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Un informe cifra en 1.620 los muertos en accidentes agrícolas en España entre 2010 y 2023

El estudio de Fundación Mapfre y las universidades de Zaragoza y Navarra vincula el tractor, el calor y el parque de maquinaria envejecido con la siniestralidad del campo

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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Un informe elaborado por la Fundación Mapfre junto a las universidades de Zaragoza y de la Pública de Navarra, difundido esta semana, contabiliza 1.620 fallecidos en accidentes agrícolas en España entre 2010 y 2023, una media de 116 muertes anuales —una cada tres días—, y señala el tractor como el equipo implicado en la mayoría de los siniestros mortales.

La cifra agregada —116 fallecidos al año durante trece ejercicios consecutivos— sitúa la siniestralidad agraria como uno de los focos de riesgo laboral menos visibles del país pese a su magnitud. El estudio, atribuido a Fundación Mapfre y a las universidades de Zaragoza y Navarra, reconstruye los datos a partir del periodo 2010-2023. Al tratarse de una única cabecera de corroboración, conviene mantener la atribución explícita a la fuente original mientras no exista contraste independiente de las cifras exactas.

La maquinaria, presente en casi nueve de cada diez muertes

Según el informe, la maquinaria agrícola estuvo implicada en el 86,9% de los siniestros mortales analizados, con el tractor presente en el 81,1% de los casos. El vuelco es el accidente más letal, con un 57% del total de siniestros en los que interviene maquinaria, seguido de accidentes de circulación, atropellos y atrapamientos por elementos móviles. Carmen Jarén, catedrática de la Universidad Pública de Navarra, señaló que estos sucesos rara vez responden a una causa única, sino a la interacción entre las irregularidades del terreno, el estado de la máquina y el comportamiento del operador.

El vuelco de tractor es, de hecho, un riesgo conocido y regulado. La normativa europea y española exige desde hace décadas estructuras de protección antivuelco (ROPS) y cinturón de seguridad en estos vehículos, precisamente por su elevada letalidad cuando circulan sobre pendientes o terrenos accidentados. La persistencia del vuelco como principal causa de muerte apunta, según el patrón que describe el informe, a un parque de maquinaria antiguo en el que estos sistemas no siempre están presentes o en uso.

Galicia y el eje noroccidental, epicentro del riesgo

El mapa de la mortalidad agraria no es uniforme. Galicia concentra, según el estudio, el 19,8% de todos los fallecidos a escala nacional, la proporción más alta del país. Junto a la comunidad gallega, los investigadores identifican otros tres focos: la cornisa noroccidental —Lugo, Pontevedra y Asturias—, el litoral mediterráneo —Murcia, Valencia y Alicante— y el valle del Ebro, con Zaragoza, Lérida, Navarra y Tarragona.

Esa distribución coincide con zonas de minifundismo, orografía irregular y explotaciones familiares de pequeño tamaño, donde la inversión en maquinaria moderna resulta menos accesible que en las grandes explotaciones extensivas de otras regiones. El propio informe apunta a la combinación de terreno accidentado y parque envejecido como uno de los factores estructurales detrás de la concentración de siniestros en estas áreas.

Un perfil definido: hombres cercanos a los 60 años

El estudio traza un perfil sociodemográfico muy marcado: el 94% de los fallecidos son hombres, con una edad media próxima a los 60 años. Los autores destacan la incidencia entre mayores de 65 años, un colectivo que continúa desarrollando labores agrícolas más allá de la edad legal de jubilación, habitualmente en explotaciones familiares donde no existe relevo generacional claro.

Este fenómeno enlaza con una tendencia demográfica bien documentada en el sector: el envejecimiento de la población activa agraria y la falta de relevo en el medio rural prolongan la exposición de trabajadores de edad avanzada a tareas físicamente exigentes y con maquinaria pesada, elevando el riesgo acumulado de accidente grave.

Primavera y verano, la temporada más peligrosa

La estacionalidad es otro eje del informe: los meses de primavera y verano registran un 30% más de siniestralidad que el resto del año, con mayo señalado como el mes más negro del periodo analizado, con 159 víctimas. Esa concentración coincide con los periodos de mayor actividad —siembra, recolección de cereal, campañas de cosecha— y con el aumento de las temperaturas, que según los investigadores actúa como factor agravante tanto de la fatiga del operador como del riesgo mecánico de la maquinaria.

Incendios en cosechadoras: casi un centenar al año

Además de los accidentes personales, el informe pone el foco en los incendios. El Laboratorio de Maquinaria Agrícola e Industrial de la Universidad de Zaragoza estima que cosechadoras y empacadoras provocan cerca de un centenar de incendios anuales en España. Casi la mitad, un 48,5%, se producen durante las horas de máxima temperatura del día.

El mecanismo descrito por los investigadores es sencillo: las cosechadoras trabajan en condiciones de calor intenso y baja humedad, lo que favorece que restos vegetales —paja, rastrojo, polvo— entren en contacto con zonas calientes del motor o con la salida de gases, generando un foco de ignición que, en campo abierto y con vegetación seca, puede propagarse con rapidez.

La postura de los investigadores: prevención, no estigmatización

Francisco Javier García Ramos, catedrático de la Universidad de Zaragoza, insistió en que «el riesgo no debe estigmatizar el uso de estas máquinas, sino incentivar la adopción de protocolos de limpieza y mantenimiento preventivo». La posición busca equilibrar la alerta sobre la siniestralidad con la defensa de la actividad agrícola como sector estratégico, evitando trasladar el debate hacia una crítica genérica al campo.

En esa línea, el informe propone actuar en cuatro frentes: mejorar el diseño térmico por parte de los fabricantes, intensificar las revisiones periódicas por los usuarios, implementar sistemas de monitorización de temperatura y fomentar la incorporación de equipos de autoextinción. Ninguna de estas medidas resulta eficaz de forma aislada; su combinación con la renovación de un parque de maquinaria envejecido es, según el estudio, la vía más realista para reducir accidentes e incendios.

Un problema con recorrido regulatorio y sin réplica del sector

La prevención de riesgos en el campo se enmarca en la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y en la normativa comunitaria sobre seguridad de maquinaria, cuyo cumplimiento resulta desigual en un sector fragmentado y con alta presencia de trabajo autónomo.

Tampoco consta, por el momento, una reacción pública de organizaciones agrarias como ASAJA, COAG o UPA, cuya valoración resultaría relevante al representar a las explotaciones y trabajadores afectados por estas cifras. El Hemiciclo tratará de recabar esas reacciones y contrastar el estudio con fuentes adicionales en próximas informaciones.

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