En la cancha, el resultado confirmó una diferencia que contrasta con el peso económico de cada país en la isla: Haití, que este año disputó su segundo Mundial tras el de 1974, impuso su jerarquía futbolística ante una República Dominicana donde el béisbol sigue siendo el deporte de mayor arraigo popular. Los llamados "Brigadiers", apodo que los jugadores haitianos heredaron de la guerra de independencia de su país, abandonaron el estadio en pleno júbilo.
Inmigrantes y aficionados haitianos que cruzaron la frontera para presenciar el partido constituyeron la mayor parte del público. Antes del pitazo inicial, decenas de seguidores haitianos y algunos dominicanos intentaron forzar el ingreso al recinto, pero fueron contenidos por las fuerzas del orden, en el único incidente reportado de la jornada. En las graderías, banderas de ambos países ondearon una junto a la otra en un ambiente festivo.
El trasfondo político del partido no puede desligarse de la política migratoria del presidente dominicano, Luis Abinader, quien ha convertido la lucha contra la inmigración haitiana en uno de los ejes de su gestión y ha ordenado la construcción de un muro a lo largo de los 380 kilómetros de frontera común. Su estrategia de persecución de indocumentados, que incluye redadas y presencia policial en hospitales, ha generado críticas de organizaciones de derechos humanos, aunque le reporta una amplia aceptación entre el electorado.
A la inmigración haitiana se le atribuye con frecuencia el origen de buena parte de la criminalidad en suelo dominicano, mientras Haití continúa sumido en una espiral de violencia que las autoridades no han logrado contener. Más de 265,000 haitianos fueron expulsados de territorio dominicano entre enero y agosto de 2026, según cifras oficiales. El martes previo al partido, el Consejo de Seguridad de la ONU prorrogó por seis meses el mandato de la fuerza internacional desplegada en Haití para combatir a las bandas armadas.
El cruce entre ambas selecciones evoca una rivalidad futbolística antigua en el Caribe, donde el Mundial de 1974 marcó la primera gran cita de Haití. Pese a las tensiones que atraviesan la relación entre los dos países que comparten la isla, en las graderías el clima fue distinto al del plano político.
"Hay muchas personas que se toman la cuestión haitiana y la migración como algo personal, pero yo siempre he compartido con nuestros hermanos haitianos. Hay dominicanos buenos y malos, como hay haitianos buenos y malos. Hoy se han comportado bien, ha habido algunas situaciones en la entrada, pero eso forma parte de la euforia, del hecho de poder vivir esta experiencia", afirmó Gorky Lluberes, ingeniero electricista dominicano de 37 años que acudió al estadio.
Para los aficionados haitianos, la victoria trascendió el resultado deportivo. "Es un día especial para el fútbol. Es un orgullo. La situación en Haití es complicada, pero nosotros estamos muy orgullosos, porque el país y la selección marcan la diferencia y nos dan alegría", celebró Kerry Dulysse, ingeniero industrial de 25 años radicado en República Dominicana, quien agregó que el fútbol es, por ahora, lo único que funciona en su país.
Haití se prepara para celebrar en diciembre su primera elección presidencial desde 2016, junto con un referéndum constitucional, en un país golpeado por una crisis política, económica y de seguridad que se ha agravado en los últimos años por la expansión de las bandas armadas, responsables de asesinatos, secuestros, violaciones y reclutamiento de menores. Nicolás Tónico, vendedor ambulante de artesanía de 40 años que trabaja en Punta Cana, vinculó el triunfo futbolístico con ese contexto de adversidad y también pidió respeto en el trato hacia los migrantes haitianos.
"El país de nosotros está pasando un momento muy difícil y de muchos problemas, pero esta victoria es mucha alegría. Cada país tiene su propia ley de migración. Yo respeto eso, solamente necesito que el gobierno dominicano haga un trabajo con mucho respeto, no solamente con maltrato, mucha violencia, porque se está maltratando mucho", dijo Nicolás Tónico, vendedor ambulante de artesanía.
Bill Perly Dulysse, ingeniero electromecánico haitiano de 35 años también residente en República Dominicana, resumió el sentido del duelo entre ambas selecciones. "El derbi de La Española, me encanta esto, que vean que Dominicana y Haití pueden dar cosas buenas, sobre todo en el deporte", afirmó, en una jornada que transcurrió sin mayores incidentes dentro del estadio. Días antes, Anaí Porras, de Bocas del Toro, fue la centroamericana mejor ubicada en el Mundial Junior de Surf, otra muestra del peso del deporte en la región.