Un equipo conjunto de investigadores y unidades de asalto de varias agencias de seguridad del reino ubicó a los tres sospechosos, calificados de "terroristas" por la Dirección de Seguridad Pública del gobierno jordano, en una vivienda abandonada. Según el comunicado oficial, los hombres se negaron a entregarse y abrieron fuego contra los agentes antes de ser reducidos; tras la operación se incautaron varias armas de fuego y munición.
"Los tres terroristas se habían parapetado dentro de una casa abandonada. Se negaron a entregarse y abrieron fuego contra las fuerzas de seguridad. Estas aplicaron las reglas de enfrentamiento y eventualmente lograron someter y apresar a los tres individuos, todos los cuales resultaron heridos. No hubo bajas entre las fuerzas de seguridad", señaló la Dirección de Seguridad Pública de Jordania.
De acuerdo con la cadena de televisión pública Al Mamlaka, uno de los tres detenidos, todos hospitalizados, se encuentra en estado crítico, mientras que los otros dos permanecen estables.
El rey Abdalá II señaló que había jurado que "los terroristas no escaparían al castigo" y que no se toleraría "a ningún defensor de ideologías oscuras que dividen a los jordanos". El mandatario se pronunció tras conocerse la captura de los sospechosos.
El ministro del Interior, Mazin Al Farrayeh, indicó en un mensaje en la red social X que su gobierno "está revisando todas las circunstancias" que llevaron a los tres sospechosos "al extremismo", y advirtió que se exigirán responsabilidades "a todos aquellos cuya participación se demuestre" en el ataque.
"Convertiremos esta tragedia en acciones que protejan las vidas de los ciudadanos. Que Dios preserve a Jordania", escribió Al Farrayeh.
El ministro siguió así la línea trazada por el primer ministro jordano, Yafar Hasán, quien había afirmado mientras aún se buscaba a los atacantes que las autoridades continuarían sus esfuerzos para erradicar el extremismo, el fanatismo y la ideología "takfiri", un término empleado por autoridades de Oriente Medio para referirse a corrientes del integrismo islámico que consideran apóstatas a otros musulmanes, y que suele aplicarse a grupos como el Estado Islámico o Al Qaeda.
Un día antes de conocerse las detenciones, miles de personas despidieron a las víctimas. Ocho de los nueve fallecidos fueron sepultados en una fosa habilitada frente a la iglesia de San Jorge, en la aldea de Hamud, provincia de Karak, donde fueron asesinados. El cortejo fúnebre fue presidido por el patriarca Teófilo III de Jerusalén, de la Iglesia Ortodoxa Griega, con la presencia del primer ministro jordano.
El ataque ocurrió la tarde del viernes, cuando varios hombres armados irrumpieron en el patio de la iglesia durante una ceremonia fúnebre a la que asistían tanto cristianos como musulmanes y dispararon de forma indiscriminada. Jordania, con una población de alrededor de 11.5 millones de habitantes y mayoría musulmana, tiene una minoría cristiana que representa cerca del 3% del total. El próximo diciembre se cumplen diez años de otro ataque en Karak reivindicado por el Estado Islámico, en el que murieron 14 personas, entre ellas una ciudadana canadiense.