La CEO de la compañía, Esther Rodríguez, sostiene en declaraciones a OKDIARIO que el turismo se ha planificado durante décadas con campañas generales dirigidas a cualquier perfil de viajero, sin distinguir entre una familia con niños, una pareja o un estudiante con necesidades de accesibilidad distintas. Frente a ese modelo, la tecnología desarrollada por MyStreetBook analizaría cientos de variables —preferencias, horarios, ubicación, accesibilidad— para construir rutas que, según la empresa, evolucionan con el comportamiento de cada usuario.
Según datos de la propia compañía, el sistema necesita aproximadamente cuatro meses de funcionamiento para acumular información suficiente y detectar patrones de uso en un municipio, mientras que hacia el sexto mes se produciría un repunte notable en la interacción de los usuarios con la plataforma. Ese periodo de maduración sustituiría, según MyStreetBook, las decisiones basadas en estimaciones por otras apoyadas en datos reales, en lo que la empresa describe como el paso de la «foto fija» del turismo a una gestión dinámica y continua.
El mecanismo de alerta funciona, según la empresa, de forma preventiva: si el motor de IA detecta que un monumento, una plaza o un espacio natural concentra un volumen de visitantes por encima de lo habitual, propone automáticamente alternativas personalizadas para desviar parte del flujo sin que el turista perciba una pérdida de experiencia. Esta lógica, a diferencia de los modelos tradicionales que solo constatan la saturación una vez producida, buscaría intervenir antes de que el problema se manifieste sobre el terreno.
La economía del rincón como estrategia
La plataforma también identificaría recursos que habitualmente quedan fuera de los circuitos convencionales —miradores, edificios históricos, pequeños museos o talleres artesanales— y los combinaría con recomendaciones de comercios locales adaptadas al perfil de cada visitante, en lo que la empresa denomina «economía del rincón». Según MyStreetBook, los usuarios llegan a visualizar de media el 87,7% de los recursos disponibles en la plataforma, un porcentaje que la compañía interpreta como indicador de una exploración más completa del territorio que la que ofrecen las guías convencionales.
El despliegue de esta tecnología ya tendría ejemplos concretos en distintas comunidades. Los 35 municipios del Campo de Daroca, en Zaragoza, y los 14 del suroeste de Galicia habrían incorporado herramientas de este tipo para reforzar su promoción, mientras que en Andalucía destaca el caso de Cazalla de la Sierra, que registraría cerca de 12.000 visitantes anuales, una cifra que multiplicaría varias veces su población y que, según la empresa, contribuiría a dinamizar la economía local sin comprometer su sostenibilidad.
En la Comunidad de Madrid, municipios como Rascafría, El Berrueco o Torrelaguna habrían incrementado de forma notable sus interacciones digitales durante el último año, mientras que localidades de menor tamaño, como Madarcos o Pinilla del Valle, habrían mejorado su visibilidad tras incorporar estas soluciones. El fenómeno se produce en paralelo al debate sobre la gestión de la afluencia turística que atraviesa distintas administraciones españolas, desde la fiscalización de ocupaciones en espacios públicos —como la que ha llevado a la Comunidad de Madrid a denunciar al delegado del Gobierno por no desalojar Sol en 48 horas— hasta la planificación presupuestaria de comunidades como Castilla y León.
Para Rodríguez, el modelo demuestra que la inteligencia artificial aplicada al turismo no se limita a mejorar la experiencia del visitante, sino que también redistribuiría los beneficios económicos hacia el patrimonio rural menos conocido, conectando a nuevos perfiles de viajeros con destinos que hasta ahora quedaban fuera del radar turístico convencional.

