Según el comité organizador, el pliego de condiciones original para los Juegos Asiáticos de Nagoya-Aichi 2026 contemplaba una delegación de 15,000 personas entre atletas y oficiales. La semana pasada, el Consejo Olímpico de Asia elevó esa cifra a 17,000: 11,000 deportistas y 6,000 miembros de delegaciones. "El pliego de condiciones prevé una delegación de 15,000 personas. No hemos previsto presupuesto para más que eso", insistió esta semana Omura, según su declaración recogida por la agencia AFP.
La cifra inicial de 15,000 personas ya superaba la de los Juegos Olímpicos que Tokio organizó en 2021, un antecedente que en su momento enfrentó severas limitaciones logísticas y presupuestarias derivadas de la pandemia. La comparación resulta significativa porque muestra que un evento multideportivo regional, en principio de menor perfil que unos Juegos Olímpicos, terminó movilizando a más personas que la cita olímpica.
A diferencia de los Juegos Olímpicos, que cuentan con una villa dedicada en exclusiva al alojamiento de las delegaciones, los Juegos Asiáticos de Nagoya no previeron una instalación equivalente. Para compensar esa ausencia y reducir costos, los organizadores optaron por soluciones alternativas: el flete de un crucero que albergaría entre 4,000 y 5,000 atletas, y la instalación de cabinas prefabricadas construidas a partir de contenedores marítimos para otros 2,000 deportistas y oficiales.
El resto de la delegación se distribuirá en hoteles, principalmente en Tokio, ciudad que acogerá las competencias de natación, saltos y equitación. Esta dispersión geográfica entre Nagoya, la prefectura de Aichi y la capital japonesa añade una capa de complejidad a la organización, que deberá coordinar transporte y seguridad entre sedes distantes entre sí.
El alcalde de Nagoya, Ichiro Hirosawa, reconoció las limitaciones financieras del comité. "Desde el punto de vista financiero, trabajamos con un presupuesto ajustado y es difícil", afirmó, según el material de origen. A pocas semanas del evento, el comité local habría solicitado al Consejo Olímpico de Asia que redujera el número de delegados admitidos. Consultado por la AFP, el organismo asiático no realizó comentarios.
Un dilema logístico conocido en Panamá
El episodio ilustra una tensión que atraviesa a las federaciones deportivas continentales: la brecha entre la ambición de crecimiento de los Juegos —medida en número de disciplinas y participantes— y la capacidad financiera de las ciudades anfitrionas para sostener esa expansión. En el caso panameño, el Comité Olímpico de Panamá y el Instituto Panameño de Deportes (Pandeportes) han enfrentado dilemas comparables, aunque a menor escala, al calcular los costos de transporte, hospedaje y seguridad para eventos internacionales celebrados en el país.
Panamá cuenta con experiencia directa en la organización de justas regionales de gran escala. La ciudad de Panamá albergó los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1938 y en 1970, y ha sido sede de campeonatos continentales en disciplinas como el béisbol, deporte de mayor tradición nacional, además de contar con una larga historia de campeones mundiales de boxeo. En todos esos casos, la planificación de hospedaje y transporte para delegaciones extranjeras representó uno de los mayores retos logísticos y presupuestarios para el país anfitrión.
La organización de un evento multideportivo en Panamá se financia con recursos que dependen, en última instancia, de partidas del Presupuesto General del Estado y de la fiscalización de la Contraloría General, cuyo refrendo avala los contratos estatales asociados a infraestructura, transporte y servicios. Cualquier ampliación no prevista del número de delegaciones obligaría a redimensionar esas partidas, un ajuste que exige nuevos trámites de aval y control del gasto público.
Para el sector deportivo panameño, el caso de Nagoya subraya la importancia de fijar con precisión, desde el pliego de condiciones inicial, el número máximo de participantes que un evento puede admitir, así como los mecanismos de ajuste presupuestario ante incrementos posteriores. La ausencia de cláusulas claras en ese sentido suele derivar en improvisaciones de último momento, como la observada en Japón.
De cara a las próximas semanas, la atención se centrará en si el Consejo Olímpico de Asia atiende la solicitud de Nagoya de limitar el número de delegados, y en cómo se resuelve en la práctica el alojamiento de los atletas que aún no cuentan con hospedaje confirmado, a menos de un mes del inicio de la competencia, prevista para el 19 de septiembre de 2026.