El acto se desarrolló sobre un tráiler instalado en la playa carioca, bastión político de la familia Bolsonaro. Flávio, abogado de 45 años y actualmente senador por Río de Janeiro, apareció poco antes del mediodía vestido con una camiseta amarilla con el lema «Brasil es mi partido» en letras verdes y, de acuerdo con sus asesores, portaba un chaleco antibalas debido a las múltiples amenazas de muerte que ha venido recibiendo.
«¡Lula es el moroso de la esperanza!», exclamó el candidato ante sus seguidores, en una de las frases centrales de un discurso que combinó crítica económica, señalamientos en materia de seguridad y reivindicación del legado paterno.
El senador acusó al Gobierno de Lula da Silva de «endeudar» a los brasileños, de «pelear con países que están a 10,000 kilómetros de distancia» y de generar pérdidas millonarias en las empresas estatales. También le atribuyó un manejo insuficiente frente al crimen organizado: «En el actual Gobierno, los fusiles siguen entrando por la frontera con Bolivia, al igual que las drogas, que van a parar a Río y al Amazonas. No tiene control, o está aliado con el crimen organizado o es muy incompetente», declaró.
En materia de seguridad, el candidato dijo alinearse con el enfoque adoptado por el presidente estadounidense, Donald Trump, frente a organizaciones criminales. «Voy a recuperar la soberanía de Brasil. Voy a tratar a (las bandas) PCC, Comando Vermelho y a las milicias como organizaciones terroristas», anunció. La medida, de concretarse, exigiría cambios normativos en Brasil para clasificar estas estructuras bajo la legislación antiterrorista.
El aspirante también se presentó como la alternativa a lo que calificó de sistema político «podrido» en Brasilia y adelantó que, de resultar electo, aplicaría un «tijeretazo» para reducir impuestos, burocracia estatal y cargos de confianza en la administración pública. «Soy el único candidato que tiene credibilidad para rescatar la credibilidad de Brasil ante el mundo», sostuvo.
Buena parte de su intervención estuvo dedicada a la defensa del legado de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), quien fue condenado por la Corte Suprema de Brasil y permanece en prisión domiciliaria, además de inhabilitado, por su participación en una trama para desconocer los resultados electorales de 2022, en los que perdió frente a Lula da Silva. Flávio lo describió como un «hombre honesto» que «nunca fue una amenaza para la democracia, sino todo lo contrario, fue el último obstáculo para que el país no se convirtiera en una dictadura».
Lula da Silva, por su parte, también inició este domingo su campaña de reelección, en su caso en el municipio de São Bernardo do Campo, a las afueras de São Paulo, cuna de su trayectoria como líder sindical antes de la fundación del Partido de los Trabajadores. El mandatario, que gobernó el país en dos mandatos previos entre 2003 y 2010, no se pronunció públicamente sobre los señalamientos de Flávio Bolsonaro durante la jornada.
Un sondeo de la firma Quaest divulgado el viernes ubicaba a Lula da Silva con una ligera ventaja sobre Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. No obstante, en un eventual balotaje, ambos aparecían en empate técnico: Lula obtendría un 43% de la intención de voto frente a un 40% del candidato liberal, según la misma medición.
El senador estuvo acompañado en el acto por su fórmula vicepresidencial, el exfiscal Alfredo Gaspar, así como por su esposa, Fernanda Bolsonaro, y diversos correligionarios del Partido Liberal, quienes reivindicaron el balance del Gobierno de Jair Bolsonaro y defendieron posiciones conservadoras en torno a los que denominaron «valores de la familia tradicional».
El proceso de octubre se produce en un contexto de fuerte polarización heredado de los comicios de 2022, cuando Bolsonaro se convirtió en el primer presidente en ejercicio que no logró la reelección desde el retorno de la democracia tras la dictadura militar (1964-1985), y de los sucesos del 8 de enero de 2023, cuando simpatizantes bolsonaristas invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia tras la asunción de Lula da Silva.
De cara a los próximos meses, la campaña estará regida por el calendario del Tribunal Superior Electoral, que fija los plazos de propaganda, los debates entre candidatos y las fechas de votación. La primera vuelta está prevista para octubre, con una eventual segunda ronda en caso de que ningún aspirante supere la mayoría absoluta de los votos válidos.