Según el trabajo, los niños con discalculia necesitan más tiempo para abandonar una estrategia de cálculo y adoptar otra cuando el problema se complica, mientras que sus compañeros sin la condición cambian de método con mayor agilidad. Esa rigidez se traduce en una menor sensibilidad ante las variaciones de dificultad de los ejercicios y en una incapacidad para perfeccionar, con la práctica, la elección del procedimiento más eficaz.
Los investigadores identificaron tres estrategias habituales para resolver una operación: recurrir a la memoria, descomponer los números en cantidades menores o apoyarse en el conteo. El hallazgo central del estudio, titulado «Descubriendo las bases cognitivas, metacognitivas y neuronales latentes de los déficits en la resolución de problemas en niños con discalculia del desarrollo», es que los menores con esta condición pueden quedarse atascados en una de ellas sin reconocer el momento de cambiar.
Las imágenes cerebrales obtenidas durante la investigación mostraron diferencias de actividad en redes vinculadas al control cognitivo, entre ellas la atención, la memoria de trabajo y la flexibilidad para adaptar el pensamiento a una nueva situación. La técnica de decodificación empleada, denominada ElasticNet, distinguió con precisión a los niños con discalculia de sus pares con desarrollo típico a partir de patrones distribuidos en la corteza frontoparietal, el hipocampo y regiones visuales ventrales, algo que los métodos de análisis más simples no lograban detectar.
«Los niños con DD mostraron déficits en todas las estrategias de resolución de problemas (conteo, recuperación y descomposición), lo que indica una menor eficiencia en la ejecución de estrategias. También mostraron importantes deficiencias metacognitivas: tiempos de cambio de línea base más prolongados entre estrategias, menor sensibilidad a la dificultad del problema y menor adaptabilidad en la selección de estrategias óptimas», detallan los autores del estudio.
Uno de los datos que los investigadores destacan como más llamativo es la inversión de las relaciones entre cerebro y conducta según el grupo analizado: en los niños con desarrollo típico esas relaciones resultaron positivas, mientras que en los niños con discalculia fueron negativas, un efecto especialmente marcado en el hipocampo. Para el equipo de Lasnick, esto confirma que las dificultades aritméticas no derivan de un único déficit, sino de una combinación de fallos en la ejecución de estrategias y en el control metacognitivo.
Los autores sugieren que estos resultados podrían orientar el diseño de programas educativos que no se limiten a la repetición de ejercicios, sino que trabajen también la memoria de trabajo, la atención y la capacidad de cambiar de procedimiento ante un problema nuevo. El estudio insiste en que la discalculia no constituye una dificultad uniforme, sino una condición en la que intervienen distintos procesos cognitivos y mecanismos cerebrales según cada niño.
«Estos hallazgos demuestran que las dificultades aritméticas en los niños con DD surgen de déficits tanto en la eficiencia de la ejecución de estrategias como en el control metacognitivo, lo que refleja una alteración en el mapeo entre la actividad neuronal distribuida», concluyen los investigadores en el artículo publicado en JNeurosci.
El equipo subraya que integrar el modelado computacional bayesiano con la decodificación cerebral completa permite comprender con mayor precisión el origen de las dificultades de aprendizaje, un enfoque que, según sostienen, abre una vía distinta a la de atribuir estos problemas a la falta de esfuerzo o de capacidad del alumno.

