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La OCDE prevé que España cierre 2026 con una inflación del 3,7%, la tercera del siglo

El INE situó el IPC de agosto en el 4,3% interanual, su cota más elevada desde febrero de 2023, por el encarecimiento de los carburantes.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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La OCDE prevé que España cierre 2026 con una inflación del 3,7%, según su informe económico de septiembre, una tasa que en lo que va de siglo solo superan el 4,1% de 2008 y el 8,4% de 2022, según los datos históricos del Banco Mundial citados en el análisis. El dato llega después de que el INE situara el IPC de agosto en el 4,3% interanual, siete décimas más que en julio.

La cifra de agosto, la más alta desde febrero de 2023, estuvo impulsada principalmente por el encarecimiento de los carburantes, según el INE. En términos mensuales los precios subieron un 0,7%, cuatro décimas más que en julio y el mayor incremento para ese mes desde 1992, de acuerdo con la serie histórica del organismo estadístico.

La previsión de la OCDE, elaborada con datos anteriores al avance del IPC de septiembre, podría quedarse corta si se confirma la aceleración de los últimos meses. El indicador adelantado de septiembre situó la inflación cerca del 5%, un nivel que, de consolidarse en la lectura definitiva, dejaría la previsión del organismo internacional por debajo de la realidad.

De mantenerse ese ritmo durante los próximos meses, España podría terminar 2026 con la segunda mayor subida de precios del siglo, solo por detrás del 8,4% de 2022. El escenario supone una presión adicional para los hogares, que afrontan un encarecimiento acumulado de productos y servicios.

Comparación con la serie desde 2000

El 3,7% previsto para 2026 superaría tasas que en su momento se consideraron elevadas: el 3,5% de 2023, el 3,2% de 2011 o el 2,7% de 2024. La singularidad del dato no es solo su magnitud, sino que llega tras varios ejercicios consecutivos de encarecimiento acumulado, lo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares de forma sostenida y no puntual.

Los datos históricos del Banco Mundial sitúan 2022 como un año excepcional marcado por la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania y la ruptura de cadenas de suministro tras la pandemia. El repunte actual no responde a un choque externo de esa magnitud, lo que añade incertidumbre sobre sus causas internas.

El impacto de la inflación depende, en última instancia, de si los salarios acompañan la subida de precios. Cuando el coste de la vida crece por encima de las rentas del trabajo, el resultado es una pérdida de poder adquisitivo que afecta con mayor intensidad a los hogares con menor margen de ahorro.

El encarecimiento se produce en paralelo a otras tensiones sobre la economía doméstica. El mercado inmobiliario sigue tensionado: el metro cuadrado en Madrid cerró septiembre en 6.458 euros, un 2,4% más en un año, lo que añade presión a un capítulo de gasto ya de por sí elevado para buena parte de las familias.

El encarecimiento de la vivienda también ha entrado en la agenda política. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, prometió aprobar un plan de vivienda en el primer mes de gobierno y construir un millón de casas, una propuesta que incidiría sobre uno de los componentes que más ha contribuido al deterioro del poder adquisitivo en los últimos años.

El Banco Central Europeo fija el objetivo del 2%

España ya atravesó episodios de inflación elevada en democracia, como el repunte de precios de principios de los años noventa o el que siguió a la crisis financiera de 2008, cuando la tasa alcanzó el 4,1%. En ambos casos la respuesta de política monetaria corrió a cargo del Banco Central Europeo, cuyo mandato de estabilidad de precios fija como objetivo una inflación del 2% a medio plazo para el conjunto de la eurozona.

El margen de maniobra del Gobierno para contener la inflación es limitado, dado que la política monetaria —tipos de interés, compra de activos— es competencia exclusiva del Banco Central Europeo desde la integración de España en la moneda única. Las políticas nacionales pueden actuar sobre factores concretos, como la fiscalidad de los carburantes o las ayudas directas, pero no sobre el nivel general de precios de forma directa.

El escenario económico español convive con un clima empresarial que prioriza la adaptación frente al recorte puro de gastos. Una muestra es que los directivos españoles priorizan la transformación frente al recorte de costes que domina en otras economías europeas, una estrategia que puede verse condicionada si la inflación erosiona los márgenes empresariales de forma prolongada.

El dato definitivo del IPC de septiembre, que el INE publicará en las próximas semanas, será la referencia que confirme o corrija la trayectoria apuntada por el indicador adelantado. De situarse cerca del 5% como anticipó el avance, la previsión de la OCDE del 3,7% para el conjunto de 2026 quedaría superada antes de que acabe el año.

Fuentes

  1. La Gaceta de la Iberosferagaceta.es

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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