La obra organiza sus diecinueve capítulos en torno a términos como 'junbi' (la preparación), 'anshin' (la paz mental), 'kansha' (el agradecimiento) o la expresión 'isogaba maware', equivalente nipón al dicho de vestirse despacio cuando hay prisa. Cada concepto funciona como eje de un capítulo independiente, de forma que el libro admite lecturas sueltas además de corridas.
Muñoz Gómez, que ejerció como profesora de japonés durante una década, defiende la necesidad de ir al origen de las palabras para entender la cultura que las produjo.
"Entendiendo los matices de esos términos también se comprende la particularidad de esa forma de ver las cosas", explicó Rosa María Muñoz Gómez, autora de 'El arte de hacer las cosas bien'.
Uno de los ejemplos que desarrolla con más detalle es el de 'gaman', que suele traducirse de forma imprecisa como resignación o aguante. Según la autora, ese término nada tiene que ver con rendirse o tragar con cualquier cosa, sino con un tipo de aceptación que ayuda a seguir adelante, una distinción que considera clave para no caer en lecturas simplificadas de la cultura japonesa.
La idea del libro surgió durante un viaje de trabajo entre Helsinki y Madrid, cuando Muñoz Gómez cerraba un ensayo sobre tendencias en el que todavía trabaja. 'Lo visualicé de una forma más intuitiva que lógica', recordó la autora a la agencia EFE sobre el momento en que decidió estructurar el proyecto alrededor de conceptos japoneses vinculados al cambio, el trabajo, la dificultad y el aprendizaje.
Esa cautela frente a la comparación valorativa entre culturas atraviesa todo el libro, que la autora concibió como un texto de consulta recurrente más que de lectura única.
"Como yo lo entiendo, creo que tanto nuestra cultura como la japonesa tienen aspectos positivos y negativos, como cualquiera", señaló Rosa María Muñoz Gómez, quien evita presentar la mentalidad nipona como superior a la occidental.
Entre sus referencias, Muñoz Gómez cita 'Lost Japan' (1993), del escritor y traductor Alex Kerr, y 'El arte de vivir con sencillez' (2019), del monje budista Shunmyo Masuno, dos obras que comparten el propósito de acercar la sensibilidad japonesa a lectores occidentales sin simplificarla. El interés por la cultura nipona también asoma en la agenda cultural de la capital panameña, que combina propuestas de distintas tradiciones.
Cada uno de los diecinueve capítulos incluye ilustraciones a tinta de la artista japonesa Kaoru Katayama, afincada en Madrid, fruto de lo que Muñoz Gómez describió como un trabajo exquisito de meses. La combinación de texto e imagen busca reforzar la dimensión contemplativa de cada concepto, en línea con el carácter visual y simbólico que la autora atribuye a buena parte del pensamiento japonés recogido en la obra.
