El informe, titulado 'Situación de la tuberculosis en España 2026', llega dos meses después de que García visitara Ceuta tras la llegada masiva de inmigrantes del 30 de julio y respondiera a los profesionales sanitarios que reclamaban más control de infecciones. La ministra defendió entonces, a mediados de agosto, que vincular origen y enfermedad carecía de fundamento.
«Asociar inmigración con enfermedad es injusto y xenófobo. Los inmigrantes no traen enfermedades, pueden enfermar ahora por condiciones de insalubridad», Mónica García, ministra de Sanidad, en su visita a Ceuta a mediados de agosto.
García mantuvo esa tesis durante las semanas de crisis en la ciudad autónoma, donde se registraron casos de sarna, tuberculosis y varicela. El informe de su propio departamento aporta ahora cifras que matizan ese marco: la tasa de notificación en población nacida en España fue de 5,4 casos por cada 100.000 habitantes en 2024, frente a los 23,4 casos por cada 100.000 entre los nacidos en el extranjero. Ceuta, Cataluña, Galicia y el País Vasco encabezaron las tasas autonómicas, y la brecha entre ambos grupos se amplía desde 2015 y se acentúa desde 2020.
El texto precisa que en 2024 se declararon en España casos en personas de 75 nacionalidades distintas, aunque nueve países concentraron el 72,2% de las infecciones entre los nacidos fuera, con Marruecos y Perú a la cabeza. El CCAES atribuye el patrón a «importantes diferencias geográficas en la carga de enfermedad», con especial incidencia en África e Hispanoamérica.
«Esta situación puede influir en los patrones de presentación de la enfermedad observados en España, donde se observa un incremento de casos principalmente en personas nacidas en otro país, entre las que se encuentran grupos de especial vulnerabilidad», CCAES, informe 'Situación de la tuberculosis en España 2026'.
El organismo clasifica el riesgo para la población general como bajo, gracias a la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico precoz y el acceso al tratamiento, y lo eleva a moderado para quienes proceden de países de alta incidencia y suman otros factores de vulnerabilidad, como menores de cinco años, sinhogarismo o hacinamiento. El riesgo pasa a moderado-alto en los inmigrantes llegados a las costas de forma irregular, como en Ceuta, porque, según el informe, «generalmente presentan simultáneamente varios factores de vulnerabilidad» que dificultan el estudio de contactos por la alta movilidad entre comunidades autónomas.
En el plano global, el CCAES recuerda que la tuberculosis sigue siendo un problema de salud pública mundial, con 10,7 millones de casos y 1,2 millones de muertes en 2024, año en que se registró un ligero descenso tras tres ejercicios de aumento, tanto en la Región Europea de la OMS como en la Unión Europea. España rompió esa tendencia con un incremento del 10% en 2024. En el conjunto de la Unión se contabilizaron 38.259 casos, con una tasa de 8,4 por cada 100.000 habitantes, y Rumanía concentró el 23,1% del total, con 46,3 por 100.000.
El vínculo entre salud pública y flujos migratorios ha marcado episodios previos, desde el debate sobre la exclusión sanitaria de los inmigrantes irregulares por el Real Decreto-ley 16/2012, revertido en 2018, hasta la reciente atención al deterioro de indicadores en Ceuta, ámbito en el que la sanidad pública también ha impulsado iniciativas de salud como la Tarjeta Bienestar de Cofares y Fad Juventud. El informe del CCAES, fechado el 21 de septiembre, no incorpora recomendaciones nuevas más allá del refuerzo de los sistemas de vigilancia y del diagnóstico precoz ya vigentes.

