color similar al del sustrato, pasan fácilmente inadvertidos.
El Comité de Fauna y Flora Silvestre, órgano técnico que asesora al Ministerio para la Transición Ecológica en materia de especies protegidas, ha respaldado la inclusión del geranio de las dolomías en el Catálogo Español de Especies Amenazadas bajo la categoría de «en peligro de extinción». Ese catálogo, regulado por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, obliga a las administraciones competentes —en este caso la Junta de Castilla y León— a elaborar planes de recuperación con medidas de gestión concretas sobre el terreno.
La situación del Geranium dolomiticum no es un caso aislado dentro de la flora endémica española. Desde la Transición, la protección de especies vegetales de distribución extremadamente reducida ha sido una asignatura pendiente en las políticas de conservación, más centradas históricamente en la fauna vertebrada. Casos como el de la Silene diclinis en la Comunidad Valenciana o el Limonium malacitanum en la costa andaluza ilustran una dinámica similar: plantas con áreas de apenas unas hectáreas, sometidas a amenazas puntuales —una obra, un incendio, una cantera— capaces de comprometer su existencia global en pocos meses.
Reclaman un plan de recuperación con actuaciones sobre el terreno
La Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas reclama la puesta en marcha de un plan de recuperación específico que vaya más allá del reconocimiento legal, con actuaciones directas: cerramientos que limiten el acceso a los rodales más vulnerables, restauración de la vegetación tras los incendios y seguimiento demográfico continuado de ambas poblaciones. La protección catalogada, subrayan estos especialistas, constituye un paso necesario pero no suficiente si no va acompañada de recursos y de una gestión activa del hábitat.
Paralelamente a las medidas de conservación in situ, la Universidad de León mantiene un acuerdo con el Banco de Germoplasma de la Universidad de Salamanca para almacenar semillas procedentes de las dos poblaciones conocidas. Esta estrategia de conservación ex situ no sustituye la preservación del hábitat natural, pero actúa como salvaguarda genética ante un eventual colapso de las poblaciones silvestres y permitiría, en el futuro, programas de reintroducción si las condiciones del terreno lo hacen viable.
El caso del geranio de las dolomías reabre el debate sobre la financiación de la conservación de la flora amenazada en España, tradicionalmente menos visible que la de especies animales emblemáticas. La inclusión definitiva en el Catálogo Español de Especies Amenazadas abriría la puerta a la elaboración de un plan de recuperación formal, cuya redacción y aplicación corresponderían a la Junta de Castilla y León en coordinación con el Ministerio para la Transición Ecológica, sin que por el momento se haya fijado un calendario público para su tramitación.
