Estivill señala que los cambios continuos entre horarios impiden que el organismo consolide una rutina de sueño. Una semana de noches, seguida de turnos distintos y descansos en los que la enfermera intenta recuperar una vida diurna normal, supone someter al reloj biológico a sucesivas modificaciones, según el especialista.
El cuerpo humano sigue ritmos circadianos de aproximadamente 24 horas que regulan el sueño, la temperatura corporal, la producción hormonal y el nivel de alerta. Durante la noche aumenta la melatonina, desciende la temperatura corporal y se reduce progresivamente la activación del organismo, justo cuando una enfermera de turno nocturno necesita mantenerse concentrada y preparada para tomar decisiones clínicas.
El Colegio Oficial de Enfermería de Huesca explica que esta oposición entre necesidades biológicas y demandas laborales dificulta tanto el rendimiento durante el turno como la recuperación posterior. La institución subraya además las consecuencias que esta fatiga puede tener más allá del propio profesional.
"Esta situación adquiere especial importancia porque la fatiga no solo afecta al bienestar de quienes trabajan, sino que también puede tener consecuencias sobre la seguridad durante la atención sanitaria", advierten desde el Colegio Oficial de Enfermería de Huesca.
Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos han recogido investigaciones sobre las consecuencias cognitivas del trabajo nocturno. Un estudio realizado en España con profesionales de un servicio de urgencias observó cambios en la oxigenación de áreas cerebrales relacionadas con funciones ejecutivas tras un turno de noche.
"También se registró un peor rendimiento en pruebas de fluidez verbal y un aumento de la ansiedad frente a periodos de descanso", aseguran los investigadores de ese estudio.
La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos recopila además trabajos que vinculan los turnos nocturnos con fatiga, alteraciones del sueño y somnolencia, junto con dificultades en capacidades cognitivas asociadas a la atención sostenida y la velocidad de procesamiento de información. Estos hallazgos conectan con otras líneas de investigación sobre el impacto de los patrones cerebrales en funciones cognitivas, como el reciente trabajo que vincula la discalculia infantil a patrones cerebrales distintos.
La recuperación entre jornadas, factor decisivo
Desde la editorial científica John Wiley & Sons se señala que la recuperación entre turnos desempeña un papel fundamental para evitar la acumulación de fatiga: cuando el descanso resulta insuficiente o su calidad disminuye, se dificulta tanto la recuperación física como la mental. El problema se agrava cuando los horarios cambian con frecuencia, ya que el organismo debe adaptarse sucesivamente a distintas franjas de actividad y descanso mientras persisten las obligaciones familiares y sociales durante el día.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advierten de que el trabajo por turnos y las jornadas prolongadas pueden alterar el sueño y los ritmos circadianos, reducir el tiempo dedicado a la familia y favorecer fatiga, estrés y cambios de humor. Entre las medidas estudiadas para mitigar estos efectos figuran las pausas y siestas durante los turnos nocturnos, aunque el Colegio Oficial de Enfermería de Huesca precisa que su utilidad depende de la duración del descanso y del tiempo disponible para recuperar plenamente el estado de alerta.
Una planificación que evite cambios bruscos de horario y respete los periodos de recuperación puede contribuir a reducir las dificultades asociadas al trabajo nocturno en el sector sanitario, según las fuentes recogidas. Estivill lo resume en una advertencia: "El peor turno de todos los trabajos es, normalmente, el que tienen las enfermeras".

