La confirmación del sexto fallecido, un marinero noruego de sesenta y dos años que formaba parte de la tripulación de cubierta del Hondius, llegó a las diecinueve horas cuando el capitán del buque comunicó por radio al Centro de Coordinación Marítima de Las Palmas que el paciente, que había sido aislado en la enfermería del barco desde el jueves con síndrome cardiopulmonar por hantavirus, había fallecido a las dieciocho cuarenta y cinco pese a los esfuerzos del equipo médico a bordo. El marinero, identificado como Lars Erik Henriksen, natural de Tromsø, había trabajado en buques de expedición polar durante más de treinta años y era, según sus compañeros, uno de los miembros más experimentados de la tripulación. Su muerte eleva a seis el número de víctimas mortales del brote —cuatro pasajeros y dos tripulantes— y confirma la pauta que los epidemiólogos de la OMS habían advertido en sus informes preliminares: el hantavirus cepa Andes tiene una tasa de letalidad que oscila entre el veinticinco y el cuarenta por ciento en los casos que progresan a síndrome cardiopulmonar, una cifra que convierte a este patógeno en uno de los más letales entre los virus respiratorios conocidos y que explica la magnitud de la respuesta sanitaria que España ha desplegado para la evacuación del buque.
La inspección de la UATAN —Unidad de Atención a Emergencias de Tenerife Norte— en el Hospital de Candelaria por parte de la ministra de Sanidad, Mónica García, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se produjo a las diecisiete horas de este sábado y tuvo como objetivo verificar que las instalaciones están preparadas para recibir a los pasajeros y tripulantes que serán evacuados mañana lunes. La UATAN, que fue construida durante la pandemia del covid-19 y ampliada en dos mil veinticuatro con fondos europeos, dispone de cuarenta y ocho camas de aislamiento de presión negativa, seis de ellas con capacidad de ventilación mecánica invasiva, y un laboratorio de nivel tres de bioseguridad capaz de procesar muestras de patógenos de alto riesgo. Tedros, que llegó a Tenerife esta mañana en un vuelo de la OMS desde Ginebra, declaró tras la visita que la comunidad científica internacional sigue con máxima preocupación la evolución del brote porque la cepa Andes es la única variante conocida de hantavirus con capacidad de transmisión persona a persona, una característica que la distingue de todas las demás cepas del género Orthohantavirus y que plantea preguntas epidemiológicas que todavía no tienen respuesta definitiva.
La cuestión de la transmisión persona a persona de la cepa Andes es, para la comunidad científica, el elemento más inquietante de todo el brote y el factor que ha convertido una emergencia marítima localizada en un asunto de preocupación global. Los hantavirus, en su inmensa mayoría, se transmiten al ser humano a través del contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados —ratones de campo, ratas, topillos—, y la transmisión interhumana no se ha documentado de forma consistente en ninguna cepa excepto la Andes, identificada por primera vez en mil novecientos noventa y seis en la provincia de El Bolsón, en la Patagonia argentina. Desde entonces, se han registrado al menos cuarenta y siete episodios de transmisión persona a persona confirmados en Argentina y Chile, la mayoría de ellos en el contexto de convivencia doméstica prolongada o de atención sanitaria sin medidas de protección adecuadas. El brote del Hondius representa el primer caso documentado de transmisión persona a persona de la cepa Andes fuera de Sudamérica y en un entorno cerrado —un buque de expedición— donde las condiciones de proximidad, ventilación compartida y estrés fisiológico por el frío antártico podrían haber favorecido la propagación del virus de formas que los modelos epidemiológicos existentes no anticiparon. Los virólogos de la OMS que han analizado las secuencias genómicas de las muestras tomadas a bordo del Hondius han confirmado que se trata de una variante de la cepa Andes genéticamente muy próxima a la cepa original de mil novecientos noventa y seis, pero con tres mutaciones en la proteína de la nucleocápside cuyo significado funcional aún se está investigando.
El plan de evacuación confirmado para mañana lunes a las siete de la mañana detalla una operación que movilizará a más de doscientos profesionales sanitarios, militares y de protección civil en una secuencia de ocho fases que se desarrollará a lo largo de aproximadamente doce horas. En la primera fase, cinco lanchas sanitarias —tres de la Armada y dos del Servicio de Emergencias de Canarias— se acercarán al Hondius y embarcarán a los cuarenta y siete pasajeros y tripulantes con diagnóstico confirmado de hantavirus, que serán trasladados directamente al Hospital de Candelaria en ambulancias medicalizadas de aislamiento. En la segunda fase, se evacuará a los contactos estrechos de los confirmados —un grupo estimado en entre treinta y cuarenta personas— que serán conducidos a un hotel sanitizado en Los Cristianos que ha sido habilitado como centro de cuarentena. En las fases tercera a sexta, se procederá a la evacuación escalonada del resto de pasajeros y tripulantes, que serán sometidos a pruebas PCR y serológicas antes de ser autorizados a abandonar la zona de cuarentena. Las fases séptima y octava se dedicarán a la desinfección del buque y a la toma de muestras medioambientales para determinar si los roedores que originalmente portaban el virus siguen a bordo.
La noticia del segundo caso sospechoso en Barcelona ha sido confirmada a las veintiuna horas por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña mediante un comunicado que, pese a su tono institucional y su llamada a la calma, ha generado una onda de alarma que esta noche se extiende por las redes sociales y los servicios de emergencias de toda España. El paciente, un varón de cincuenta y siete años de nacionalidad española, fue uno de los pasajeros del Hondius que desembarcaron en Ushuaia antes de que se decretara la cuarentena y que regresaron a sus países de origen en vuelos comerciales. El hombre voló de Ushuaia a Buenos Aires, de Buenos Aires a Madrid y de Madrid a Barcelona, un itinerario que, si se confirma la infección, obligará a las autoridades sanitarias a rastrear a los pasajeros de tres vuelos internacionales para identificar posibles contactos de riesgo. El paciente ingresó en el Hospital Clínic de Barcelona a las dieciocho horas con fiebre de treinta y nueve grados, mialgias intensas, cefalea y disnea leve, un cuadro que los médicos del Clínic han considerado compatible con la fase prodrómica de la infección por hantavirus cepa Andes. Las pruebas PCR específicas se han enviado al Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda y los resultados se esperan para mañana domingo por la tarde.
La posibilidad de que el virus haya llegado a la Península a través de un pasajero repatriado antes de la cuarentena abre un escenario que las autoridades sanitarias españolas habían contemplado como hipótesis pero que no esperaban tener que gestionar tan pronto. El Ministerio de Sanidad ha activado esta noche el protocolo de alerta sanitaria nacional para hantavirus, un documento de cuarenta y dos páginas que fue elaborado hace apenas cuatro días y que establece los criterios de sospecha clínica, las pruebas diagnósticas recomendadas y las medidas de aislamiento que deben adoptarse en cualquier centro sanitario del Sistema Nacional de Salud que reciba a un paciente con síntomas compatibles y antecedentes de viaje a zonas endémicas o de contacto con el brote del Hondius. El protocolo incluye una lista de veintidós pasajeros españoles del Hondius que desembarcaron antes de la cuarentena y que están siendo contactados individualmente por los servicios de salud pública de sus respectivas comunidades autónomas para verificar su estado de salud y recomendar autovigilancia de síntomas durante un periodo de treinta días desde la fecha de desembarco.
Tedros Adhanom Ghebreyesus ofreció esta noche una declaración desde el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife que, por su tono y su contenido, trasciende la mera gestión de la crisis y se adentra en el territorio de la advertencia global. El director general de la OMS subrayó que el brote del Hondius constituye una señal de alarma sobre la capacidad de patógenos que hasta ahora se consideraban confinados a nichos ecológicos específicos para saltar a nuevos entornos y nuevas poblaciones mediante los vectores de la movilidad humana globalizada. Tedros recordó que la cepa Andes fue identificada hace treinta años en una región remota de la Patagonia y que durante tres décadas su circulación se limitó a las comunidades rurales del cono sur americano, pero que el turismo de expedición antártica —un mercado que ha crecido un trescientos por ciento en la última década— ha creado un puente epidemiológico entre los ecosistemas patagónicos y el resto del mundo que nadie había evaluado con la seriedad necesaria. La OMS, anunció Tedros, enviará la próxima semana un equipo de doce epidemiólogos y virólogos a Argentina y Chile para investigar la ecología del reservorio animal de la cepa Andes y evaluar si las mutaciones detectadas en las muestras del Hondius podrían haber alterado la transmisibilidad o la virulencia del patógeno.
La noche cae sobre Granadilla de Abona y las luces del MV Hondius se reflejan en las aguas oscuras del puerto industrial como un recordatorio luminoso de que, a poco más de un kilómetro de la costa, ciento ochenta y siete personas esperan una evacuación que no llegará hasta mañana. En el Hospital de Candelaria, los equipos sanitarios realizan los últimos ensayos del protocolo de recepción. En Barcelona, los virólogos del Clínic procesan las muestras del pasajero sospechoso con la urgencia de quien sabe que un resultado positivo cambiaría la escala de la crisis. Y en Ginebra, en las oficinas centrales de la OMS, un equipo de vigilancia epidemiológica monitoriza en tiempo real los datos del Hondius junto con los de una docena de alertas sanitarias simultáneas en todo el mundo, esperando que esta vez la humanidad actúe con la rapidez que no mostró en dos mil veinte. Seis muertos, cuarenta y siete contagiados, un buque fondeado, un caso sospechoso en la Península y una cepa de hantavirus que ha demostrado que puede saltar entre humanos con una eficiencia que la ciencia aún no comprende del todo. La noche del Hondius no ha terminado. Y la del hantavirus, quizá, acaba de empezar.


