El registro coloca el balance de este verano como el más severo en cuatro años en España. La metodología de este tipo de conteos se basa en el exceso de mortalidad observado respecto a la media histórica para las mismas fechas, un método que emplean también otras agencias sanitarias para estimar el impacto indirecto del calor, que rara vez figura como causa única en un certificado de defunción. Por esa razón las cifras se difunden como provisionales y se ajustan a medida que se depuran los datos.
El golpe de calor y la deshidratación severa afectan de manera desproporcionada a las personas mayores de 65 años, a pacientes con enfermedades cardiovasculares o respiratorias previas y a quienes carecen de acceso constante a climatización o a agua potable. Ese patrón, documentado de forma repetida en episodios anteriores, coincide con las poblaciones de riesgo que suelen identificarse en las campañas de prevención de las autoridades sanitarias durante los periodos de mayor exposición térmica.
Por qué el dato europeo interesa en el trópico panameño
Panamá, país tropical con temperaturas elevadas durante todo el año, no dispone de un sistema público de conteo diario de muertes atribuibles al calor equiparable al que difunde el organismo español, según la información disponible. Especialistas en salud pública han señalado en foros regionales que la ausencia de estos registros dificulta dimensionar el costo humano real de las temperaturas extremas en América Central, donde el calor es una constante y no una anomalía estacional.
La Organización Panamericana de la Salud ha advertido en años recientes que el aumento de las temperaturas promedio en América Latina y el Caribe, asociado al cambio climático, incrementa el riesgo de episodios de estrés térmico incluso en zonas de calor habitual. En Panamá, el Ministerio de Salud identifica de forma recurrente a los mismos grupos vulnerables en sus campañas de prevención, y difunde indicadores de vigilancia a través de sus boletines epidemiológicos semanales, aunque no específicamente para la mortalidad por calor.
El caso español ilustra un dilema metodológico que también atañe a la epidemiología panameña: distinguir la mortalidad causada directamente por golpes de calor de aquella en que la temperatura actúa como factor agravante de otras dolencias. La desagregación de esas cifras por territorio y por grupo de edad permite dirigir mejor los recursos de prevención, un reclamo habitual cuando se discuten datos de mortalidad asociados a fenómenos climáticos o epidemiológicos, y que en Panamá cobraría sentido por corregimiento o por provincia.
Un precedente panameño: El Niño, el lago Gatún y el Canal
El impacto del clima sobre la infraestructura estratégica del país cuenta con un antecedente reciente y notorio. Durante el fenómeno de El Niño, la caída de los niveles del lago Gatún obligó a la Autoridad del Canal de Panamá a ajustar el calado de los buques y el número de tránsitos permitidos, una medida que evidenció cómo las variaciones de temperatura y precipitación afectan directamente la operación de una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Aquel episodio llevó a la ACP a reforzar sus modelos de proyección hídrica y climática.
En materia laboral, el debate sobre jornadas y exposición al calor ha tenido menor recorrido en Panamá que en Europa. Organizaciones sindicales han planteado en distintas ocasiones ante el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral la necesidad de revisar las condiciones de los trabajadores agrícolas y de la construcción expuestos a temperaturas extremas durante jornadas prolongadas, sin que hasta la fecha haya cristalizado un marco específico sobre la materia.
El registro español de este verano, de consolidarse como el más alto desde 2022, previsiblemente reabrirá allí el debate sobre protocolos de alerta temprana más estrictos, la adaptación de horarios laborales a las horas de mayor calor y el refuerzo de la atención en instituciones de cuidado prolongado. Las autoridades sanitarias españolas no han difundido, según la información disponible, un desglose por comunidades autónomas ni por grupos de edad para esta cifra.
La evolución de las próximas semanas —si el balance sigue creciendo o se estabiliza conforme avanza el final del verano boreal— será objeto de seguimiento por organismos internacionales de salud, que en los últimos años han insistido en que los países desarrollen sistemas de vigilancia de la mortalidad por calor. Para Panamá, el caso funciona como recordatorio de que la ausencia de un registro similar no equivale a ausencia de riesgo, sino a un vacío de información que los epidemiólogos locales señalan como tarea pendiente.