Whitfield es el séptimo fallecido del brote de hantavirus que ha convertido un crucero de expedición antártica en la peor crisis sanitaria marítima que ha vivido Europa desde el Diamond Princess en febrero de 2020. Su muerte, la cuarta en las últimas 48 horas, elevó la tasa de mortalidad del brote al 13,5% — un dato que los epidemiólogos de la OMS califican de «coherente con la cepa Andes pero significativamente más alto que los registros históricos sudamericanos», lo que sugiere que la edad avanzada de los pasajeros del crucero, con una media de 67 años, está amplificando la letalidad del virus.
Los casos confirmados ascienden ahora a 52, cinco más que al cierre de la edición matinal. Los nuevos positivos corresponden a tres pasajeros — una pareja finlandesa de 63 y 65 años y una mujer alemana de 58 — y a dos tripulantes filipinos que trabajaban en la cocina del buque. La cadena de transmisión de los tripulantes es especialmente preocupante porque sugiere que el virus ha penetrado en los espacios de servicio del barco, donde la ventilación es inferior a la de los camarotes de pasajeros.
La respuesta militar española se activó a las 09:00 de la mañana. El buque hospital Galicia (L-51), que estaba en la base naval de Rota realizando labores de mantenimiento programado, zarpó con 120 efectivos sanitarios militares — entre los que se incluyen cuatro especialistas en enfermedades tropicales del Instituto de Medicina Preventiva de la Defensa — y un equipamiento que incluye una UCI portátil de 12 camas, un laboratorio PCR de campaña con capacidad para 200 muestras diarias y tres autoclaves industriales para la esterilización del material contaminado. El Galicia tiene previsto llegar a Tenerife mañana martes al amanecer.
El Gobierno de Canarias declaró el estado de emergencia sanitaria en la zona de Granadilla de Abona a las 11:30 de la mañana. La declaración, publicada en un Boletín Oficial extraordinario, establece un perímetro de seguridad de tres kilómetros alrededor del punto de fondeo del Hondius, prohíbe la navegación recreativa en la zona, activa el protocolo de descontaminación portuaria y moviliza a 340 efectivos de Protección Civil, Cruz Roja y personal sanitario del Servicio Canario de Salud.
La evacuación del buque, confirmada para mañana lunes a las 07:00, se realizará en grupos de 30 pasajeros utilizando lanchas de desembarco que serán desinfectadas entre cada traslado. Los evacuados vestirán trajes EPI de nivel 4 — los mismos que se utilizan en los laboratorios de máxima seguridad biológica — y serán trasladados directamente al pabellón deportivo de Granadilla, habilitado como centro de clasificación sanitaria. Los pasajeros que presenten síntomas serán derivados al Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria; los asintomáticos cumplirán una cuarentena de 14 días en el Hotel Sandos San Blas de Costa del Silencio, requisado por el Gobierno canario mediante decreto de emergencia.
La crisis sanitaria del Hondius tiene ya ramificaciones internacionales. Países Bajos confirmó esta mañana un tercer caso de contagio en tierra en Róterdam: se trata de la hija de un pasajero holandés que fue repatriado hace diez días y que falleció durante el vuelo de regreso. La transmisión en tierra, aunque limitada, ha disparado las alarmas del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), que ha elevado el nivel de alerta para puertos europeos a «alto» y ha recomendado la activación de protocolos de cribado en los principales aeropuertos que recibieron pasajeros repatriados del Hondius.
El aspecto meteorológico agrava la situación logística. La AEMET ha activado alertas por lluvias y tormentas en seis comunidades autónomas para la jornada de mañana lunes: Canarias, Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares. En Tenerife, se esperan rachas de viento de hasta 60 kilómetros por hora y olas de hasta tres metros que podrían complicar las operaciones de evacuación si la ventana meteorológica se estrecha. Los responsables de la operación han establecido un plan B que contempla el retraso de la evacuación 24 horas si las condiciones de mar superan el umbral de seguridad.
La respuesta del operador del crucero, la compañía holandesa Oceanwide Expeditions, ha sido objeto de crecientes críticas. El portavoz de la compañía ha declinado hacer comentarios sobre la cronología pero ha emitido un comunicado en el que «lamenta profundamente cada fallecimiento» y asegura que «la compañía ha colaborado en todo momento con las autoridades sanitarias de cada país afectado».
El perfil de los 52 infectados revela una distribución geográfica que complica la gestión: 14 son británicos, 9 holandeses, 7 alemanes, 6 noruegos, 5 españoles, 4 finlandeses, 3 australianos, 2 filipinos y 2 de otras nacionalidades. La coordinación consular entre ocho embajadas simultáneas es, según fuentes de Exteriores, «un desafío logístico que absorbe tantos recursos como la propia gestión sanitaria».
A las 18:30 del domingo, el Hondius sigue fondeado a 1,2 millas náuticas de la costa de Granadilla, visible desde la playa como una silueta oscura contra el horizonte que los vecinos del pueblo ya han empezado a llamar «el barco de la peste». En la enfermería de bordo, 52 personas luchan contra un virus que saltó de los roedores patagónicos a un crucero de expedición con la misma facilidad con la que la globalización lleva productos, personas y, cuando nadie mira, patógenos de un extremo del planeta a otro.


