|
PortadaParlamentoDeportesOpinión
IBEX 35
Última hora
  1. Una nueva denuncia por agresión sexual señala al alcalde de Algeciras, que no dimite
  2. El vicealcalde de Alicante niega conocer el caso VPP: «Ni tengo constancia»
  3. Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses

El mosaico de Megido nombra a «Dios Jesucristo» un siglo antes del Concilio de Nicea

El Museo de la Biblia de Washington sostiene que la inscripción, dedicada por una mujer llamada Akeptous, sería la evidencia arqueológica más antigua conocida que llama Dios a Jesús.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
Comentarios

Una excavación realizada en 2005 bajo la prisión de Megido, en el norte de Israel, sacó a la luz un mosaico de unos 1.800 años de antigüedad con tres inscripciones en griego, una de ellas dedicada a «Dios Jesucristo» y datada hacia el año 230, décadas antes de que el cristianismo obtuviera reconocimiento legal en el Imperio romano. La pieza, restaurada, se exhibe por primera vez fuera de Israel en el Museo de la Biblia de Washington.

El suelo conserva tres inscripciones en griego. La que ha concentrado el interés de los investigadores menciona a una mujer llamada Akeptous, descrita como «amante de Dios», que ofreció una mesa como memorial a «Dios Jesucristo». La datación aproximada, hacia el año 230, sitúa la pieza cerca de un siglo antes del Concilio de Nicea, celebrado en el 325, el encuentro que fijó formalmente la doctrina cristiana sobre la naturaleza divina de Jesús.

El Museo de la Biblia de Washington, institución que custodia el mosaico, sostiene que se trataría de la evidencia arqueológica más antigua conocida en la que Jesús aparece llamado Dios de forma explícita. La magnitud del dato reside en la cronología: el cristianismo no obtuvo reconocimiento legal en el Imperio romano hasta el siglo IV, de modo que la comunidad de Megido empleaba este espacio varias décadas antes de que la religión saliera de la clandestinidad.

Junto a esa inscripción, el pavimento conserva una representación de dos peces, símbolo asociado al acrónimo griego ichthys, que los primeros cristianos vinculaban a la fórmula «Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador». No aparece ninguna figura humana en el conjunto, un rasgo coherente con la reticencia de las primeras comunidades a representar el cuerpo humano en contextos de culto.

Otro elemento llamó la atención de los arqueólogos cuando se produjo el descubrimiento hace más de dos décadas: en el centro de la estancia se conservaba la base de lo que habría sido una mesa. La inscripción dedicada por Akeptous emplea el término griego trapeza, «mesa», lo que ha llevado a los investigadores a plantear que allí pudo celebrarse la Eucaristía.

El aspecto de aquel lugar sería muy distinto al de las iglesias posteriores. No había grandes naves, campanarios ni altares monumentales, sino una habitación en la que un grupo de personas podía reunirse alrededor de una mesa. La arquitectura eclesiástica que hoy se asocia al culto cristiano es fruto de siglos posteriores, cuando la religión ya contaba con reconocimiento imperial y recursos para edificar templos.

Iglesia o sala de oración, un debate abierto

La cuestión de si Megido puede llamarse propiamente «iglesia» divide a los especialistas. Algunos prefieren hablar de una sala cristiana de oración o un lugar de reunión comunitario; otros la describen directamente como una iglesia primitiva. La respuesta depende de qué se considere exactamente una iglesia, y por eso no todos los investigadores emplean esa denominación pese a las escasas dudas de que allí se reunía una comunidad cristiana.

El caso de Dura-Europos, en la actual Siria, ilustra la dificultad: allí se documentó una casa adaptada para el culto cristiano en una cronología próxima, lo que matiza cualquier afirmación categórica sobre cuál fue el primer espacio cristiano de culto conocido. La disputa terminológica no altera el valor de la pieza, sino que subraya lo fragmentario del registro material de aquellos primeros siglos.

El pavimento conserva otros nombres. Una segunda inscripción pide recordar a cuatro mujeres —Primilla, Cyriaca, Dorothea y Chreste— sin explicar quiénes eran ni el motivo de su presencia en el mosaico. En total son cinco las mujeres mencionadas en un espacio vinculado a una comunidad cristiana del siglo III, algo inusual por la cantidad de nombres femeninos preservados en una inscripción de esta antigüedad.

Aparece además un nombre singular: Gaianus, también conocido como Porphyrius, identificado como centurión romano que pagó de su bolsillo la realización del suelo. El texto se refiere a él como «nuestro hermano», expresión que ha alimentado la hipótesis de que perteneciera a la comunidad cristiana. Desde el Museo de la Biblia se matiza, sin embargo, que esa fórmula por sí sola no basta para demostrarlo. También se conserva el nombre del artesano que ejecutó el trabajo, un tal Brutius.

Hallado al ampliar la prisión en 2005

El mosaico salió a la luz durante los trabajos previos a la ampliación de la prisión de Megido en 2005, cuando las excavaciones arqueológicas preceptivas antes de cualquier obra en zonas de interés histórico en Israel destaparon el pavimento bajo el recinto penitenciario. Su ubicación planteó un problema evidente: se encontraba dentro de una cárcel en funcionamiento, lo que impidió durante años el acceso público a la pieza.

La Autoridad de Antigüedades de Israel se hizo cargo de su conservación y, posteriormente, se decidió trasladarlo. Los especialistas tuvieron que levantar el pavimento por secciones para transportarlo sin dañarlo, un proceso habitual en mosaicos de gran formato pero especialmente delicado dada su antigüedad y el valor histórico de las inscripciones. La pieza viajó finalmente a Estados Unidos.

Es la primera vez que el mosaico sale de suelo israelí desde su hallazgo hace más de dos décadas, un capítulo poco documentado de los orígenes del cristianismo que comparte espacio informativo con debates internacionales de otra índole, como los que rodean las elecciones de Berlín.

La muestra en el Museo de la Biblia de Washington puede visitarse hasta el 31 de diciembre de 2026. Después, según lo previsto, la pieza regresará a Israel.

¿Qué te ha parecido esta pieza?

Siguiente en Ciencia y Salud →Un cemento inspirado en la piel de elefante mantiene la fachada hasta 20 grados más fría
¿Tienes información para ampliar esta noticia? Escríbenos por el canal para informantes — protegemos a las fuentes.¿Error en este artículo? → Infórmanos

Comentarios

Comentas como Anónimo — seudónimo generado localmente, sin cuenta
0/1000

Cargando la conversación…

Los comentarios son anónimos. El Hemiciclo no registra IPs ni vincula comentarios a cuentas de usuario. Tu seudónimo y tus comentarios se guardan solo en este dispositivo. Conexión cifrada (HTTPS).

Sigue leyendo en El Hemiciclo