Owsianski destacó que el repunte en las ventas tomó por sorpresa a la propia industria, al tiempo que mencionó planes futuros de General Motors en el país, en un mercado que durante los años recientes había enfrentado el encarecimiento del crédito y la depreciación del peso frente al dólar, factores que elevaron los costos de importación de vehículos y repuestos.
La proyección de hasta 350.000 unidades marcaría, de confirmarse, un máximo histórico para la industria automotriz en Colombia, un sector que en la última década se ha movido en volúmenes inferiores, con años de contracción que llevaron a las ensambladoras y concesionarios a ajustar sus operaciones ante la caída de la demanda interna.
El mercado colombiano ha sido tradicionalmente sensible a las variaciones cambiarias y a la política arancelaria, dado que una porción significativa de los vehículos comercializados en el país proviene de ensambladoras ubicadas fuera de Colombia, principalmente en México, Corea del Sur y Japón. El precio final al consumidor depende en buena medida del comportamiento del dólar y de los aranceles aplicados a cada origen.
General Motors mantiene en Colombia su planta de Colmotores, en Bogotá, una de las operaciones de ensamblaje de vehículos más antiguas del país. La fábrica, que opera desde mediados del siglo XX, ha atravesado distintos ciclos de expansión y reestructuración según la coyuntura económica y las decisiones corporativas globales de la compañía, incluyendo el repliegue de marcas y modelos en el mercado regional.
El anuncio de planes futuros por parte de Owsianski coincide con un momento en que varias armadoras evalúan su estrategia en la región, en medio de la creciente competencia de marcas asiáticas, particularmente chinas, que en los últimos años han ganado participación en el mercado colombiano con oferta de vehículos eléctricos e híbridos a precios competitivos.
La historia reciente del sector muestra lo expuesto que está a los choques externos: entre 2015 y 2016 la devaluación del peso, tras la caída de los precios del petróleo, encareció los vehículos importados y redujo las matrículas, mientras que la pandemia de 2020 paralizó temporalmente las plantas de ensamblaje y los concesionarios en el país.
Por ahora, la cifra de 350.000 vehículos se mantiene como una proyección atribuida al presidente de General Motors para Sudamérica, sin que se hayan precisado públicamente los segmentos —particulares, flotas comerciales o vehículos eléctricos— que explicarían el comportamiento al alza reportado para la industria automotriz colombiana en lo corrido del año.
