La imagen procede de la cámara EPIC, instalada en el satélite DSCOVR, que observa la Tierra completa desde el punto de Lagrange L1, a unos 1,5 millones de kilómetros de distancia. En ella asoman el huracán Polo frente a la península de Baja California, el huracán Nolo rondando Hawái, la tormenta tropical Rachel frente a la costa suroeste de México y el ciclón postropical Odalys, ya degradado. Para el primer plano sobre Baja California Sur, la NASA recurrió al instrumento VIIRS del satélite Suomi NPP, que retrató a Polo el 28 de septiembre mordiendo la costa mexicana.
El recorrido de Polo ilustra la velocidad con la que estas tormentas pueden crecer sobre aguas inusualmente cálidas. El sistema saltó a categoría 5 el 22 de septiembre, un salto que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) calificó de intensificación explosiva. Al aproximarse a la costa perdió fuerza y tocó tierra en Baja California Sur hacia las 23:00 hora local del 28 de septiembre, probablemente como categoría 2. No fue su último contacto con tierra firme: cruzó la península, atravesó el golfo de California y volvió a tocar tierra cerca de Guaymas, ya debilitado, hacia el mediodía del 29 de septiembre.
El NHC advirtió de vientos peligrosos, marejada ciclónica y lluvias con riesgo de inundaciones y deslizamientos en Baja California Sur y Sonora. Los restos de Polo, mezclados con la humedad de Odalys, apuntaban hacia el suroeste de Estados Unidos, donde podían dejar varios días de aguaceros y crecidas repentinas.
Nolo anega Maui sin tocar tierra
Nolo no llegó a tocar tierra, pero su efecto fue comparable. El huracán descargó más de 30 centímetros de lluvia sobre partes de Maui y de la Isla de Hawái, inundó carreteras, derribó árboles y provocó deslizamientos, según los informes recogidos por el Earth Observatory de la NASA. El archipiélago se libró, eso sí, de la magnitud de los daños que había dejado el huracán Lala a mediados de agosto. El programa de desastres de la NASA, en coordinación con la agencia federal FEMA, apoya la respuesta del estado de Hawái y prevé publicar mapas y datos en su portal de acceso abierto conforme se procesen.
El motor de esta temporada hiperactiva tendría nombre propio: un episodio de El Niño en marcha desde junio, que los científicos asocian habitualmente con un repunte de la actividad ciclónica en esta cuenca. El agua cálida del Pacífico ecuatorial y la baja cizalladura del viento —la diferencia de velocidad entre las capas altas y bajas de la atmósfera— facilitan que las tormentas se formen y se intensifiquen en lugar de disiparse. Dicho de otro modo: El Niño calienta el combustible en superficie y despeja el techo atmosférico, de modo que a un sistema incipiente le basta ese contexto para crecer con rapidez.
La fuerza de un episodio de El Niño no es nueva en el Pacífico oriental: el de 2015, uno de los más intensos registrados, impulsó aquel año una temporada récord en el noreste del océano, con un número de huracanes muy por encima de la media. El episodio actual repite ese patrón de aguas ecuatoriales anormalmente cálidas, el combustible que alimenta a estos sistemas. Conviene, aun así, resistir la tentación de leer una sola temporada como una sentencia climática: la variabilidad natural de estas cuencas es amplia y El Niño basta para explicar buena parte del exceso, aunque el dato de la energía ciclónica acumulada —más que duplicada— es el tipo de señal que los climatólogos observan con atención.
Hasta el 28 de septiembre, las cuencas del noreste y el centro del Pacífico sumaban 20 tormentas nombradas, nueve de ellas con fuerza de huracán, frente a la media de 13,5 tormentas y 7,4 huracanes que registra el periodo de referencia 1991-2020. Más allá de este cuadro simultáneo, el seguimiento por satélite permite medir fenómenos cada vez más extremos: una expedición hispano-argentina viajará en diciembre a los Andes para examinar un posible geoglifo, muestra de cómo la observación remota reorienta la exploración científica. La NASA mantiene abierto el seguimiento de la cuenca y su programa de desastres continuará publicando los mapas de Nolo conforme se procesen los datos sobre el terreno.

