La votación se realizó mediante el sistema de papeleta blanca, en el que cada uno de los quince estados miembros del Consejo de Seguridad puede marcar una de tres opciones: apoyo, rechazo o abstención sin opinión. Los propios candidatos no conocen el sentido del voto de cada país, únicamente el cómputo general de la consulta. Las mismas fuentes recalcaron que los tres aspirantes mejor posicionados recibieron también votos en contra, lo que anticipa que la carrera está lejos de resolverse en esta fase preliminar.
Para Panamá, con presencia diplomática activa en foros multilaterales y una relación estrecha con organismos internacionales por la administración del Canal, el proceso reviste interés particular. La norma no escrita de rotación regional dentro de la ONU establecería que, tras ocho décadas sin un secretario general procedente de América Latina y el Caribe, correspondería a la región asumir el cargo. El liderazgo de Grynspan y Rodrigues-Birkett coincide, además, con una demanda cada vez más amplia dentro de la organización: que la próxima persona al frente de la Secretaría General sea, por primera vez en sus ochenta años de historia, una mujer.
El peso del veto de las cinco potencias
El procedimiento contempla una segunda etapa, todavía sin fecha confirmada, en la que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China— emitirán su posición mediante una papeleta de color rojo, mientras que los diez miembros no permanentes continuarán utilizando la blanca. Bajo esa mecánica, basta con que una sola de las cinco potencias con derecho a veto rechace a un aspirante para descartarlo, sin importar cuánto respaldo haya reunido entre el resto de los países.
Ese diseño explica por qué la elección del secretario general suele depender de un acuerdo tácito entre las cinco potencias, más que del respaldo mayoritario del conjunto del Consejo. Para que un nombre llegue finalmente a la Asamblea General —el órgano que formalmente adopta la decisión— se requieren al menos nueve votos favorables dentro del Consejo de Seguridad y ningún veto en contra.
Según expertos consultados por la agencia EFE, llamó la atención que Grossi quedara en tercer lugar, pues varios analistas lo consideraban el aspirante con mayor respaldo previo, en particular por su gestión al frente del Oiea en el seguimiento de los programas nucleares de Irán y en la seguridad de las plantas atómicas de Ucrania. Ni Grynspan ni Rodrigues-Birkett ni Grossi han emitido pronunciamientos públicos sobre el resultado del sondeo, cuyo carácter informal impide conocer las cifras exactas de apoyos y rechazos.
La siguiente ronda de sondeos informales se celebraría ya bajo la presidencia rotatoria de Dinamarca, que asumirá la conducción del Consejo de Seguridad durante el mes de agosto de 2026, de acuerdo con el sistema de rotación mensual entre los quince miembros del órgano. La fecha exacta aún no ha sido fijada.
Un procedimiento históricamente reservado
La elección del secretario general de las Naciones Unidas ha estado marcada, desde la fundación de la organización en 1945, por negociaciones reservadas entre las potencias con derecho a veto, más que por procesos abiertos de deliberación. António Guterres, exprimer ministro de Portugal, fue designado en 2016 tras un ejercicio de audiencias públicas con los candidatos que, sin embargo, no impidió que el desenlace se decidiera en consultas privadas del Consejo de Seguridad. Guterres concluye su segundo mandato a inicios de 2027.
Para la diplomacia panameña, que mantiene representación permanente ante la ONU desde el ingreso del país a la organización en 1945, el desenlace tiene relevancia directa. La Autoridad del Canal de Panamá sostiene vínculos regulares con agencias del sistema de Naciones Unidas en materia ambiental, marítima y de comercio internacional, áreas que suelen figurar entre las prioridades de cualquier nueva secretaría general.
El calendario de la sucesión continuará en las próximas semanas con nuevas rondas de sondeos informales, cuya fecha dependerá de la presidencia danesa del Consejo de Seguridad a partir de agosto. El objetivo es que el Consejo eleve un nombre consensuado a la Asamblea General con suficiente antelación para que el relevo de Guterres se produzca de manera ordenada a inicios de 2027.