El episodio que marcó su giro profesional ocurrió durante una guardia como neurocirujano en el Gregorio Marañón: una mujer de 30 años sufrió la rotura de un aneurisma cerebral mientras entrenaba en el gimnasio. La intervención, según cuenta, salió técnicamente perfecta, pero la paciente llegó demasiado tarde al hospital. Salió en silla de ruedas, con dificultades para hablar y con gran parte de su memoria, su movilidad y su independencia perdidas.
«Su enfermedad se podía haber evitado», asegura Hernández Poveda sobre aquel caso, que coincidía en edad con la suya propia y le hizo someterse a pruebas preventivas para descartar el mismo riesgo. No tenía ningún aneurisma, pero el episodio actuó como detonante para reorientar su carrera hacia la prevención en lugar del tratamiento una vez declarada la enfermedad.
Al plantearse abrir una clínica centrada en la longevidad, relata, acudió a un banco a pedir financiación y se la denegaron por falta de un plan de negocio. Lo elaboró entonces con ayuda de ChatGPT y volvió a presentarlo, esta vez con éxito. Así nació la primera clínica Age Reversal en Mallorca, un proyecto que hoy cuenta también con sedes en Barcelona y Madrid y que acaba de sumar una colaboración con el Hospital Memorial Publio Cordón.
El modelo asistencial que describe se articula en una jornada única que combina analíticas avanzadas, pruebas de imagen y evaluaciones cardiovasculares y funcionales. El equipo médico analiza después los resultados para diseñar un protocolo individualizado e iniciar una fase de seguimiento continuado, con el objetivo de mantener el organismo en un estado óptimo antes de que se manifieste cualquier patología.
Inteligencia artificial contra la atrofia cerebral
Para la prevención del alzhéimer, Hernández Poveda explica que emplean herramientas de inteligencia artificial que analizan distintas áreas del cerebro en busca de atrofias o pérdida de volumen, además de biomarcadores como la proteína amiloide, la toxicidad neuronal y las variantes del gen ApoE. «La genética te da una probabilidad, no una sentencia», sostiene, y apunta que ese riesgo se puede reducir con ejercicio físico, la dieta mediterránea o la dieta MIND y una adecuada higiene del sueño.
«Muchos pacientes quieren rejuvenecer de dentro hacia fuera. Mejorar los marcadores de inflamación y metabolismo, la masa muscular., cambia tu piel, te ves mejor y con más energía», José Hernández Poveda, neurocirujano especialista en longevidad.
Sobre la enfermedad cardiovascular, que describe como la principal causa de muerte a nivel global, afirma que un paciente de 30 años sin daño previo que se someta a su programa «nunca va a tener un infarto», una garantía que matiza para edades más avanzadas: «Si tiene 50 o 70 años y un daño establecido, no puedes hacer las mismas promesas». Las promesas de detección precoz han generado controversia en el ámbito médico: la propia comunidad científica mantiene un debate abierto sobre los límites de la prevención, como refleja la reciente polémica por la que el equipo de Fernando Simón desmintió a Mónica García sobre el aumento de la tuberculosis.
El concepto de edad biológica, según describe, se construye combinando parámetros como la capacidad cardiopulmonar, la composición corporal, la inflamación crónica, el volumen cerebral, la función cardíaca, el daño epigenético y el microbioma. Cada indicador aporta un rango de edad propio que, combinado, permite estimar el estado real de envejecimiento de una persona más allá de la fecha que figura en su documento de identidad.
«No medimos nada que no podamos intentar mejorar», resume Hernández Poveda sobre la filosofía de su modelo, en el que cada prueba, sostiene, busca ser accionable para modificar el pronóstico del paciente antes de que la enfermedad se manifieste.

