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Un estudio detecta sesgos de muestreo en los mapas de biodiversidad de insectos en España

Investigadores españoles analizan 845.106 registros de 1.808 especies y hallan que solo 14 de 313 cuadrículas están bien muestreadas

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un equipo de investigadores españoles, encabezado por Antonio J. García-Meseguer y Jorge M. Lobo, ha publicado un estudio que cuestiona la fiabilidad de las bases de datos empleadas hasta ahora para medir la biodiversidad de insectos en la península ibérica y Baleares.

La pregunta que dispara el estudio

El estudio, titulado 'Sampling bias masks cross-taxon congruence in Iberian insect species richness patterns', firmado también por David Sánchez-Fernández, José Luis Yela, Enrique García-Barros, Emilio García-Roselló, Saray Mañas-Jordá, Andrés Millán, Miguel L. Munguira y Helena Romo, parte de una pregunta aparentemente sencilla: si una zona alberga muchas especies de un grupo de insectos, ¿alberga también muchas especies de los demás grupos? La respuesta, según los autores, depende en gran medida de la calidad del muestreo previo, un factor que hasta ahora no se había depurado con suficiente rigor en los análisis de biodiversidad ibérica.

Los investigadores sostienen que las coincidencias entre grupos que se detectaban en las bases de datos decrecen cuando el análisis se limita a inventarios mejor muestreados. Es decir, que dos grupos parezcan compartir zonas de alta diversidad puede deberse simplemente a que ambos se han estudiado con más intensidad en las mismas regiones, no a una relación biológica real entre su distribución.

El filtro que reduce 313 cuadrículas a solo 14

La base de datos analizada cubría 313 cuadrículas de aproximadamente 50 por 50 kilómetros repartidas por la península y Baleares. Sin embargo, cuando los autores aplicaron criterios estrictos para considerar un territorio 'bien muestreado' en los cuatro grupos simultáneamente, el número se desplomó a 14 cuadrículas. Esa caída, según el estudio, revela una grieta estructural en el uso de grandes bases de datos: acumular cientos de miles de registros no garantiza que todos los territorios estén estudiados con el mismo nivel de detalle.

La disparidad tiene consecuencias directas sobre los mapas de riqueza de especies. Las zonas cálidas de biodiversidad identificadas para mariposas y polillas se concentran cerca de los Pirineos y en tramos de los sistemas Ibérico y Central, mientras que los escarabajos peloteros y acuáticos muestran máximos de riqueza en cordilleras distintas, particularmente en los sistemas Cantábrico y Bético. Esa falta de coincidencia geográfica entre grupos taxonómicos es el núcleo del problema que plantea el trabajo.

Cómo cae la correlación al depurar los datos

El dato más revelador es cuantitativo: la correlación media entre grupos de insectos, calculada con los datos brutos disponibles, era de 0,49. Al aplicar un modelo que solo emplea valores predichos a partir de las cuadrículas mejor muestreadas, esa correlación cayó a 0,26, prácticamente la mitad. La caída es aún más acusada al comparar órdenes taxonómicos distantes, donde el valor se desploma de 0,44 a 0,07, una cifra que en la práctica indica ausencia de relación estadística significativa.

Estas cifras, según los autores, demuestran que buena parte de la congruencia observada entre grupos en estudios anteriores podría ser un artefacto del sesgo de muestreo. El aviso, subrayan, no va contra las bases de datos, sino contra su uso rápido y con brocha gorda: reclaman una conservación más exigente, con más grupos, mejores inventarios y menos confianza ciega en un único indicador.

Por qué preocupa a la conservación

El problema trasciende lo académico. En la práctica de conservación es habitual usar un grupo —a menudo el mejor estudiado, como las mariposas diurnas— como indicador o proxy de la biodiversidad de otros grupos menos conocidos, para optimizar recursos limitados al designar áreas protegidas. Si ese indicador está distorsionado por sesgos de muestreo, las decisiones podrían dejar fuera territorios que en realidad son clave para la protección de otros insectos.

España cuenta con un marco de protección articulado en torno a la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, además de los compromisos derivados de la Red Natura 2000 europea. Estos instrumentos se apoyan en inventarios de especies y cartografías de riqueza para delimitar espacios protegidos, por lo que un sesgo sistemático en esas bases de datos tiene impacto directo sobre la planificación territorial y las prioridades de gasto público en conservación.

El contraste con las especies emblemáticas

El estudio llega cuando la conservación de fauna ibérica muestra resultados dispares según el grupo observado. Mientras especies emblemáticas como el lince ibérico atraviesan una fase de recuperación —recogida en los censos periódicos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico—, los insectos siguen careciendo de inventarios homogéneos y de programas de seguimiento comparables a los de los vertebrados de gran tamaño, pese a que constituyen la inmensa mayoría de la biodiversidad animal.

Este desequilibrio no es nuevo en la historia de la conservación española. Desde la creación de los primeros catálogos de especies amenazadas en las décadas posteriores a la Transición, la atención institucional y mediática se ha centrado en vertebrados carismáticos —el oso pardo, el lince, el águila imperial—, dejando en segundo plano a los invertebrados, pese a su papel central en la polinización, el control de plagas o la descomposición de materia orgánica.

Las cautelas del propio trabajo y su verificación

Los autores insisten en que su trabajo no pretende desacreditar las bases de datos masivas de biodiversidad, sino advertir contra su aplicación acrítica: no abandonar los grandes repositorios, sino exigir mayor rigor en su depuración antes de extraer conclusiones sobre patrones ecológicos, especialmente cuando esas conclusiones influyen en decisiones administrativas con consecuencias presupuestarias y territoriales.

El Hemiciclo trata el dato con cautela hasta que se produzca una verificación adicional por parte de otros medios o de la comunidad científica especializada en entomología y biogeografía.

Qué puede cambiar a partir de ahora

La publicación de estudios de este tipo suele traducirse, a medio plazo, en revisiones metodológicas por parte de organismos como el Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad y de las administraciones autonómicas responsables de la gestión de espacios protegidos, que definen en última instancia los criterios de designación de zonas de especial conservación. No existe, de momento, un calendario público de revisión de las bases de datos de insectos a escala estatal, por lo que el impacto administrativo concreto está todavía por determinar.

La comunidad científica especializada en biogeografía y conservación de invertebrados previsiblemente debatirá en los próximos meses, en publicaciones y congresos, si los resultados obtenidos para la península ibérica y Baleares son extrapolables a otras regiones con similares desequilibrios de muestreo entre grupos, un debate con implicaciones directas sobre cómo se diseñan las estrategias de conservación de insectos a escala continental.

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